sábado, 18.05.2013

Tumbas de la gloria

Cultura /  Veinte años se cumplen desde que Fito Páez editó el masivo El amor después del amor. Después nada volvió a ser igual (para bien y para mal).
07.05.2012 | 08.53 Comentar   |   FacebookTwitter
Por Flavio Mogetta
@flaviomog

“Sid Vicious, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Ramses, Charly Parker, Luca Prodan, Janis Joplin, …” son algunos de los nombres que Fito Paéz tira al final de “Tumbas de la gloria” el track número 8 de El amor después del amor, disco bisagra en la historia personal del músico rosarino y del rock argentino. Claro que para poder descubrir esa nómina es necesario pasar el vinilo “al revés”, con el CD se complica, por eso deberán confiar en quien escribe estas líneas.

Hubo un tiempo que fue hermoso en el que los artistas vendían cientos de miles de discos y las industrias discográficas eran felices. En aquellos días, como contrapartida no eran tan frecuentes los recitales o presentaciones masivas. Soda Stereo marcó el camino, lo siguieron los Redondos y Paéz también recorrió esa senda. Un puñado de estadio Luna Park ideó Miguel Mateos a mediados de los ’80 con ZAS y esos shows le permitieron redondear el medio millón de discos vendidos con Rockas vivas. Una cifra escalofriante entonces y ahora, que un disco “exitoso” ronda las 20 mil unidades.

750 mil unidades vendió solo en 1992 (hace 20 años) el autor de Giros o Del ’63, y no son pocos quienes sostienen que ya superó el millón de copias. ¿Es su mejor disco? Puede serlo y dependerá seguramente de la lectura subjetiva que se haga, pero sin dudas se trata de su último gran disco. Después del amor, Páez se secó artísticamente. Porque cómo podría uno definir a Circo Beat; Euforia; Enemigos íntimos (con Joaquín Sabina y pelea/papelón incluido); Abre; Rey sol; Naturaleza sangre; Moda y pueblo; Rodolfo; Confía; hasta llegar a Canciones para aliens (2011). No faltará quien alegue: ‘pero si en tal disco está tal o cual canción’. Claro, nadie discute el talento del rosarino para construir alguna que otra melodía pegadiza o alguna que otra buena canción. Pero lo que se dice: ‘disco, disco’, el último lo sacó hace 20 años.

Por supuesto que hubo un antes en la vida de este músico, capaz en su adolescencia de sacarse los dientes para que obtener el “DAF” (Deficiente aptitud física) en el documento de identidad, y evadir así realizar el servicio militar obligatorio. Eran otros tiempos. Dueño de un talento inconmensurable todavía no tenía veinte cuando componía y tocaba para Juan Carlos Baglietto; tenía esa edad cuando editó su primer disco (el subvalorado) Del ’63 y apenas la había superado cuando recibió la invitación de Charly García para acompañarlo en su mega banda junto a los GIT y Fabi Cantilo.

Ahí entró el amor, una relación intensa con la Cantilo. Idas y vueltas para ese joven desgarbado y de anteojos gigantes. En 1985 llegó Giros; en 1986, EMI lo empuja a editar el maxi Corazón Clandestino (del que puede rescatarse la participación de Caetano Veloso); y ese mismo año aparece el LP doble La la la, facturado junto al Flaco Spinetta. En ese escenario irrumpe el absurdo, la locura urbana, la tragedia familiar. De buenas a primeras, Páez pierde los lazos afectivos que lo ataban al mundo. Un golpe durísimo que lo sumerge en las tinieblas, en Vietnam. En ese mundo de dolor y “lexotanil” construye la que quizás sea su obra más conceptual: Ciudad de pobres corazones y un año después Ey! (“Fito te está llamando” rezaba la publicidad radial y televisiva), un disco notable con gemas del calibre de “Cacería”, “Tatuaje falso”, “La ciudad de los pibes sin calma”, “Dame un talismán”; en un contexto en el que se permite vociferar “Y Luca ya se dio por muerto/ por asco, por aburrimiento”.

Pausa. Crisis. Personal y del país. En ese contexto aparece Tercer Mundo (1990). En cada entrevista que le realizan no pierde oportunidad de manifestar todo el deseo que tiene de irse del país (los viejos Bersuit Vergarabat escribirían de ese momento del rosarino en “Como nada puedo hacer”: “Lo vi a Fito sentado en un bar/ con una bic cargada de alcohol/ es que su panza empezó a mandar/ y le ordenó que se vaya/ estaba colgado/ no podía coordinar”); o que tiene escrito el guión de una película llamada Novela y que protagonizará Fabiana Cantilo. Viajes a Europa, videoclip bajo las órdenes de Agresti y un disco increíblemente fresco que lo trae hasta la ciudad de La Plata. ¿Grandes marquesinas? Nada de eso. Club Meridiano V y en el contexto de una peña estudiantil. Un show notable, intenso, que termina de manera consensuada cuando gotas de agua comienzan a filtrarse por el techo. “Hasta acá llegamos, sino nos vamos a quedar todos pegados”, diría el músico. A la salida no hay ningún temporal sino un cielo completamente estrellado. “No era lluvia, era transpiración”, me espetó un amigo mientras caminábamos procurando encontrar algún micro de regreso. Entrega artística.

Año sabático. Crisis. Ruptura. Un verano. Una playa en otro país. Una mujer. “Te vi juntabas margaritas del mantel/ ya sé que te trate bastante mal,/ no sé si eras un ángel o un rubí/ o simplemente te vi”. Cambio. Renovación. Bucles en el pelo. Vestimenta oficial y el disco más exitoso de la historia del rock nacional.

Con El amor después del amor Fito Páez pasa a formar parte de la trilogía de solistas argentos junto a Charly García y Luis Alberto Spinetta, y lo hace con un disco de los buenos. Contra él atenta lo mucho que sonó cada una de las canciones que lo integran. Recuerdo que un amigo, allá por principios de 1993 y antes que los Divididos experimentaran un fenómeno similar con La era boludez, me dijo “El amor… es un discazo, ahora nos agotó, pero en veinte años vamos a redescubrir lo bueno que está”. Creyendo en sus palabras en estos días volverán a sonar en algún parlante cercano canciones como “Creo”, “Detrás del muro de los lamentos”, “Balada de Donna Helena”, “Dos días en la vida” o “Tumbas de la gloria”. En algún lugar circuló que Páez no vería con malos ojos salir de gira con “los veinte años de”. Creemos que es un acto innecesario. En tanto, pensamos ingenuamente que no estaría mal recuperar a aquel joven entusiasta dispuesto a hablar en aquella peña de Meridiano V, y perder a este otro “profesional”, que no acepta fotos ni caricias de sus fans.

“Lo bueno que tenemos dentro es un brillante,/ es una luz que no dejaré escapar jamás.(…)/ Yo te pido un favor,/ que no me dejes caer/ en las tumbas de la gloria”


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