Por Pablo Roesler
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El ex vicepresidente y accionista de Papel Prensa S.A, Rafael Ianover, ratificó que cedió las acciones de esa empresa bajo presión, para evitar ser detenido y porque estaba “aterrorizado”. El testigo habló en el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata, que juzga a 25 represores por los delitos de lesa humanidad cometidos contra 280 víctimas durante la última dictadura en seis centros clandestinos de detención que integraban el denominado Circuito Camps.
“El 2 noviembre de 1976 firmé el convenio cediendo las acciones que figuraban a mi nombre a favor de Fapel porque mi interlocutor, que fue el señor Patricio Peralta Ramos, me había dado su palabra de honor de que si firmaba la transferencia de las acciones de Papel Prensa no me iban a detener”, recordó Ianover durante la audiencia realizada en el ex edificio de la Amia de 4 entre 51 y 53.
El hombre recordó: “Estaba tan aterrorizado porque me iban a detener que yo le dije que firmaba ese documento únicamente si me aseguraba que no me iba a pasar nada a mi ni a mi familia. Y como él me dio su palabra de honor, firmé”.
Ese acuerdo, según Ianover, fue rubricado en una oficina del diario
La Nación ubicado en la calle Florida de Capital Federal y que traspasó las acciones a la empresa Fapel, “un sello de goma cuyo capital era de doce mil pesos y detrás del cual estaban
La Nación,
La Razón y
Clarín”.
Ianover recordó que poco después, el 12 de abril de 1977, fue secuestrado por dos hombres que lo esperaron en su oficina y lo obligaron a ir con ellos hasta una comisaría ubicada en Banfield o Lomas de Zamora. Allí quedó detenido varios días y luego fue trasladado a otra seccional donde fue interrogado.
Tras permanecer otro período fue llevado al Departamento de Policía de Capital Federal, donde fue legalizado y permaneció detenido hasta fines de 1978. En esa dependencia compartió cautiverio con Jacobo Timerman y se encontró con
Lidia Papaleo y las secretarias de Graiver. “Fue durante un oficio religioso en una alcaidía. La vi normal. Sé que luego la torturaron”, contó.
Precisó que en esa seccional, ocasionalmente comía "con los guardias porque no nos consideraban delincuentes sino presos políticos”, dijo. Y añadió que “el trato era cordial"; "creo que porque ellos entendían que todo fue una gran conspiración con el objeto de apoderarse ilícitamente del paquete accionario de Papel Prensa".
"Después comprendí que era una estrategia organizada por los tres diarios para poder inaugurar la nueva planta de Papel Prensa", prosiguió Ianover. Y finalizó: "La familia Graiver y yo estábamos en la cárcel, de manera que nadie pudo oponerse a la inauguración o hacer una objeción sobre la transferencia del paquete accionario".