martes, 18.06.2013

¡Ponete auriculares!

Cultura /  ZONA IDEAS/ Que cada uno escuche la música que quiera, donde quiera y cuando quiera, pero sin obligar a los demás a hacerlo. Un viaje en colectivo puede volverse insoportable si otro pasajero disfruta sus canciones a alto volumen.
04.05.2012 | 18.55 Comentar   |   FacebookTwitter
Galería de Imágenes (2)
Por Carolina Sirio.

Sobre gustos no hay nada escrito. Y en materia de música esto se evidencia aún más. Y todos los ritmos y los gustos por ello son respetables. Están los que aman el rock, los que deliran por la cumbia, los que vuelan con los temas románticos, los que vibran con el metal, si hasta los chicos son fanáticos de estilos tan disímiles como las canciones de ronda o las de su programa favorito de televisión. El problema no es el gusto por un género u otro –en otra nota, en todo caso, podríamos hablar de educación del oído–. Que cada uno escuche la música que quiera, el problema es cuando se le quiere imponer eso a los demás.

Un viaje placentero en colectivo puede volverse una pesadilla si te toca compartir el trayecto con alguien que va escuchando música con el volumen alto. Si buscás relajarte después de un día agotador de trabajo, el efecto será el inverso. Si intentás mantener una conversación telefónica o una charla con un compañero ocasional de viaje, terminás gritando y malogrando el intento. Si querés dormir, ni te cuento. Lo único que en ese momento ocupa tu mente es la cuenta regresiva que vas haciendo sobre las cuadras que faltan para bajarte.

¿Qué necesidad de obligar a los otros a escuchar tu música? ¡Ponete auriculares pibe!

¿Pensarán que a todos nos gusta la misma música? Y si fuera así, ¿creen que queremos escucharla a ese volumen en todo momento y lugar? El problema no es la música, ni el género. El problema es que te la impongan.

Lo peor es que encima se escucha mal y la fritura te hace arder el oído, es como si te estuvieran metiendo un destornillador por la oreja. ¿Escucharon hablar de la “contaminación acústica o auditiva”?

Las fuentes principales de ruidos dañinos son el transporte, la construcción de edificios, la cercanía a un aeropuerto o a una línea de trenes, o la industria, pero también existe un tipo determinado de contaminación acústica que puede llegar a tener afectos graves en las personas y que incluso afectan la convivencia: la música alta. La música alta puede alterar a cualquiera y más de uno se ha salido de sus casillas y terminó a las piñas con el portador de ese celular que emite música –sonido latoso, en realidad- a todo lo que da.

¿Será que creen que arriba del bondi hay una fiesta?

“Vamos que la vida es una fiesta”, canta Ricardo Montaner, pero tampoco hay que tomarlo tan literal. Una fiesta es una fiesta, en una ocasión, en un momento; no se puede estar de fiesta las 24 horas del día y en todos los ámbitos. En una fiesta escucho y hasta te bailo todos los temas: el vals, los bolicheros, la cumbia y no paro hasta el carnaval carioca… pero en el bondi no!

Todo bien con tu música, pero escuchala vos que yo no te hago escuchar la mía (y si la escucharás a todo volumen en el colectivo, opinarías como yo).
Twitter
108