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"No juego al tenis por placer"

29-04-12 / 

Martín Jaite, capitán argentino de la Davis, admite que nunca disfrutó del deporte como jugador y que ahora en su nueva etapa cambió la filosofía. La influencia de sus padres psicólogos en su trabajo.



Por Denise Tempone - Fotos: Juan Vera

Cuando era chico, Martín Jaite pasaba horas en su cuarto, encerrado, jugando al tenis contra Jimmy Connors. Cada raquetazo que daba lo llevaba a una nueva gloria y en la gran imaginación que había en su pequeño cuerpo, se consagraba una y otra vez frente a los más grandes del mundo. Sin embargo, después, cuando alguien le preguntaba qué haría de grande, él revelaba con orgullo su verdadera vocación: kioskero. Por alguna razón, la vida no le prestó atención a su fantasía más realista y le dio todas las cartas para que jugara su delirio infantil en las más altas ligas.

1984 lo encontró jugando contra Connors, frente a la leyenda del tenis, pero no lo disfrutó. Hoy, mirando hacia atrás, puede confirmar sin tapujos que no lo disfrutó en "lo mas mínimo". Probablemente, confiesa, ni siquiera reparó, en ese momento, en la clara correlación entre lo que había soñado y lo que estaba viviendo.

"Simplemente, no supe disfrutarlo", repite con algo de arrepentimiento. Esa incapacidad de gozar de sus logros marcó su década como tenista, aun a pesar de los doce títulos ATP que logró en categoría individual y su consagración como top ten en julio de 1990.

Hoy, a pocos días de lograr el pase a semifinales de la Copa Davis como capitán del equipo argentino y luego de haberse desempeñado como entrenador de jugadores como David Nalbandian y Gastón Gaudio, está seguro de tener otra filosofía. En eso, no sólo se basó su charla en el ciclo de conferencias TEDx, sino también su charla con 7 DIAS.

-Fuiste un referente de los ‘80, muchos querían ser como vos y sin embargo, vos la pasabas mal...

-Sí, suena loco, pero es así. Me di cuenta que estaba bueno lo que había hecho una vez que lo había hecho. En el momento estaba muy arrastrado por la vorágine y muy preocupado por ganar. Siento que me perdí muchas cosas por esa razón y en esta nueva etapa, estoy dispuesto a que eso no me pase. Ser capitán argentino del equipo de la Davis es también un sueño hecho realidad y voy a disfrutarlo esta vez.

-¿Cómo se manifestaba esa incapacidad de disfrutar en lo concreto?

-Había días en que antes de salir a jugar, minutos antes del partido, me quedaba dormido, planchado en vestidores. Aunque físicamente estaba en un punto óptimo, en mi cabeza estaba agotado, me maquinaba tanto que terminaba destruido. Este es un deporte muy individualista que no te deja parar a pensar. Si paraste, fuiste. Entonces vos vas siguiendo, vas siguiendo, vas siguiendo y en un momento te das cuenta que se te pasó gran parte de la vida corriendo atrás de la pelota. El profesionalismo te lleva a encerrarte en una burbuja y a aislarte de lo que está pasando a tu alrededor.

-¿Cómo les transmitís esas experiencias a los jugadores que entrenás?

-A veces los veo tan asustados, tan ensimismados. Lo único que me interesa es decirles, "deténganse cinco minutos, miren hacia arriba y por favor, respiren". La respiración me parece importante porque cuando yo estaba en esa posición, el solo hecho de respirar se me hacía arduo. No podía respirar del miedo. Hoy les digo a los chicos: "miren esto, son parte de una elite de excelencia mundial, cuarenta mil personas pagaron por verlos, se ganan la vida con lo que aman. Disfruten". Mi objetivo es lograr que ellos se den cuenta de que esto no va a durar para siempre. Por más que ahora parezca lo más grave del mundo, es una etapa muy corta y si se la pierden, listo, se la perdieron. Es como que te vas de viaje y sacás una foto sin ver nada. Cuando volvés decís "¿yo estuve en ese lugar?". Seguramente en el momento no parecía tan lindo. Se aplica a los tenistas, pero se aplica para todos. Hay que valorar más las cosas.

-¿Qué importancia tiene el contacto corporal jugador-entrenador en este contexto?

-Muchísimo. A veces hasta un punto en que puede parecer ridículo, o rarito (risas). Recuerdo que con Gaudio caminábamos por los recintos abrazados, o peor aún, de la mano. Con una mano me agarraba a mí y con la otra firmaba autógrafos. No me soltaba ni que lo estuvieran matando. Hasta entrábamos a la cancha de la mano. Mariano Zabaleta es así también, por eso es mi socio. Siempre fue tan importante para mí el contacto corporal que incluso llegué a pensar de dónde vendría esto. Recordé que cuando era chico iba a una escuela, llamada La Escuela del Sol, en la que priorizaban mucho el contacto humano. Yo crecí siendo un niño muy feliz, creo que viene de ahí.

-¿Siempre te autoanalizaste con esa profundidad?

-(Risas.) Mi papá es psicoanalista y mi mamá, psicóloga. Algo sé.

-Hoy los jugadores son más celebridades que antes y ganan más, ¿complica más los entretanamientos?

-Uno pensaría que sí, pero en realidad, no. Es cierto que están con el Twitter, con el Facebook y todas esas cosas que yo no entiendo. Pero ellos lo tienen bien asimilado, no es algo que los desequilibre.

-¿Qué es lo más difícil de lograr siendo entrenador en estos niveles?

-Lo primero que hay que lograr es que el jugador te crea y confíe, eso es una cuestión de piel. En mis dos experiencias traté de ser muy simple. Creo que el tenis no tiene muchos misterios, es simple. Y tanto con David (Nalbandian) como con Gastón (Gaudio) traté de hacerles ver esto y les dije que jugaran tranquilos adentro de la cancha. También hay que tener suerte. Si una indicación del entrenador da buenos resultados, suma mucho. Con ambos tuve esa suerte. A David lo agarré cuando estaba bajo en su nivel y ya en el primer torneo tuvimos buena química. Cambiamos un par de cositas en su juego que dieron resultados y eso a él le generó confianza. Pero, básicamente, me acercaba a los dos con franqueza y simpleza y creo que creyeron en lo que yo tenía para decirles.

-¿Te llama la atención que jugadores como Pico Mónaco estén alcanzando su plenitud o sigan creciendo a una edad en la que vos te retiraste?

-Bueno, no es tan raro eso. Los jugadores latinoamericanos nos desarrollamos más tarde por la simple razón de que estamos más lejos de todo y nos toma tiempo insertarnos.

-¿Jugás de vez en cuando por placer?

-No juego nunca. Solamente juego para la Davis o si trabajo en eventos corporativos, pero por placer no. El tenis fue una forma de vida que me gustó mucho tiempo pero ahora ya no. Me cansé de la competencia, de la búsqueda de excelencia; no sé, todavía no le encuentro bien la respuesta. Lo único que sé es que desde el último entrenamiento, prácticamente no volví a jugar.



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