"Intento esquivar a la gente jodida"

03.06.2012 | 21.55 Comentar   |   FacebookTwitter
Entrevistas /  Leonardo Sbaraglia protagoniza el filme "El campo", y se destaca en TV con "En terapia", por Canal 7. Cómo fue filmar con De Niro, por qué cree que su esposa lo hechizó, y la importancia de nacionalizar YPF.
Por Denise Tempone - Fotos: Euge Kais

Leonardo Sbaraglia dejó de ser "Leo" hace rato. Luego de la histeria juvenil de "Clave de sol" y de varios timonazos que se encargaron de desviar su perfil de sensación juvenil hacia un rumbo más maduro y definitivamente versátil, hoy es un actor con todas las letras de su nombre. Sin embargo, no parece llevar a cuestas el peso de la seriedad. Una gran soltura corporal se esconde detrás de un porte que podría ser engañoso. Y no hace falta ser muy suspicaz para entrever que su desinhibición podría volverse una franca amenaza a las buenas formas "adultas". Basta verlo hacer gala de sus recién estrenados agudos belcantistas a los gritos en pleno hall (está estudiando la técnica bel canto para encarar un papel que lo tendrá cantando en teatro el próximo año) o acceder a recostarse entre macetas en plena producción de fotos, para sospechar una personalidad principalmente lúdica. Sin embargo, semejante histrionismo no interfiere en su concentración a la hora de hablar de lo que lo convoca, "El campo", la ópera prima de Hernán Belón que protagoniza junto con Dolores Fonzi, y que tiene como punto fuerte, principalmente, las actuaciones. En este thriller psicológico, ellos encarnan a una pareja urbana que decide ir a vivir a una casa de campo con su beba, pero lejos de hallar la tranquilidad deseada sufren una verdadera pesadilla cuando se encuentran cara a cara con sus diferencias.

-¿Hay algo universal en "El campo" que pueda aplicarse a cualquier pareja?

-La película habla, en definitiva, sobre las fantasías y las ilusiones que nos hacen proyectar nuestros propios deseos como si fueran de nuestra pareja. Y cómo a veces se nos venden ideales que parecen ser incuestionables y no lo son. En El campo esta fantasía de vivir lejos de todo, se convierte en pesadilla. Donde él ve un palacio, ella ve una tapera. Donde él proyecta cosas maravillosas, ella sólo ve un desastre. Él cree que está pensando en ella pero en realidad está pensando en él. El principio de realidad que le falta revela algo que ella no conocía y marca una crisis en la pareja.

-En la película, Santiago, tu personaje, compró la fantasía de la vida en el campo como algo idílico. ¿Vos sos de comprar fantasías?

-Sí, claro, todo el tiempo. Uno suele entrar en pequeños viajes ilusorios, que pueden ser desde comprarte una casa que no podés mantener, a querer llegar a lugares que no están a tu alcance. La idea es cada vez comprar menos fantasías. Yo intento mantener los pies sobre la tierra.

-Nunca fuiste parte del lifestyle que venden las revistas. ¿Fue una decisión consciente alejarte de esa venta de fantasías?

-Cuando era chico, por ahí sí tuve algo más de noche, jet set y esas cosas, pero no mucho. La verdad es que hay algo de eso que no me sale. Es como si mi propio cuerpo no me dejara meterme por ese lado. Me parece que no son decisiones tan racionales, son pequeños pasitos que van construyendo una imagen. Uno se va convirtiendo en alguien, en una identidad más o menos coherente. Yo trato de luchar por quién quiero ser (risas). Suena muy enroscado pero es la verdad. Tengo una vida propia construida, y con una hija y una mujer es más difícil que te vean en la noche.

-¿Tiene mala prensa la fidelidad por estos días?

-Puede ser. Yo siempre intento recordar que mi vida real es otra más allá de la que se ve en los medios. Más allá de lo que le gustaría vender a las revistas, mi verdad es muy simple. Yo vivo mi vida con mi mujer y mi hija, no hay nada espectacular, es algo estable.

-¿No hay riesgos de que te sumes a los cambios que se ven ahora?

-¿Lo decís por Rial? (risas). Son elecciones. Me parece que tampoco hay que hacer una bandera de eso. Yo trato de escapar y de intentar que eso no sea un tema cuando se habla de mí. Mi tema público es la actuación y ciertas opiniones que puedo dar sobre algunas cosas. Del resto, intento zafar. No me gusta definirme. Trato de dar pocas opiniones sobre mi intimidad porque es mi terreno y no quiero que se toque ni se estigmatice, si no quedo preso. Uno no es nada, uno no sabe lo que es. Uno es la vida que tiene hasta que tiene otra. Y no me parece necesario dar explicaciones sobre eso. Es uno el que tiene que marcar los parámetros de qué quiere ser.

