ELArgentino
imprimir

Por Luis Rivera

El paradigma Gimnasia

24-04-12 / 

Gimnasia es un club difícil. Los últimos años han sumido a sus hinchas en una serie de acontecimientos duros de entender y mucho más de asimilar. La propuesta de autodestrucción fue llevada a cabo con tanto orden y ahínco que llegar al objetivo fue cruelmente determinante: el equipo está en la Primera B Nacional y la institución tiene más deudas que socios.

En ese contexto, la política deportiva ha sido errática siempre desde que Carlos Griguol se alejó, hasta que un golpe del destino puso dos veces a Pedro Troglio como entrenador y eso alejó los peores fantasmas y alentó expectativas de vida. Antes y después, siempre pasos en falso, apuestas descabelladas, llaves del club entregadas a los entrenadores de turno, fortunas gastadas en contratos perecederos, pérdida permanente de patrimonio, jugadores despreciados que luego triunfan puertas afuera…

El caso testigo se llama hoy Pablo De Blasis. El jugador, tripero de alma por mandato familiar y decisión propia, reclama ahora como jugador profesional lo que cree justo para su carrera profesional. Gimnasia, por su parte, ofrece lo que también considera justo. Esa negociación aparece empantanada por el momento, ya que ambas justicias no llegan a darse la mano.

El habilidoso rubio tripero está, en consecuencia, a días de quedar libre, pudiendo irse a ganar buen dinero adonde su carrera lo lleve, pero seguramente no donde él desea: en Gimnasia.

La pregunta que cualquiera podría hacerse es por qué si quiere tanto al club no rebaja sus pretensiones. El mismo interrogante podría plantarse en otros términos: ¿Por qué Gimnasia no cuida su patrimonio, lo disfruta ahora y lo explota económicamente luego?

En toda negociación, siempre es un riesgo pararse en una vereda cuando uno no participa de la misma. Las versiones oficiales suelen ser siempre parciales. Pero en este caso puntual, hay un elemento de peso: el propio De Blasis ya ha dado muestras sobradas de su pertenencia al club cuando hace dos años vino en mano a entregarle al entonces presidente Walter Gisande el pase que el club, por un error administrativo, había olvidado de renovarle. Entonces, el jugador le entregó en mano, con su firma, un valor no menor al millón de dólares, cifra que la Sampdoria de Italia estaba dispuesta a pagar un tiempo antes cuando desde la calle 4 le dijeron que no.

Hoy, De Blasis reclama lo que cree justo. Con aquel antecedente, ¿es justo pensar en una actitud egoísta o mezquina del jugador?

Por el contrario, ¿hay que creerle a rajatabla a un club que en los últimos tiempos perdió increíblemente a Ignacio Piatti, Juan Neira o Denis Stracqualursi; que regaló entre gallos y medianoches a Fabián Rinaudo, Lucas Castro o Luciano Aued; o que apostó a nombres inconcebibles como Joel Carli, Walter Jiménez, Hernán Encina, Boris Rieloff o Germán Pacheco?

No se trata de encontrar buenos o malos, más allá de que la precariedad mediática y las versiones oficiosas se ufanan por hacerlo. Con mucha premura, dirigentes y amigos del poder se encargaron de hacer circular que el jugador pide mucho dinero o en su defecto una porción del pase a futuro.
Gimnasia institución se encuentra así en una disyuntiva: resigna “esa porción de De Blasis” y lo cuenta para su proyecto futuro; o bien pierde el 100% y sale a buscar un reemplazo con dinero que por cierto no tiene.

¿Qué le conviene más? Si el tema se plantea en términos de negocio, ¿no es mejor tener el 70% de algo para recuperar que la nada misma?

Mientras tanto, lejos del dinero y de los intereses que se mueven entre empresarios y dirigentes, De Blasis encarna perfectamente el sinsentido del semillero tripero de los últimos años.
Acostumbrados a ver cómo llegan profesionales de medio pelo en los que se dilapidan fortunas y se van un tiempo después sin pena ni gloria, a este goleador de varias categorías de Inferiores y figura de la Reserva, lo mandaron al destierro de Ferro. Para dejarlo ir, lo obligaron a resignar una deuda ¡de primer contrato! En Caballito lo olvidaron. Literalmente. Tan es así que el jugador vino a La Plata a devolverles el pase que por ley le correspondía y la ineficiencia de los dirigentes había descuidado.

La oportunidad para este pibe llegó en el fondo del abismo: con Gimnasia en la B y gracias a una serie de infortunios de sus compañeros. Desde entonces, fue útil a la causa tripera, jugando con todo lo que tiene. Y ha contribuido, como otros tantos, a que todavía haya un margen de esperanza.

Pero parece que como viene sucediendo todo en Gimnasia últimamente, todo será a pulmón. Nadie le dará nada fácilmente. Es el caso de los Monetti, Magallán, Casco, García, Benavídez. Ponen la cara ahora, en el peor momento, cuando otros arrancaron las fortunas que impiden que hoy le den a ellos por lo que creen que valen.

De Blasis será, al fin y al cabo, el paradigma Gimnasia: un pibe que se hizo bien de abajo, al que postergaron una y otra vez, que tuvo un gesto de enorme dignidad para con el club y que ahora, apenas reclama algo para sí mismo, lo mandan al escarnio público. No sería descabellado pensar que si no llega a un acuerdo, lo tilden de traidor para tapar fracasos propios.

Un amigo decía con resignación hace unas horas: “Si hay alguien que representa la ingratitud hacia un pibe de inferiores, ése es De Blasis. Socio al minuto del Lobo, hincha del club, regala su pase y ahora lo quieren poner como un hijo de puta. ¿Cambiará algún día esto?”.
Mi respuesta fue de tres palabras: el paradigma Gimnasia.



Url: http://www.diagonales.com/Content.aspx?Id=179262
imprimir
ElArgentino.com - © Copyright 2008. Todos los derechos reservados.