jueves, 17.05.2012

Novelas (y buenas) para leer en verano

Espectáculos /  Tres muy buenas obras, en un formato práctico para que el lector pueda llevarse de vacaciones o leer en el jardín: La intromisión de Muriel Spark, En la pendiente de Markus Werner y El hombre del acordeón de Marcio Veloz Maggiolo.
05.01.2012 | 19.29 Comentar   |   FacebookTwitter
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Por Carolina Sirio

Llega el verano y las tan ansiadas vacaciones. Al contar con más tiempo libre y con menos presiones, es un momento ideal para entregarse a la lectura placentera de alguna novela. El problema es elegir el título. La oferta literaria de ficción es tan grande que bucear entre las distintas propuestas hasta encontrar con cual quedarnos, puede ser una misión que ocupe un gran rato. Además, contrario a una creencia que parece instalada, la lectura de verano no tiene que ser de textos banales o de baja calidad literaria. Se puede apostar a buenos libros cuya condición “veraniega” sea ser de un tamaño acorde para que pueda ir y venir en la mochila o el bolso de playa. Por eso Diagonales.com propone tres muy buenas novelas en un formato práctico para que el lector pueda llevarse de vacaciones o leer en el jardín: La intromisión de Muriel Spark, En la pendiente de Markus Werner y El hombre del acordeón de Marcio Veloz Maggiolo.

Una chica en busca de su destino. La escocesa Muriel Spark escribió su novela La intromisión en 1981 pero la ambientó treinta años antes, en el Londres de posguerra. De manera indirecta la historia está anclada en su propia vida –lo que no quiere decir que tenga muchos datos autobiográficos–, en lo que experimentó cuando ella también era pobre y todavía una escritora desconocida.
Muriel Spark nació en Edimburgo el 1º de febrero de 1918. Recién casada, partió hacia Rodesia (actual Zimbabwe), donde tuvo un hijo. De vuelta en Gran Bretaña, durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para el Foreign Office en el Departamento de Inteligencia. Comenzó su carrera literaria como poeta y biógrafa de Mary Shelley, en una época en la que pasaba por grandes penurias económicas. Graham Greene la ayudó por un tiempo con una pensión alimentaria para salvarla de la miseria, con la condición de que nunca le diera las gracias ni rezara por él. Su suerte empezó a cambiar en 1950, cuando ganó un prestigioso concurso de relatos en The Observer. De madre anglicana y padre judío, se convirtió al catolicismo en 1954. Con la novela La plenitud de la señorita Brodie (1961), llevada al cine y al teatro, alcanzó el éxito. Le siguieron más de veinte obras. En 1993 recibió el título de Dama al Servicio del Imperio Británico. Después de trabajar un tiempo para la revista The New Yorker, decidió retirarse a un pequeño pueblo de la Toscana, donde vivió y escribió hasta su muerte, el 13 de abril de 2006, a los 88 años.
“Que maravilloso es ser una mujer y una artista en el siglo XX”, declara Fleur Talbot, la heroína de esta novela, que de día trabaja redactando biografías secretas que se guardarán bajo llave durante 70 años y de noche consuela a la esposa de su amante, mientras escribe su primera novela y todo le sale mal.
Fleur obtiene un puesto en la Asociación Autobiográfica, al mando de sir Quentin Oliver, viejo snob que recluta a un grupo de excéntricos con ansias de escribir sus aburridísimas memorias, creyendo que de esa manera la existencia se volverá más interesante. Fleur encuentra allí inspiración para su libro mientras cumple con la tarea de pulir y embellecer las biografías. Los acontecimientos se invierten misteriosamente: la ficción toma el mando y la vida de los socios se empieza a parecer más y más a la de los personajes de la novela. ¿Tendrán el mismo final desafortunado que la autora eligió para sus personajes?
Esta novela fue publicada por Emecé de Argentina hace ya varias décadas con el título de Vagando con intención, Laia de España la reeditaría como Merodeando con aviesa intención y, ahora, La Bestia Equilátera la presenta como La intromisión.

