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Por Lucía Zapata

Las mujeres que hablan de fútbol, en el fútbol

07-05-12 / 

Celebramos cada espacio ganado, sea en el terreno que sea. Y el fútbol fue uno más donde (siempre con resistencia, claro está) las mujeres nos fuimos abriendo camino.

Cuando recién iniciado 2012 empezaban los campeonatos –sí, en plural porque además de ver el de primera con la familia seguimos al Lobo en el lugar que esté- se hablaba de la incorporación de un cupo femenino a la transmisión de los partidos en el Fútbol para todos. Se concretó y se festejó, de este lado al menos, el otro no se debe haber alegrado mucho, pero ese es otro tema.

Las fechas fueron pasando, las elegidas se fueron desempeñando en sus roles de comentaristas -sea desde la cabina o en el campo de juego- y las opiniones aparecieron. ¿Qué pasó? (o, mejor dicho, ¿qué me pasa cuando las veo y escucho?) Siento que si queremos demostrar que sabemos de fútbol y que estamos capacitadas para dar nuestra opinión, en primer lugar debemos hacerlo con convicción.

En el caso particular de quiénes están en pantalla, considero que por algo fueron elegidas y ocupan el lugar que están ocupando. Es por eso mismo que no pretendo criticar su desempeño, pero sí dar mi opinión como mujer de cómo veo a otras mujeres. Elegí no mencionarlas y no por cobardía, más bien porque la alusión a ciertos aspectos de sus desenvolvimientos referirá (a mi entender) a ellas.

Una de las cosas más llamativas que hace cada vez que opina, es sostenerse en lo que antes dijo uno de los hombres: “Como dijo ‘fulanito’ creo que, opino que, me parece que…” como si eso le otorgara una garantía a lo que ella -que es mujer- va a decir. Lo digo, y como lo dijo en primer lugar un hombre, no voy a quedar mal o meter la pata. Como sí, por haberlo enunciado un hombre antes, tuviera más valor y, al reforzar esa idea, la tarea estuviera cumplida. Para nada. Si comentás, lo hacés desde tu propia observación (que obviamente puede coincidir con la del hombre) y conocimientos, sin necesidad de sostener lo que estás exponiendo con una referencia a una apreciación anterior.

Otra: el hecho de ser comentarista no está necesariamente asociado a la intervención permanente. Hablar a cada instante, jugada tras jugada, provoca un agotamiento auditivo y cierta irritación. Cantidad no es calidad, por eso en determinadas ocasiones es preferible acotar las participaciones. No son una demostración de sabiduría los apuntes constantes.

En ocasiones no es tanto lo que se dice, sino el cómo se dice. Decorar o rellenar cada acotación con más palabras para que produzca un efecto al estilo “¡qué largo e importante lo que está diciendo!” se transforma en un tipo de comentario empalagoso. Interpretar las jugadas que se ven por tele y llevarlas al lenguaje oral con más simpleza (sin que esto quite calidad a lo que se está diciendo) podría resultar más atractivo y práctico. En este sentido, me niego a pensar que este mecanismo de embelesar y sobrecargar las citas apunta, en particular, a atraer a las chicas que de vez en cuando se prenden a un partido y quizás no entienden tanto. Si se pretende llegar a través de ese largo camino de engolosinamiento a una cantidad menor de espectadoras en detrimento de aquellas que periódicamente ven fútbol, no se puede acotar mucho más. En cambio, si esa manera de comentar está vinculada al estilo de la comentarista y la comentarista fue elegida para estar ahí, tampoco vale decir más nada… ya será elección de cada cual dejar el volumen en off y prender la radio.

Para seguir ahondando desde el lugar de espectadora, las contribuciones que llegan desde el campo de juego son ágiles y, aunque casi siempre informativas, acertadas. Acá también se podría apuntar que el hecho de no arriesgarse a la opinión equivale a menos probabilidad de quedar en evidencia frente a las cámaras, si es que se llega a cometer algún error. O tal vez dedicarse a cumplir el rol con intervenciones concisas y precisas es efectivo y por eso lo eligen, a diferencia de la otra vereda, o de quien está en cabina, cuya glosa no descansa.

Insisto en que significa un avance para la platea femenina tener representantes en este ámbito, pero eso no implica algún tipo de conformismo con haber ocupado el lugar y quedarse en eso. Acertarían con alguna revisión del desempeño y autocrítica, para continuar con el progreso.

(Redactora de Diagonales.com / @zapatalucia)



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