jueves, 17.05.2012

De aquel amor de música ligera

Espectáculos /  Hace treinta años ensayaban por primera vez Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bossio para dar origen a Soda Stereo.
02.02.2012 | 15.33 Comentar   |   FacebookTwitter
Por Ramiro García Morete.

“¿Porqué no puede ser del Jet Set?” De movida, las consignas no eran proféticas ni políticamente correctas: Soda Stéreo no había llegado para salvar al rock. Su propuesta –aparentemente frívola y ligera– cobijaba sin embargo toda una declamación: lavarle el rostro al decolorado rock nacional y situarlo en la nueva década, esa que con suerte veía caer a los dinosaurios y bullir nuevas formas estéticas. Si esa tarea la habían cumplido con creces sus predecesores Virus, Soda Stéreo no sólo le lavaría al cara a la escena nacional sino que le delinearía los ojos y le pondría fijador al cabellos. “Soy una persona profundamente superficial”, habría dicho Andy Warhol y bien le hubiera cabido a estos artistas distintos que horrorizaban a la siempre polarizada escena nacional, pero impactó irresistiblemente en la gran audiencia. Tras editar su álbum debut homónimo en 1984, los chicos de los auténticos peinados nuevos no sólo tendrían una historia gloriosa por delante –solventada en cantidades iguales de éxito y calidad– sino también una anterior, más candorosa pero no menos rica. Por eso en este férvido y húmedo 1º de febrero recordamos los treinta años –¡nada menos!– del primer e histórico ensayo del trío.

Los orígenes de una de las bandas más importantes del rock en español tiene su origen en 1982 cuando los porteños Gustavo Cerati, de 22 años, y Héctor Zeta Bosio, de 23 años, coincidieron en Punta del Este (Uruguay). Cerati, por entonces, estaba al frente de su grupo Sauvage y Bosio con The Morgan. Ambos se conocían de la Facultad y, tras que Cerati se uniera a The Morgan, formaron el grupo Stress y Proyecto Erekto. Este último tenía elementos tecnos y un detalle: su tecladista fue Andrés Calamaro. Así declaraba el Salmón hace un tiempo: “Yo iba a ser un Soda Stereo. A último momento Miguel Abuelo me convenció para entrar a Los abuelos y planté el proyecto. Fue así. Antes de que formaran el trío tocaba en la casa de Zeta con él y un pibe nuevo que se llamaba Gustavo Cerati , era un 'chetito' que llegó con un Gibson SG , como la que usaba Frank Zappa y tocó una versión de Roxanne que nos voló la cabeza.”

Hasta que una casualidad o no, sería fundamental para esta incipiente historia. Sucede que Carlos Alberto Ficicchia (Charly Alberty) solía llamar constantemente por teléfono a la hermana de Cerati, María Laura. Agotada, no quería responder y en una ocasión, fue Gustavo quién tomo el tubo. Así fue que terminaron conversando: Alberti contó que era baterista como su padre, Tito Alberti, famoso músico de Jazz. Zeta y Gustavo decidieron conocer al “pretendiente” de la hermana y tras escucharlo tocar, lo sumaron al grupo. Por entonces, la banda ensayaba temas como “The Wall” (Pink Floyd), "Lanza Perfume", versión en castellano (Rita Lee), temas de Gary Neuman, George Benson y, por supuesto, la principal influencia que tenía la banda por entonces: The Police.
Otro gusto común fue la canción "Los Estereotipos" de The Specials y de ahí surgió el nombre original del trío hasta que aparecieron los nombres "Soda" y "Estéreo": fue cuestión de tiempo que se denominaran Soda Stereo tan en sintonía no sólo con el sonido moderno que la banda ejecutaba, sino con sus estética conciente y una poética ácida e impactante. New wave, ska, pop y una mole de electricidad para desperezarnos del acusticazo y “la pálida”. No tardaron en menospreciarlos como si de “un producto” se tratara y a decir verdad, lo eran: un producto maravilloso. El secreto de su éxito –fuera del talento natural– residió en que ellos eran sus propios diseñadores: sabido es que Cerati y Zeta estudiaron publicidad. La imagen no es todo, pero ayuda. El éxito no tardaría en llegar, pero eso ya es historia conocida.

No tanto lo es una pequeña historia de índole personal, pero sumamente ilustrativa. Jorge Urbonas es un compañero de la redacción de Diagonales.com asignado a las labores de publicidad. Y nos cuenta: “Era los años 80, Universidad del Salvador, Facultad de Ciencias de la Educación y la Comunicación Social – Publicidad, en la antigua sede de Callao frente a la plaza. Nos autodenominábamos 'Los Salvadores de la publicidad'. Cursábamos 70 futuros publicitarios, todos sentados en filas de 5 pupitres en un aula interna oscura y pequeña de un primer piso. Las filas de adelante ocupadas por los tragas y/o los ya trabajadores del medio. En el fondo estaban los ocultos, imperceptibles, los que la tenían clara. Gustavo y Héctor entre ellos. Héctor más comunicativo; Gustavo siempre más distante, más en su mundo.

Compartimos comisiones de trabajos grupales en la materia Comercialización. Para mí pasaron imperceptibles hasta la fiesta de fin de curso: 4 de diciembre del 83, Día de la Publicidad. Los rumores decían que iba a tocar en la fiesta un grupo del curso. La expectativa para mi no era mucha pero al oírlos tocar esa noche me hicieron bailar hasta la última neurona como a todos los que estábamos ahí. Ya se notaba que había algo ahí, a punto de explotar. No me contuve y al terminar me acerque a Zeta y le dije: 'Loco, sonaron bárbaro'. Y él, encogido de hombros aún con el bajo en la mano me respondió: ¿En serio? ¿Te gustó?”.

El tiempo haría que le gustara a mucha gente más y muy en serio. A treinta años de su primer ensayo y anhelando la recuperación de Cerati, contemplamos la extensa obra de esta banda que no fueron los salvadores del rock, pero eran capaces de sacudir a cualquier Cristo.

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