Tras dos semanas de cuarto intermedio, el juicio por crímenes de lesa humanidad retornó con el relato de una Abuela y una Hija. También declaró el ex dirigente de la Juventud Universitaria Peronista, Manuel Pedreira.
La Abuela de Plaza de Mayo Carmen Ledda Barreiro de Muñoz al declaró en el juicio por el Circuito Camps Pablo Roesler
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Las audiencias del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el Circuito Camps continuaron tras dos semanas de cuarto intermedio con una extensa jornada en la que declararon la hija de desaparecidos Alejandra Santucho y la Abuela de Plaza de Mayo Carmen Ledda Barreiro de Muñoz, cuyas familias fueron diezmadas por la dictadura. También testimoniaron un matrimonio de ex detenidos, Gustavo Escofet y Angélica Moreira y el ex referente de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) de La Plata y familiar de dos víctimas de la represión Manuel Pedreira.
“Ya perdimos muchas cosas: perdimos familiares, madres, abuelas. Por eso les pedimos que esto se acelere lo más rápido posible así hay justicia". De esa manera Alejandra Santucho culminó su declaración en la que recordó el asesinato de sus padres Rubén Santucho y Catalina Ginder, durante un enfrentamiento en una casa de 138 entre 37 y 38 el 3 de diciembre de 1976 y el secuestro de su hermana de 14 años, Mónica Graciela Santucho, quien permaneció desaparecida hasta el 2009, cuando Antropología Forense identificó sus restos enterrados como NN en el cementerio de Avellaneda.
Alejandra recordó ante los jueces que tenía 10 años cuando en un operativo irtrumpió en su casa y que fue testigo de todo: vio cómo su hermana Mónica salía con su hermano de dos años de la mano y con el bebé de un matrimonio amigo en brazos, que los policías le arrebataron los niños y que se la llevaron en un auto; escuchó la balacera implacable; contó que fue dejada junto con su hermano en la casa de una vecina, de donde fue rescatada por compañeros de sus padres la noche antes de que el ejército volviera a buscarlos.
La mujer, que llegó desde Bahía Blanca para declarar, recordó que sus padres eran militantes Montoneros de esa ciudad y que habían llegado a La Plata huyendo de la persecución política.
También relató que gracias al testimonio de dos ex detenidos pudo saber que su hermana de 14 años había sido torturada en Arana y que había permanecido detenida en la comisaría Quinta de La Plata.
La primera declaración de ayer fue la que hizo Carmen Ledda Barreiro de Muñoz, una abuela de Plaza de Mayo de Mar del Plata que en 1978 fue secuestrada y mantenida en cautiverio durante tres meses en la Base Naval de Mar del Plata.
La mujer contó que su hija, Silvia Muñoz fue secuestrada en La Plata cuando estaba embarazada.
Antes de comenzar a declarar la abuela pidió permiso al tribunal para darse vuelta y mirar a la cara a los represores, y al finalizar, se refirió a ellos: “Antes de morir, dejen una carta post mortem y digan donde están los nietos, si total ya está. Por lo menos que ellos sepan quienes son, que no fueron abandonados, que los amamos... Es un llamado con toda la nobleza que soy capaz, en este caso a mis enemigos”.
El último testigo de la audiencia de ayer fue Manuel Pedreira, dirigente de la JUP que tras ser detenido en 1974, fue expulsado del país. El hombre recordó la desaparición de su hermano Rafael Antonio -"le decían Piraña porque comía como una piraña", recordó-, en febrero de 1977 y de su esposa Mabel María Conde poco después, de las que se enteró mientras vivía en el exilio en México.
Pedreira culminó su exposición recordando que volvió al país luego de 2003 cuando sintió que podía tratar de recuperar el modelo de país y de universidad al servicio del pueblo por el que había luchado junto a sus compañeros desaparecidos.
Su exposición fue interrupida a causa de los gritos e insultos que el represor Miguel Etchecolatz, en pleno ataque de nervios, profería en otra sala del tribunal, lo que obligó a los jueces a suspender momentáneamente la audiencia.