El demonio en Deryl Dedmon

11-04-12 /
En un estacionamiento, en Misisipi, mató a un negro con su camioneta. Está en la cárcel por cometer un crimen motivado por el odio —pero sus amigos de color no están de acuerdo.
Por Tony Dokoupil
"¿Querés jugar una carrera en el barro?". Es casi medianoche en Brandon, Misisipi, hogar de lo que el FBI denomina una pandilla de "matones racistas". Aparentemente, me he cruzado con algunos de ellos en un lavadero de autos abierto toda la noche, en la plaza del pueblo, en una ciudad donde el hecho de destrozar y desmantelar una camioneta marca el tiempo tan confiablemente como el calendario. Desde el verano pasado, cuando un adolescente llamado Deryl Dedmon fue acusado de asesinar a un negro por su color de piel, los periodistas han sido una presencia constante aquí y en el autocine Sonic, que se encuentra al lado.
La mayoría de ellos fue despachada con un "sin comentarios" o con instrucciones estrictas de "llevarse esas preguntas a otra parte". Me dieron el mismo trato al principio. Pero después de una noche de hablar de cualquier cosa excepto de la repentina mala fama del pueblo, el humor se ablandó y los chicos —de los cuales todos estuvieron con Dedmon antes o durante el homicidio—
han decidido mostrarme lo que es pasar un buen rato. O al menos, su versión de ello.
El plan es correr a campo traviesa en la cercana Puckett, hogar de "300 buenas y amigables personas y "algunos viejos cascarrabias", como se lee en el letrero de bienvenida del pueblo. Uno de los chicos va a buscar cadenas de remolque, "por si caemos en una laguna". Quince minutos después nos encontramos apretujados en una camioneta tuneada, con cervezas, deslizándonos por pantanosos caminos poco transitados. Llegamos a un campo abandonado, donde hacemos círculos en tercera marcha. Cartuchos de escopeta y un martillo rebotan alrededor de la cabina. El silenciador de la camioneta ha sido retirado para generar potencia —y ruido— adicional. "Ésta es nuestra vida", grita el conductor, a quien llamaremos Trevor.
En junio pasado, en el mismo campo, se ideó un plan según el cual un hombre afroamericano de 47 años moriría a golpes y después sería aplastado por una camioneta. En el período subsiguiente, el FBI realizó más de 200 entrevistas, acusando a Dedmon y a dos personas más —John Aaron Rice y Dylan Butler— en el primer caso de homicidio relacionado con los derechos civiles de acuerdo con la Ley de Prevención de Crímenes de Odio de 2009. El FBI todavía investiga a "participantes conocidos y desconocidos" en lo que, en su opinión, constituye una racha relacionada de viajes inspirados por el odio a Jackson, incluyendo agresiones con botellas de cerveza, patadas y una gomera cargada con bolitas, de acuerdo con el Departamento de Justicia.
En lo que se conoce como un mundo "posracial", los crímenes recuerdan el pasado del estado: Emmett Till, Medgar Evers, Misisipi en llamas. Pero es también parte de "un innegable aire de intolerancia" en este país, de acuerdo con Thomas Perez, director de la división de Derechos Civiles del Departamento de Justicia. Comparó el crimen con el homicidio, ocurrido en 1998, de James Byrd Jr., un negro arrastrado hasta morir detrás de una camioneta por defensores de la supremacía de los blancos en Texas, y pregunta: "¿Cómo es posible que un acto tan depravado pueda ocurrir?". "Era joven y tonto, ignorante y lleno de odio", dijo Dedmon. ¿Pero qué significaba ese odio?
Fui a Misisipi para enterarme, y lo que descubrí fue más profundo, más escalofriante, y más complicado que sólo un chico que se echó a perder o incluso que el simple racismo anterior a la era de los derechos civiles. De hecho, los chicos que pertenecían al círculo social de Dedmon no piensan que son racistas en absoluto. Muchos usan la palabra con "N" (nigger, una manera despectiva de dirigirse a los afroestadounidenses), a veces incluso con cólera. Pero afirman que no lo dicen de una manera racista. "Es herencia, no odio", dice Trevor, haciendo eco de una defensa común del orgullo del sur. Él y otras personas piensan que los viajes al oeste de Jackson fueron impulsados por la condición social, deleitándose en la anarquía de los vecindarios pobres, no en el color de piel. Además de las madres de los chicos, sus amigos negros tienden a estar de acuerdo.
