Hostels: una opción económica y diferente para veranear en la costa

Sociedad / Con un valor que oscila entre los 60 y los 80 pesos por noche, ofrecen a sus visitantes comodidad y buena onda. Dónde están, qué comodidades tienen y cómo es el sistema de hospedaje.
23.01.2012 | 11:46 Comentar    |    Facebook Twitter

Hostel El Refugio, en Mar del Plata
Por Cecilia Toledo

Algo es seguro: la convivencia multitudinaria no es para todos. Cada cual tiene sus mañas y negociarlas no es tarea simple. Pero como en tiempo de vacaciones los márgenes sobre los que se estructura la rutina suelen estar más flexibles, el abanico de posibilidades se agranda. Y así es como en los hostels, casas para hospedarse donde los cuartos, baños y cocina se comparten, conviven todos: mañosos, ordenados, desestructurados y maniáticos de la limpieza. Te presentamos tres alternativas para vacacionar en Mar del Plata, Villa Gesell y Quequén.

Mantener la higiene y estar dispuesto a compartir, son reglas básicas. Y a pesar de ellas no son pocos –más bien, cada año son más- los turistas que se lanzan de lleno a habitar los espacios de esta, por ahora novedosa, forma de alojamiento.

La edad de quienes optan por esta opción oscila entre los 20 y los 30 años, y el promedio de alojamiento entre los tres y los seis días. En cuanto a los costos, en temporada alta, cualquier visitante que decida alojarse en un hostel de la costa bonaerense deberá pagar entre 60 y 80 pesos la noche. Eso incluye una habitación con baño compartido y el acceso a una cocina equipada, lo que en sí abarata el viaje.

“En un hotel de tres estrellas, en el centro de Mar del Plata, se está pidiendo $400 para una habitación doble”, aseguró a Diagonales.com Ignacio Pollini, uno de los socios del Refugio, en La Feliz. Además de alojamiento y cocina, la mayoría de los hostels ofrecen Wi-fi y asesoramiento turístico para quienes quieran recorrer la zona donde se alojan.

Otra de las particularidades de estos espacios es el vínculo que se teje entre los dueños y los huéspedes. “Siempre pregunto a la gente si la están pasando bien, si se sienten cómodos”, asegura Pollini.

Como no hay un servicio de limpieza diario, la idea es que cada uno de los visitantes coopere con el mantenimiento del lugar, como lo harían en su propia casa. Por las noches, en muchos de ellos, se organizan cenas, recitales y fiestas en la playa.

Aunque muchas veces cada visitante cocina lo suyo, en muchos otros casos se dividen las tareas y se turnan a la hora de la cena. Nunca faltan las comidas de otros países, porque como muchos de los turistas son extranjeros aprovechan la oportunidad para lucirse frente a los argentinos. Ello forma parte del intercambio que se genera puertas adentro de esto espacios.

Si bien en otros lugares del mundo, pasar la noche en esos alojamientos es una práctica bastante más instalada, en la Costa Atlántica muchos se acercan a ellos con cierto temor. “¿Es seguro este lugar? Es una de las preguntas que no falta nunca, sobre todo para los que vienen por primera vez”, relató a Diagonales.com Emiliano Pérez encargado de Surf Hostel, en Villa Gesell.

Pero con el pasar de los días, los turistas se acomodan al sistema y disfrutan mucho de su lógica. Lo que se tiene, a diferencia de un hotel, es mucha libertad, porque se comparten lugares de uso común en los que muchas veces los visitantes pasan largas horas de charla. Se llegan a formar grupos de amigos y en muchos casos se consiguen compañeros de viaje que emprenden rumbo hacia otros destinos.

la ventaja económica

En su gran mayoría, quienes eligen esos espacios para hospedarse, lo hacen por una cuestión económica. “Es más barato porque sólo pagas por tu cama y compartís el resto de los servicios –espacios comunes, baño, cocina-” explicó Emiliano.

Para Ignacio Pollini, de El Refugio, el motivo que orienta la elección marca la diferencia entre el turismo local y el extranjero. “Los argentinos eligen este sistema de alojamiento por el precio, y no por el concepto en sí de lo que implica un hostel. Les conviene porque es más barato, y tienen un espacio para cocinar, pero no terminan de entender la idea de compartir, intercambiar y conocer a otros”. Es por ello que en muchos casos tratan de llenar las habitaciones en las que pasan la noche, para no tener que dormir con desconocidos, o inclusive, pagan una cama vacía -en la que no duerme nadie- para que el cuarto sea sólo para ellos.

Desde Quequén, uno de los socios de Jammin Hostel asegura que “todos se adaptan al sistema, conviven de la misma manera. Hay códigos que se entienden aunque los extranjeros están más acostumbrados a la lógica”.

Aunque a ciencia cierta no sabe el por qué de su estallido, los hostels comenzaron a surgir en las playas bonaerenses desde hace 3 ó 4 temporadas. Hay quienes asocian su irrupción en el mercado turístico local con la crisis del 2001. En realidad, con sus efectos: “Creo que tiene que ver con lo que sucedió en 2001, cuando mucha gente se fue para Europa. Esas mismas personas, al regresar años después, comenzaron a hacer conocida esta manera de viajar”, aseguró Ignacio desde El Refugio. Y aunque esa hipótesis podría ser refutada por otras teorías, lo cierto es que cada vez más los que eligen hostels para veranear.