jueves, 17.05.2012

Ya están aquí los Muppets (por suerte)

18.01.2012 | 20.45 Comentar   |   FacebookTwitter
Espectáculos / 
Por Flavio Mogetta
@flaviomog

"Es hora de alegrarte/ cantando esta canción/ en el show de los Muppets empezó la diversión/ Preparen esa orquesta/ comienza la función/ en el show de los Muppets/ es hora de reírse/ el show de los Muppets comenzó”, cantaba la rana René y su pandilla al comienzo de ese mágico y colorido mundo de muñecos que era ese programa televisivo. Los Muppets eran un bálsamo, una isla en la precaria escena televisiva argentina que ofrecía (hablamos de los ’70) otros shows televisivos.
Porque los muñecos ideados por Jim Henson regalaban todo eso que anunciaban en su canción. Cinco años de envíos duraron los Muppets y unas cuantas películas. Pero por suerte volvieron, y esperemos que sea por un largo tiempo.
Basta con ir al cine para descubrir no sólo que la magia sigue intacta sino que al mismo concurren padres sub 40 acompañados de sus hijos. Ni más ni menos que esa generación que los disfrutó en la TV y que regresa a su encuentro, tal como le sucede al siempre joven Walter (él también es un Muppet) en la película. Claro que el muñeco además de disfrutar y emocionarse (tal como le sucede al espectador) también sufre al descubrir primero con cierta amargura que la pandilla cayó en el olvido y después que un malvado magnate (“maniática risa”) desea tirar abajo los estudios de la serie porque debajo del mismo hay petróleo.
Walter, acompañado por su hermano y la prometida de este, deciden alertar a Kermit (la rana René) del peligro que acecha a la historia del grupo. Y sólo queda un camino por recorrer: reunir a los muchachos. Así empieza la historia y el recorrido. Uno a uno son reclutados los muñecos, algunos cuentan con unos cuantos minutos de film, otros son reclutados gracias “al montaje” y como el tiempo apremia, el móvil es un auto y la bella Piggy está en París deciden viajar “en mapa”.
El film destila ingenio e invita a la celebración, y deja espacio para la reflexión, para pensar como el vértigo diario interfiere en las relaciones humanas y afectivas. Sin dudas es una gran película, que conmueve sin recurrir en el golpe bajo porque emociona revivir la clásica apertura del show o ese final que decide regalarnos el realizador James Bobin.
No avanzaremos mucho en la trama, sólo señalaremos que los muñecos necesitan recaudar una cifra monetaria tan millonaria como inalcanzable para mantener le estudio y conservar su historia, su pasado. ¿Pero poseen presente? ¿Tendrán futuro? No es poca cosa que “estén aquí”, que los tengamos de vuelta.
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