El impacto corporativo del cine
Gustavo Blanco, líder de la nueva consultora porteña Consultarte.Sociedad /
¿La actuación, la música y la fotografía pueden servir para cohesionar y transmitir valores en empresas?
Por Matías Loewy
Gustavo Blanco habla de un "vector artístico" que atraviesa su vida: hijo de un amigo de Aníbal Troilo y El Polaco Goyeneche, es cantante, guitarrista aficionado ("toco todos los días", dice), adepto a la milonga y la salsa, y amigo fiel de muchos actores, fotógrafos y músicos. Su otro vector, en cambio, es corporativo. Contador y psicólogo, Blanco fue socio de la consultora Coopers & Lybrand (hoy fusionada con Price Waterhouse) y ex director del Banco Nación en la época de Raúl Alfonsín. En el medio, concibió una idea que se transformó en proyecto concreto: utilizar el arte como una herramienta para favorecer la integración e inspirar valores en las empresas. "Yo intento ser el cuerpo calloso que une los dos hemisferios del cerebro", grafica Blanco. "El punto de convergencia entre dos mundos".
La nueva consultora porteña se llama Consultarte y busca dinamizar los valores corporativos mediante métodos no convencionales. Blanco sostiene que las compañías piden a sus empleados que se comprometan, innoven y entusiasmen, pero, en la gran mayoría de los casos, no estimulan el desarrollo humano ni promueven la liberación de la energía creativa. "A través del arte, buscamos emocionar, debilitar las defensas de los representantes del «no se puede» y desarticular las rutinas burocráticas que bloquean las fuerzas creativas", sostiene el especialista.
Los programas, explica, suelen constar de cuatro a cinco reuniones (demandan de 16 a 20 horas en total) e incluyen actividades tales como gimnasia consciente o yoga, actuación, fotografía y coro. Cada sesión procura inculcar algún valor. La actuación, por ejemplo, facilita la empatía e incita a ponerse en el lugar de otro; el coro, en cambio, alienta el trabajo en equipo y la coordinación grupal.
"Todos los seres humanos tenemos escondido un artista", sostiene Blanco, para quien el desafío es hacer aflorar esa "dimensión artística" como paso necesario para el crecimiento personal y corporativo. "La idea es producir transformaciones metabólicas, no conceptuales", asegura. El programa ya fue probado con éxito en una gran consultora internacional de servicios profesionales y está a punto de implementarse en una telefónica. En Europa ofrecen plataformas parecidas, como Tillt Europa. "La respuesta es muy favorable", dice Blanco. "Genera entusiasmo y energía; el arte cura, enseña y embellece".
El emprendimiento ofrece también una respuesta posible, aunque utilitaria, a la pregunta más controvertida de la industria cultural: ¿para qué sirve el arte, más allá de la dimensión estética? En pocos años, avizora Blanco, las empresas importantes contarán con lugares específicos diseñados para las manifestaciones del arte. "Es una tendencia hacia una civilización empática, una apuesta de vida", enfatiza.
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