jueves, 17.05.2012

La conversación interrumpida ayer nomás

Espectáculos /  El escritor Guillermo Saccomanno en entrevista con Diagonales habla de su último libro Un maestro. Una historia de lucha, una historia de vida y de esas cosas de la vida.
17.12.2011 | 19.43 Comentar   |   FacebookTwitter

Telam

Por “esas cosas de la vida” uno les pierde la pista a algunos de sus amigos, sin saber en qué momento exacto comenzó a darse el desencuentro. Por el contrario en el caso del escritor Guillermo Saccomanno y su amigo Orlando Balbo, justamente la pista fue lo que dilató el reencuentro. Porque lo último que supo el escritor de Nano, es que lo habían desaparecido en los primeros años de la dictadura militar y sin más lo dio por muerto.
Pero tiempo después en una feria del libro en San Martín de los Andes, mientras firmaba libros, se acercó un maestro que le mandó saludos de parte del Nano Balbo. Y en ese momento, o quizás un poco después en el reencuentro, cayó en la cuenta como nunca antes de que todos esos años de la dictadura y sus consecuencias forman parte de “esas cosas de la vida” para toda una generación.
Cuatro años después del encuentro, el escritor presenta el libro Un maestro. Una historia de lucha, una historia de vida que surge del reencuentro con ese amigo que conoció en 1969 durante la colimba en un cuartel de la Patagonia y con el que se las ingeniaba en ese contexto para debatir sobre política. Cuenta el escritor que “habré terminado el libro hace menos de un año. Marzo aproximadamente, coincidiendo con el aniversario del golpe militar, el mismo día que se cumplía también el aniversario del secuestro de Nano. El 24 de marzo del ´76 por la mañana en Neuquén capital. Estuvimos trabajando en la construcción del relato durante alrededor de tres años. Primero lo grabé y regrabé. Después le dí un orden cronológico a las respuestas y más tarde les busqué la coherencia de una primera persona procurando replicar su voz, su registro, la manera de contar que él tiene.”
Luego de la colimba, Nano se convirtió en maestro y ejerció como educador de la Universidad de Comahue a cargo de experiencias de educación para adultos inspiradas en la teoría de Paulo Freire. La mañana del 24 de marzo fue secuestrado por un grupo de tareas encabezado por el represor Guglieminetti y brutalmente torturado en la comisaría de Neuquén. Durante dos años de detención clandestina sufrió torturas en las que perdió gran parte de su audición pero ni una pizca de su entereza. Gracias a la influencia del obispo progresista Jaime de Nevares logró la libertad bajo la condición del exilio y según explica Saccomanno en un artículo para Radar Libros de Página 12 en Roma fue empleado como tutto fare en el Vaticano. Integró los grupos que difundían las atrocidades de la dictadura y luego bajo la protección de Amnesty International formó parte de un colectivo de cien ex prisioneros de dictaduras de todo el mundo que fueron estudiados para analizar los efectos de la tortura en víctimas. Mientras tanto la sordera de Nano avanzaba paulatinamente y los pronósticos no positivos.
De regreso a la Argentina, a pesar de que le ofrecieron varios cargos políticos, no aceptó ninguno y retomó su pasión encarando una experiencia educativa en la comunidad mapuche de Huncal donde lejos de alfabetizar dogmáticamente, se centró en las necesidades de la comunidad. Es decir, invirtió el mecanismo pedagógico tradicional.
El propio protagonista de la historia fue quien le relató estas experiencias y tantas otras al escritor como quien retoma una conversación interrumpida. Guillermo cuenta que “cuando supe que el Nano estaba vivo fue lógicamente una conmoción. Y lo primero que hice fue tratar de conectarlo vía mail. Apenas nos escribimos tuvimos los dos la sensación de retomar una conversación interrumpida ayer nomás. Al escuchar las experiencias por las que había pasado el Nano en las décadas que nos vimos, experiencias que incluyen la enseñanza, el secuestro, la tortura, la prisión, el exilio, la pedagogía en una comunidad mapuche y después la lucha gremial de los docentes, supe que ahí había una historia y que si bien era una historia íntima, era a la vez colectiva. Porque era la experiencia de una generación.”
Saccomanno logró rescatar tanto los hechos como el arte con el que el maestro contaba su vida, logrando que este libro sea el menos literario en su carrera pero al mismo tiempo en el que alcanza su ideal de lo que la literatura debe ser. Según el autor a pesar de los distintos caminos recorrido “Las afinidades entre el Nano y yo eran y son muchas. Somos hijos de padres militantes, ambos nos iniciamos tempranamente en la política. Habíamos compartido una experiencia que marca, una colimba durísima en Junín de los Andes y luego, por caminos diferentes, habíamos coincidido en enfoques ideológicos que hicieron a nuestra práctica intelectual. Y si bien creo que existen diferentes miradas e interpretaciones. No se puede hablar de una generacional, porque sería parcelar la interpretación de la historia. La cuestión esencial que siempre se termina debatiendo es cuánto hubo de acierto y de infantilismo en la lucha armada. Esa discusión todavía sigue vigente. Es una discusión sobre el aventurerismo político y también sobre la construcción colectiva. Traté de mirar de frente los 70, con sus contradicciones, sus esperanzas y quiebres. En el caso del Nano, su vida me resultó “ejemplar” en términos éticos. Un caso poco frecuente de coherencia entre pensamiento y acción, entre la palabra y el acto.”
El escritor
Aunque más conocida, la historia de Saccomannono no es por eso menos interesante. El escritor nació en Buenos Aires "en el límite entre Floresta y Mataderos" en 1948. Fue creativo publicitario y uno de los guionista de historietas más renombrados que trabajo con Carlos Trillo antes de largarlo todo, incluso la carrera, para dedicarse exclusivamente a la literatura. El hombre que sostiene que en algún momento uno tiene que jugarse por lo absoluto hace más de una década fijó residencia en Villa Gesell escapándose de Buenos Aires y su locura donde lleva una vida austera que según él le permitió desintoxicarse y dar lugar a la prosa de la restricción. (Como en su literatura el escritor no tiene ni televisor, ni auto y ni nada que lo distraiga de sus lecturas que ahora puede disfrutar)
Sin embargo el autor de Bajo bandera (Planeta, 1991), Animales domésticos (1994), la trilogía sobre la violencia compuesta por La lengua del malón (2003), El amor argentino (2004) y 77 (2008)  entre otros y de la novela El oficinista (Seix Barral, 2009) que recibió el Premio Biblioteca Breve Seix Barral a partir del encuentro con Nano se movilizó hasta Neuquén en una especie de aventura literaria “Gesell es mi lugar de trabajo y escritura. Pero en este caso puntual también lo fue Neuquén. Viajé varias veces a Neuquén. Recorrí los lugares por los que el Nano anduve. Necesitaba conocer ese territorio, respirar su atmósfera para encontrarle una fidelidad Una historia de vida.” Y vaya si la encontró.

Daniela Camezzana

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