El caso de Dedmon es terrible por muchas razones, pero ninguna de ellas es más preocupante que esta creencia de que un adolescente blanco y devoto podía matar a un hombre afroamericano inocente a quien llamó nigger sin ser racista. De acuerdo con las definiciones legales, lo que hizo fue un crimen motivado por el odio. Y también parece haber sido un crimen no reconocido —un ejemplo extremo de gente blanca que comete actos racistas mientras rechaza la palabra misma—. David Duke. George Wallace. James Watson. Michael Richards. Don Imus. La lista es larga y no deja de aumentar, con los registros creciendo. En su origen, todo este "no racismo" refleja una confusión nacional sobre lo que significa ser racista en el siglo XXI.
La noche del crimen empezó muy alegremente. Era el cumpleaños de Trevor, y él y un amigo hicieron una hoguera con viejos remos de madera. Cuando otros llegaron, casi todos en furgonetas, cada uno se acercaba al fuego en reversa, bajaba sus puertas traseras y los demás le daban la bienvenida para beber una cerveza o 12. Además del alcohol, circulaba marihuana y pastillas, y para la madrugada muchos de los arengadores de la secundaria estaban tan encendidos como el fuego: besándose y abrazándose, cantando a grito pelado. Uno de ellos era Dedmon, un chico menudo y de ojos azules con una cortina de pelo rubio que escondía la mitad de su cara. Medía un poco más de 1,50 m de estatura y era más conocido como seguidor que como líder. Estaba divirtiéndose, pero al final su noche empezó a amargarse.
"Estaba teniendo problemas de faldas", dijo un amigo a la Policía. La chica que le gustaba había besado a otra persona; otra chica que también le gustaba parecía molesta al descubrir su competencia. Así que para las 4 a. m., mientras la fiesta se dispersaba, se comunicó con algunos amigos, entre ellos John Aaron Rice, un chico conocido por participar en carreras callejeras con su Mustang blanco, y Dylan Butler, un chico con identificadores militares tatuados en su pecho y fotos de Facebook donde aparecía sujetando animales muertos por la cola. Según el FBI el plan se cristalizó pronto alrededor de una idea: ir a Jackson y "joder a algunos negros".
Hasta ahora, el Departamento de Justicia levantó cargos sólo contra Dedmon, Rice y Butler, pero prometió realizar más arrestos por incidentes relacionados. En al menos cinco ocasiones anteriores la pandilla había realizado viajes similares, de acuerdo con los fiscales. Al principio sólo manejaron por barrios negros arruinados, bebiendo y gritando epítetos raciales. Pero dicha conducta fue en ascenso. Una noche, un conductor aceleró su vehículo dirigiéndolo hacia un negro y obligándolo a saltar fuera del camino. Otra noche, Dedmon y Rice tiraron botellas de cerveza a peatones negros, golpeando a uno en la cabeza. Y en otra noche, las armas fueron bolitas y una gomera. Por último, Dedmon y otros empezaron a perseguir a negros a pie y golpearon y pisotearon a un hombre hasta que rogó por su vida, de acuerdo con documentos judiciales.
Y entonces se produjo el homicidio. Una vez decidido el plan, Dedmon subió en una furgoneta Ford F-250 de color verde, llevando a una de las chicas que le gustaban y a su amiga. Butler y Rice abordaron un Jeep Cherokee blanco conducido por un amigo de 20 años, que llevaba una pistola. Un cuarto pasajero, de apenas 17 años, también llegó.
Los vehículos se dirigieron hacia una deteriorada parte de Jackson a la que los chicos llamaban "Jafrica". Para las 4:45 a. m., la Cherokee entró en el estacionamiento de un Wendy’s. Es un lugar donde las leyes de la familia, la iglesia y el Estado no pueden ser aplicables, a un mundo de instancia de los bajos índices de criminalidad y las puertas sin candados de Brandon.
Al lado se encontraba el Metro Inn, un hotelucho atestado de cucarachas. En promedio, se había llamado a la Policía más de una vez al día durante el último año por una racha de asaltos, violaciones, tiroteos, agresiones y al menos dos homicidios. No había ningún lugar más peligroso en la ciudad.
Butler y Rice lo descubrieron golpeando la ventana de un Chevy Avalanche de color naranja, ebrio. Los chicos pensaban que era un ladrón de autos o un hombre que había perdido sus llaves. En realidad, era un trabajador de una planta de Nissan en Canton. Por las tardes, cocinaba comida sureña negra para su compañero de 17 años, James Bradfield, y un joven pariente a quien ayudaba a Bradfield a criar. Iba a la iglesia todos los domingos. Pero los sábados, después de trabajar en su jardín, a veces iba a "alegrarse". Era el término que usaba para "vestirse de punta en blanco".
