sábado, 25.05.2013

La proeza de Mark Spitz

23.07.2012 | 14.36 Comentar   |   FacebookTwitter
Los Juegos Olímpicos de 1972 quedaron marcados por la masacre de Munich, en la que varios deportistas israelíes murieron y otros nueve fueron secuestrados. La tragedia tapó todo lo ocurrido en los deportivo, como la proeza realizada en la piscina por el nadador norteamericano Mark Spitz, quien logró siete medallas doradas, un récord que ostentó hasta Pekin 2008, cuando fue superado por su compatriota Michael Phelps

El estadounidense logró siete medallas de oro, cada una con un récord del mundo. En esa edición de los Juegos surgió la idea de raparse el pelo para ganar unas décimas. El primero en hacerlo fue el alemán Werner Lampe, que ganó la plata en los 200 libres por detrás del tiburón de Baltimore y posteriormente recibió la medalla con una voluptuosa peluca rubia.

Claro que todo pasó a un segundo plano a cinco días de la conclusión, cuando un comando terrorista palestino logró colarse en la Villa Olímpica. Fueron ayudados a saltar la valla por algunos deportistas estadounidenses que desconocían su identidad y sus verdaderas intenciones, ya que creían que al igual que ellos, se trataba de unos atletas que también querían regresar furtivamente a sus apartamentos tras una noche de diversión.

Los asaltantes, vestidos con chándal y con varias pistolas y granadas en las bolsas de deporte que portaban, se desplazaron hasta el lugar donde estaba alojada la delegación israelí.

Dos deportistas murieron durante el asalto y otros nueve fueron secuestrados. A cambio de su liberación, los terroristas pedían la liberación de 234 guerrilleros palestinos presos en Israel y dos más en Alemania, así como su traslado seguro a Egipto.

La respuesta israelí fue inmediata y contundente: no habría negociación. El plazo para la ejecución de los deportistas subió de tres a cinco horas y las autoridades policiales fingieron llegar a un acuerdo. Se les trasladó en dos helicópteros a una base área en Fürstenfeldbruck, aunque los terroristas creían estar en el aeropuerto internacional de Riem. Fue entonces cuando se produjo el fallido rescate, que provocó la muerte de los nueve rehenes, un policía y cinco de los ocho terroristas.

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