La historia dominicana al son del merengue. “Todos los personajes de este relato son verdaderos, menos el autor”, aclara el dominicano Marcio Veloz Maggiolo antes de las primeras líneas de El hombre del acordeón, novela donde cobran protagonismo el merengue, música épica de la República Dominicana, y sus intérpretes, los cantores de la vida rural.
Con la poesía es una parte importante de la narración, El hombre del acordeón (editada por Siruela) nos introduce en el mundo mágico de la frontera que, a la vez que separa, une Haití con la República Dominicana, única isla con dos repúblicas en su seno y espacio de intercambio vital, en el que los llamados rayanos comparten dos culturas, dos creencias, dos modelos de vida. Entre el misterio brutal y lúdico de las galleras, de las creencias haitianas y dominicanas, el hombre de los merengues, personaje del recuerdo, vive la ruralidad mágica y política común a los años iniciales del siglo XX, momento en el que el músico merenguero, dios del acordeón según sus seguidores, inicia su combate musical contra la dictadura que una vez apoyó y contra el dictador al que enseñó a bailar merengues.
Marcio Veloz Maggiolo nació en Santo Domingo en 1956 y es considerado el escritor más importante de la República Dominicana en la actualidad y el más completo por la diversidad de temas que maneja en su literatura.
En 1996 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra. Sus novelas, cuentos, libros de ensayo de variados temas, poesía y teatro, así como sus ejecutorias como organizador de importantes proyectos culturales, lo destacan como uno de los principales antillanistas y conocedores de la cultura dominicana y caribeña, siendo actualmente Vicepresidente del Congreso de Escritores de las Antillas. Investigador, antropólogo, arqueólogo, es también Asesor Cultural del Poder Ejecutivo de la República Dominicana.

Un encuentro misterioso. En la pendiente, la séptima novela del suizo Markus Werner, fue traducida a distintos idiomas y ganó los premios Joseph Breitbach (en 2000) y Johann Peter Hebel (en 2002).
A partir del encuentro –tal vez no tan casual– entre dos presuntos extraños, se desarrolla una parábola sobre el amor y la fidelidad que deriva en un misterio insospechado.
La incomunicación en los tiempos de la tecnología aflora como un tema recurrente en un relato un tanto filosófico –y con la ironía como ingrediente– pero que, sin embargo, muestra a los personajes de la historia tal cual son, sin juzgarlos.
El joven abogado Clarin, especializado en casos de divorcio, se dispone a pasar un fin de semana en la tranquilidad de su casa de veraneo del Tesino. Tiene pensado dedicar esos días a la escritura de un artículo que será publicado en una revista jurídica. La primera noche conoce en la terraza del restaurant Bellevue a un hombre mayor llamado Loos, aparentemente viudo, quizás desquiciado. Mantienen una larga conversación hasta altas horas de la noche, y poco a poco comienzan a contarse mutuamente sus historias de vida y de amor.
Lo que en un primer momento se inicia como una conversación seca entre dos desconocidos va adquiriendo con el paso de las frases un ritmo febril, una dinámica angustiante que atrapa al joven protagonista. Las circunstancias en las que Loos ha perdido a su amada y casi idolatrada mujer son inciertas y esa pérdida parece opacar todo un mundo, que se despliega en las palabras de aquel como un lugar profundamente odiado. Clarín es su contracara: goza de la vida y de las relaciones ligeras, sin complicaciones. No podría haber más distancia entre estos dos caracteres. Pero el tiempo del relato demostrará la proximidad que existe entre ellos.
Así, por ejemplo, "de todas las pestes de estos tiempos, el olvido es la que se abre paso con más sigilo, y por eso es la peor", fue una de las tantas frases que el señor Loos le dijo a Clarin –y una de las tantas que lo irritó desde su primer encuentro, aunque también le producían ansias de escuchar más–.
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