El dolor,
Las máscaras y
Desapariciones son los nombres que eligió la fotógrafa santafesina radicada en La Plata Helen Zout para bautizar tres de sus muestras. En ellas, la artista ofrece su mirada sin realizar ningún tipo de concesiones. No propone intermediarios. No los necesita. Ni necesita advertirnos nada, no obstante a esto, el recorrido por las distintas series estremece, uno no vuelve a ser el mismo, imposible no desarmarse.
“La lente de Helen Zout es implacable. Cómo fue la vida en la desaparición. Una sociedad argentina que hace desaparecer o permite desaparecer. No hay ninguna demagogia en las imágenes. Es así. Sin poesía, sin sueños. Blanco y negro. Todo el terror de los rostros ya sin esperanzas. El Circuito Camps en el rostro de Nilda Eloy, sobreviviente. Jorge Julio López sobreviviente de ayer y desaparecido de hoy. Su rostro que no quiere ver, que no quiere mirar, como si supiera que aparecido ayer significa en la Argentina desaparecido hoy. No quiere mirar. No hay escapatoria. Frente al verdadero rostro del represor de siempre y la luz y las sombras lo convierten en un monstruo, su verdadera identidad, el monstruo, que no es un adjetivo, es así, el monstruo torturador de uniforme. El espantajo. El esperpento uniformado. El hipócrita total. La totalidad de la hipocresía más abyecta. El rostro del torturador escondido por sombras, luces y efectos de la Etica traicionada hasta el punto final. De pronto la madre invencible. Frente al rostro del desaparecedor, la nobleza de la madre del desaparecido. El dolor no lo expresa. Pero se ve en sus ojos, en el dibujo de su boca, aquella boca que besó a su niño al nacer, al crecer, al despedirlo. El rostro materno que jamás se dará por vencido y perseguirá con sus ojos al desaparecedor por los siglos de los siglos. A las fuerzas armadas argentinas, a su policía y a todos sus cobardes secuaces civiles, ávidos, mandrias desde su nacimiento hasta su muerte. Sus tumbas estarán siempre en blanco, siempre en blanco. Mandrias. Ya está”, escribió el escritor Osvaldo Bayer en torno a
Desapariciones, un recorrido fotográfico que a la artista le demandó 10 años.
–Al mirar las tres series de fotografía, internamente uno cree encontrar un hilo conductor. ¿Cree que es así?
–Todos esos seres podrían decir: Estoy acá, ¿me ves? En realidad estuve siempre. Solo hacia falta que detengas tu mirada, bajes tu acelere, me puedas percibir, te puedas conmover, sacudas tu humanidad y tomes conciencia de que estoy y estamos acá y que todo depende de un instante. Te propongo que aunque sea me mires a los ojos. Por vos y por mí. Porque somos un espejo. ¿Te querrás mirar en mí?
–¿Cuál es el punto de partida de una muestra? ¿Se obtienen los registros pensando en una muestra o esto llega después?
–Sí y no. No creo en anteponer el deseo de hacer una muestra, un libro, o vender una foto, antes que el deseo de hacer algo genuino. No creo sinceramente que funcione y si funciona es efímero, superficial y de poco valor verdadero. Estamos hablando de mirar en perspectiva y de trabajar en función de toda una vida. Y de darle un sentido a esa vida que es la única que tenemos ciertamente. Entonces, ¿qué sentido tiene dar pasos en falso? Eso sí, quien hace algo profundamente y con sentido no le creo si me dice que no quiera nunca mostrarlo alguna vez, o hacer un libro o vender una foto. Pero acá sí que el orden del sentido altera el producto.
Zout llegó a La Plata para estudiar antropología, y en sus registros fotográficos parece en cierto punto pesar tal perspectiva. ¿Cuánto influye en su mirada, a la hora de capturar el “instante”, el haber pasado por esa carrera?
–Siempre me costo aceptar el mundo tal cual como esta. La antropología, la fotografía, y todo lo que hice hasta ahora es una manera de cuestionar y poner en valor estético y visual lo que no puedo aceptar y querría mostrarles a otros a ver lo que sienten y piensan.
–¿Cuánto puede decir una buena foto?
–Afortunadamente hay mucha gente que dice, uy esta mina piensa o siente como yo, es una manera de comunicación y de sumar voluntades. Es una herramienta silenciosa y eficaz de cambiar el mundo. Yo creo en los gestos mínimos. Si sumamos los gestos mínimos de cada ser humano se convierten en gestos de multitudes. En revoluciones culturales sin necesidad de violencia. Revoluciones, mínimas y cotidianas. Revoluciones y cambios tangibles. Acá, vos y yo cambiemos algo que nos molesta y digamos porque Hablemos también de lo bueno que esta pasando y reafirmemos la convicción. Sin olvidarnos que siempre vamos por mas.
–Existe una mirada objetiva a la hora del encuadre o al elegir qué se recorta se convierte en una mirada subjetiva?
–No creo en la objetividad. Todo encuadre toda foto todo acto u opinión tiene una intencionalidad. Hay fotos que cuando las saco digo acá esta! Y otras que las descubro mirando los contactos o los escaneos. No hay recetas. Pero cuando estoy haciendo una toma a veces siento queme pierdo a través del entusiasmo y parece que tiempo y espacio dejan de existir. Ese es un buen síntoma. El retratado, la cámara y el fotógrafo, todo en una misma línea de concentración. Ese es un momento preciso.
–Bayer destaca sobre Desapariciones que no hay concesiones, ¿cómo se toma una decisión como esa?
–Respecto a lo que dice el querido Osvaldo Bayer creo que él capto algo que hace poco pude traer a mi conciencia. Creo que lo mejor de mi esta en las fotos. Es equiparable al empeño que puse en la educación de mis hijos. Se que ahí no se jode. Eso es realmente serio e importante. Uno se puede equivocar pero será pensando que hiciste lo mejor. Esas dos cosas son lo mejor que hice en mi vida. La educación de mis hijos y la creación de mis fotos, en ese orden. Ambos son hechos profundamente creativos. Es lo que dejo para proyectarme en este mundo. Otro punto es que los temas graves son graves. No acepto ponerles una mascarilla de nostalgia dulzona o de decirle a un pibe que esta sufriendo nene sonreí para la foto.
–¿Cómo ve la actual política de Derechos Humanos?
–La política de Derechos Humanos en cuanto a los juicios a los genocidas es altamente reparadora. Se avanzo y se logro muchísimo, y seguramente, se seguirá profundizando. Creo que estamos protagonizando cambios muy profundos y significativos en nuestra sociedad. Vuelvo al punto anterior donde enfatizo en los cambios profundos y significativos pero también en creo en los cambios en cada uno de nosotros. No hay nada peor que acostumbrarse. Esta bueno mantener siempre un espíritu positivo y critico a la vez. Eso para mí es la verdadera juventud. Lo demás es sanata.
Flavio Mogetta