Empezaron a hablarle. Al mismo tiempo, enviaron un mensaje de texto a Dedmon, que estaba en una estación de Texaco, tratando de arreglar las cosas con uno de sus amores. "Apurate", decía el mensaje.
Dedmon obedeció. Bebió una Bud Light durante su viaje de 25,7 kilómetros, que se sumó a los envases que había bajo su asiento. Cuando llegó llamó a Anderson ladrón de automóviles y "estúpido negro (nigger)". Con su 1,73 de estatura y sus 75 kilos de peso, Anderson superaba a Dedmon, que era más pequeño y pesaba apenas 58 kg. Sin ser provocado, Rice golpeó a Anderson en la cara derribándolo. Dedmon se sentó sobre Anderson y lo golpeó. Ambos chicos se retiraron a sus vehículos, donde Butler estaba casi inconsciente. "Debo admitir que consumí mucho alcohol esa noche", dijo a la policía.
Mientras el Jeep Cherokee salía del estacionamiento, alguien gritó "Poder blanco", de acuerdo con los cargos. Dedmon respondió a ello, elevando un puño. Después trepó a su F-250, y mientras se dirigía hacia la salida haciendo rugir el motor del vehículo, Anderson también caminaba hacia la salida. La colisión —los faros de Dedmon brillando sobre la camisa de Anderson, la camioneta acelerando y Anderson desapareciendo debajo de ella— fue captada por una cámara de seguridad y transmitida después a todo el mundo, provocando marchas y ceremonias con colocación de coronas florales y vigilias con velas. Las dos chicas que iban en la camioneta de Dedmon describieron después cómo sintieron el cuerpo bajo los neumáticos; los primeros oficiales que llegaron al sitio informaron sobre un negro con "marcas de neumáticos a lo largo de su pecho y en el lado derecho de su cara".
"No puedo creer que haya hecho eso", dijo Dedmon dentro de la camioneta. Llamó al conductor del Cherokee. "Acabo de atropellar al negro", dijo, fuerte como para que las demás personas pudieran escuchar. También oyeron algo más —risas— y por un momento pensaron que se trataba de una broma. Entonces el grupo se reunió de nuevo en un McDonald’s. La aspirante a novia de Dedmon lloraba junto a la camioneta, mientras su amiga estaba sentada en su interior. Dedmon estaba agachado, mirando su parachoques salpicado de sangre. Cuando vio a los demás prorrumpió en una sonrisa. "Tenía una sonrisita", dijo a las autoridades el conductor del Cherokee. "No fue tan grave", les aseguró Dedmon. Esa misma mañana, en un hospital al otro lado de pueblo, James Anderson murió.
Dedmon no era considerado por muchas personas como la clase de chico que cazaría a personas negras por deporte. Creció en un vecindario lleno de casas iguales. Fue criado por su madre, Shannon Smith, gerente de un hospital de mascotas local que escuchaba rock cristiano y que inculcó a Dedmon el hábito de ir a la iglesia. Cada verano, él y Amanda, su hermana mayor, viajaban a Memphis para el StreetReach, un programa dedicado a ayudar a jóvenes de las zonas urbanas deprimidas y principalmente de raza negra. Su padre, cuyo nombre es también Deryl, lleva una vida aún más deslustrada de trabajo obrero en otro pueblo.
Su hijo adoptó el término "redneck" (campesino blanco) como un título honorífico y formó su vida sobre una tradición de caza y cultivo. Su foto de Facebook era la de un venado, y participaba en la organización Futuros Agricultores de Estados Unidos en la escuela. "Era una buena persona", declaró Walter Sparks, amigo de la infancia, al periódico Clarion-Ledger de Jackson. "Pero pude ver cómo caía en un agujero negro".
Al parecer, se volvió más agresivo con el paso del tiempo; incluso amagó con atropellar con su camioneta a dos compañeros blancos de su clase con los que chocó y atemorizó tanto a un tercer chico que este llamó al 911. Fue acusado de acoso telefónico. Por el camino, empezó a beber cada vez más. ¿Pero en qué punto un adolescente fuera de control es también un criminal?
"Extraño a mi hijo", me dijo Smith, respondiendo en su puerta un día y ofreciendo sus primeros comentarios acerca del crimen. "Es un buen chico... se juntó con los amigos equivocados". Quería ser bombero, añadió su hermana. Recuerda a un Deryl tímido y dulce, un joven de 16 años parado en una silla del restaurante Bubba Gump, ruborizándose mientras camareras le cantaban "Feliz cumpleaños". Sólo por la gracia de Dios la familia logró salir adelante el año anterior", dice. La gracia de Dios y una clara convicción: "Deryl no es racista".