-¿Y cómo los marcas?

-Creo que la intuición ayuda, pero también rodearse de buena gente. Eso es fundamental para tomar buenas decisiones. Las personas que no hacen a la nutrición de tu vida, salen solas. Yo intento esquivar a la gente jodida. No tengo muchos amigos en el medio, pero estoy atento a cómo se maneja la gente a la que admiro.

-Hace poco filmaste en Barcelona tu participación en una película "Red lights" junto a Robert De Niro. ¿Te sorprendió algo de él?

-Pude verlo trabajar un día entero. Pedí ir al set sólo para verlo. Y lo que me llamó la atención fue su tranquilidad. Es un tipo que tiene una gran confianza delante de la cámara y tiene una gran normalidad al mismo tiempo. Cuando trabaja está muy relajado y a mí me sirvió para decir: "estoy viendo a un gigante de la historia del cine y es un ser humano, no es un semidios".

-Eso es esperanzador...

-Claro. Tenemos algo en común (risas). Es que realmente no creo que un actor como Federico Luppi, Lito Cruz, Julio Chávez o Ricardo Darín sean tan diferentes a Robert De Niro. Creo que si estos tipos hubiesen vivido en otro país tal vez podrían hoy tener esa estirpe. De Niro me hizo acordar mucho a Lito. Tiene una energía muy liviana, muy tranqui, muy relajada y muy presente. Me dio la sensación de que estaba tranquilo pero desde la actividad, trabajando, investigando, buscando. Después hablé con él diez minutos y me nombró a Lito, de quien es amigo. Pero fue muy loco estar ahí con él.

-¿Te pusiste nervioso?

-Algo. Lo que pasa es que mis propios pensamientos interferían. Si se quedaba pensativo, yo veía su cara y se me disparaba Taxi driver, se reía y era otra película. Él movía la cara para un lado y eran recuerdos de mi vida (risas).

-En "Red lights" hacés de un argentino con poderes psíquicos. ¿Creés en esas cosas?

-Sí, creo que hay gente que tiene poderes. Miré muchos videos de parapsicólogos y mentalistas. Me aprendí todo sobre ese mundo.

-¿Fuiste a ver alguna bruja?

-(Risas.) ¿Cómo sabés? Bueno, sí, fui. Fui a ver una brujita. Pero no quiero contar mucho.

-¿Le hiciste una consulta personal?

-(Risas.) Fui a ver a una brujita que me recomendaron amigos, pero sólo para investigar. La hice muchas preguntas sobre generalidades. Ella tiraba el tarot pero yo prefiero no saber, traté de no abrir demasiado mi corazón (risas). Igual no quiero contar más por respeto a la brujita.

-¿Tenés a alguien con poderes psíquicos en tu familia?

-¿Es en serio esta pregunta? (Risas.) Bueno, casualmente sí. Mi mujer me dijo que su abuela era medio brujita. Tal vez heredó algo, porque me tiene hechizado.

Aún entre risas, Sbaraglia no esquiva la seriedad de algunos temas. La crisis del 2001 lo llevó a exiliarse en España donde logró hacerse de un prestigio y convertirse en un referente latinoamericano. Por esa razón, en estos días signados por las complicaciones en la relación de ambos países, fueron muchos los medios europeos que intentaron arrancarle una posición respecto a YPF. Él, no quiso hablar.

-¿Cómo manejaste este tema?

-Intenté no salir a decir nada, me negué. La verdad es que yo veo muy bien la re estatización y viví con tristeza la privatización. Estar recuperando eso me parece maravilloso y lógico. Sobre todo lógico. Pero no me parece prudente salir a decir esto allá por estos días. ¿Para qué? ¿Para que me corten la cabeza?

-¿Vos pensás que la gente también está enojada o es algo de los medios?

-Yo creo que la gente debe estar confundida porque los medios le están dando una caña espectacular al asunto. Hay alguien, un sector económico y político, que tiene un gran poder mediático y le da rosca. La gente termina siendo influida. Al mismo tiempo confío en que ya se les va a pasar. Esto fue un chivo expiatorio perfecto. Si Repsol ni siquiera es una empresa española. Hay una confusión muy grande. Toda persona inteligente, humana y buena gente debería apoyar que un país recupere sus recursos naturales.
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