El otoño boreal pasado, el semanario Jackson Free Press habló con estudiantes negros que conocieron a Dedmon, y encontró confusión sobre el cargo de crimen motivado por el odio. "No me parecía racista", afirma Lagarrin Watson, un estudiante negro de último año que en ese momento tenía una novia blanca. "Nunca vi ninguna señal de racismo", añadió Brandi Henson, una estudiante mestiza de último año, que invitó a Dedmon a comer pizza la semana antes de que atropellara a Anderson. "Deryl fue siempre amable conmigo".
Escuché lo mismo de los chicos negros en el lavadero de autos. "No se comportan como racistas conmigo", dijo uno. "Nunca tuve problemas con ellos", añadió el otro.
Para comprender esta paradoja es importante entender algo sobre la comunidad misma. Brandon tiene una historia racial tan oscura como cualquier condado de Misisipi; en la década de 1960 fue un semillero de defensores de la supremacía de los blancos, hogar de una organización que comparó la llegada del primer estudiante negro a la Universidad de Misisipi con las primeras bombas de Pearl Harbor. En 1970, comisarios locales golpearon a un trabajador de derechos civiles negro, y le introdujeron un tenedor por la nariz. Hoy, Brandon es hogar de blancos que huyeron de Jackson cuando se dejó de practicar la segregación racial.
Brandon es ahora un pueblo mixto en un estado donde aún se practica la segregación. Más de uno de cada cuatro estudiantes del alma máter de Dedmon, la Brandon High School, es negro, y no existen barreras raciales claras entre sus grupos sociales. En la fiesta de Trevor la noche del homicidio, Dedmon y los que el Estado califica como sus "conspiradores conjuntos" también compartían el espacio, y la cerveza, con cuatro o cinco chicos negros. Pero mientras los blancos y negros se mezclan en los eventos deportivos de la escuela, sus padres se dividen en las gradas según el color y el grupo.
Esto mismo ocurre en el Río Pearl, que separa a Brandon, relativamente blanco y adinerado, del empobrecido oeste de Jackson. Perez, del Departamento de Justicia, dice que el caso de Dedmon se relaciona con adolescentes blancos que "convierten a afroestadounidenses vulnerables en objetivos... por el color de su piel". Afirma que "la frase ‘homicidio perpetrado por una persona de corazón depravado’ es una definición precisa" del crimen.
Lo es, y no lo es. En la versión contada por el círculo social de Dedmon, el odio racial no los llevó a Jackson tanto como el aburrimiento y la agresión de borrachos, mezclada con indignación moral ante la pobreza en el área del Metro Inn. Sí, las personas del lugar son negras casi en su totalidad, y los adolescentes blancos los llaman "niggers". Pero eso tiene más que ver con su condición social que con el color de su piel. "Blanco, negro, rojo o amarillo, me da lo mismo", dice uno de los chicos del lavadero de autos, que no fue a Jackson aquella noche, "contra lo que sí tengo prejuicios es contra la estupidez".
A finales del mes pasado Dedmon se declaró culpable por los cargos de homicidio y crimen motivado por el odio, y fue sentenciado a dos cadenas perpetuas. El juez Jeff Weill Sr. puso el crimen en términos históricos, recordando el caso del Misisipi en llamas de 1964. Al día siguiente, Dedmon, Rice y Butler se declararon culpables de conspiración. Una rápida justicia, un claro acuerdo de reducción de pena, y aun así ha habido una reacción de indignación a ambos lados. Los negros quieren saber por qué no han sido acusados otros chicos en la escena; los blancos sienten que son ellos quienes reciben el trato injusto.
Lo que ocurrió provoca escalofríos incluso entre los compañeros de Dedmon, y para su seguridad, él se encuentra en aislamiento. Pero uno de sus compañeros no acusados sigue estudiando en la secundaria Brandon, sin temer un contragolpe de los estudiantes negros.
En mi última noche en Misisipi, conduje hacia Jackson con Trevor y tres de sus amigas. Durante el viaje se hacían chistes incómodos sobre cómo nuestro viaje coincidía en parte con el de Dedmon. Nos dirigimos a un club del centro de la ciudad, donde nos reunimos con un chico negro llamado J. que conoció a Dedmon y era uno de los mejores amigos de Rice. La noche del crimen J. estaba bebiendo con sus amigos en otro condado. Ahora le duele no haber estado presente. "Si hubiera estado ahí —dijo, mientras nos terminábamos las cervezas en el estacionamiento—, nada de esto habría ocurrido".
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