"Pasé muchos exámenes de los que salí airoso"

12.02.2012 | 19.55 Comentar   |   FacebookTwitter
Entrevistas / 

El actor Christian Sancho conquistó al público infantil con su personaje del robot en "Los únicos". Cómo salió del encasillamiento de sex symbol y el impacto de construir un personaje para la película de los doce apóstoles.

Por Melisa Miranda Castro - Fotos: Federico Ciminari

Lejos quedaron las pasarelas y el posar para las grandes marcas como Hugo Boss, Calvin Klein o Lacoste. Desde hace tiempo Christian Sancho no es más el modelo de los abdominales marcados que quiere actuar, sino el actor que demostró tener versatilidad para interpretar varios papeles, todos muy diferentes entre sí. Pero su vocación no le llegó de manera tan definida. Aunque desde chico estuvo rodeado de artistas cuando acompañaba a su padre, que era ingeniero de sonido a las pruebas con cantantes como Fito Páez o Charly García, e incluso a las obras de teatro que se daban en Rosario; sus primeras clases las tomó, a los 15 años, pero no porque quisiera salir en la tele o aparecer en el cine, sino porque quería vencer su timidez. Algo que sólo sus amigos de la adolescencia pueden atestiguar, ya que resulta difícil de creer después de haber visto sus gigantografías en la autopista, en las que aparece semidesnudo en publicidades de calzoncillos. Eso le valió que alguna vez, cierta mujer le tocara bocina desde el auto de al lado, y al bajar la ventanilla le gritara: "¡ése es mi superhéroe!" al señalar su foto. Sancho siempre tuvo gran cuidado de su cuerpo, al punto que ahora su proyecto extra artístico tiene que ver con el deporte. Se asoció con el jugador de hockey Mario Almada para armar un centro en la localidad de San Martín. Esta idea surgió un poco por la necesidad de hacer algo con lo físico, y otro poco "como una inversión, para tener una seguridad económica y no sentarte a esperar que te llamen para algún trabajo", declara. Sancho es padre de dos hijos, la mayor es Camilla, que en abril cumple 11 años y es fruto de su pareja con la actriz Valeria Britos. Y el menor, que está cerca de los dos años, es Gael, a quien tuvo con su actual pareja, Vanesa.

En el último tiempo Sancho ha logrado evolucionar en su carrera, pasar de papeles en los que su cuerpo era protagonista a otros más jugados, como el futbolista homosexual que interpretó en "Botineras" o el enfermo de VIH que hizo para Fundación Huésped. "Estos últimos años fueron de muchos desafíos, muchas pruebas, muchos exámenes, de los cuales gracias a Dios salí muy airoso", reconoce Sancho que tiene un 2012 cargado de proyectos y oportunidades. Este fanático de Newell’s tiene un año muy ocupado y forma parte de la obra de teatro "Vidas privadas", que dirige José María Muscari –es la primera vez que está en el circuito comercial–, y grabando la segunda temporada de "Los únicos" en Canal 13, donde su personaje del robot Ramón creció y está entre los protagonistas de este año.

–Después de hacer muchos personajes para público adulto, "Los únicos" atrae a los chicos y adolescentes. ¿Cómo experimenta ese cambio?

–Lo que me sorprende es la llegada que tuvo el robot a los niños. Este año estuve unos días de vacaciones en el mar y veía que todos los chicos venían a la carpa. Pasé no sólo a cambiar de género, sino a jugar para un público que es muy honesto, que no tiene grises, o te quieren o te odian; y que los chicos te busquen y te quieran está buenísimo.

–¿A sus hijos les molesta compartirlo en sus momentos libres?

–Estábamos jugando en la playa y se juntaban 30 o 50 chicos que querían jugar con Ramón, no con su papá. Pero ellos ya lo entendieron, saben que tienen que compartir a su papá en ciertos momentos. A mí me pasó particularmente una situación de la cual mi hija entendió por qué yo tenía que parar a sacarme una foto. Hace un tiempo atrás, ella era muy admiradora de un cantante, y fuimos a un programa de televisión donde estaba este cantante. Cuando quiso sacarse una foto, dijo que no y siguió de largo, ella se quedó muy triste, muy desilusionada. Entonces, le dije: "Ves por qué yo tengo que parar a sacarme una foto con alguien, ¿a vos te gustaría que papá le hiciera eso a otro chico?", con ese ejemplo lo entendió. Fue un triste ejemplo para mí porque no me gusta ver desilusionada a mi hija, pero me sirvió para que entienda por qué hay que parar a firmar un autógrafo.

–¿Camille le pide acompañarlo al set?

–Sí, yo la llevo. De hecho se saca fotos con todos, con los superhéroes y con los villanos también. Le gusta ver cómo se hace, los efectos. Está buenísimo eso, porque por lo general yo hacía programas que ella no podía ver, como "Botineras" o dramas que se daban a un horario que no era para ella, o novelas de la tarde que ella estaba en el colegio. Es la primera vez que trabajo para ella y para el más chiquito, que tiene dos años y ya se queda mirando. Además, lo gracioso es que saqué de él el latiguillo del personaje.

–¿Cómo es eso?

–Mi hijo, cuando empecé a grabar, tenía un año y meses y lo único que decía era "mamá", "papá" y "¡Oh, no!", porque mira muchos dibujitos de Latinoamérica. Un día iba en el auto e iba en el asiento de atrás y él iba diciendo: "¡Oh, no!, ¡Oh, no!". En esos días yo estaba buscando el latiguillo para el robot y cuando lo escucho, digo ¡es esto! Y lo tomé para el personaje. Se lo agradecí porque fue uno de los hits del año junto con el "¿Me estás jodiendo?" de Nicolás Cabré.

-Otro de sus desafíos para este año es la película sobre Los 12 Apóstoles. ¿Cómo está preparando el personaje que comenzará a rodar a mitad de año?

–Es una historia en la que vamos a contar un motín que sucedió en el año ’96, está basada en hechos reales y en el libro de Luis Beldi. A mí me da la posibilidad de componer algo totalmente opuesto a lo que vengo haciendo y es un desafío actoral, porque contamos un personaje que tiene un contexto muy crudo de esta historia que es estar privado de la libertad. Creo que voy a hacer de Popó Brandám, que es lo que estamos cerrando. Es uno de los líderes del motín. Yo me entrevisté con Jorge Pedraza que es otro de los líderes, estuve varias veces en el penal de Olmos charlando con él y con Luis Beldi, eso me dio la posibilidad de ver qué era lo que querían contar.

–¿Qué rescató de esos encuentros?

– La idea no era tomar un tic o gestos, sino contar lo que ellos quisieran contar. Les expliqué que era el instrumento para narrar lo que ellos quisieron contar en aquel momento. Ése fue un punto de partida muy noble para que ellos empezaran a recorrer el personaje, a buscar. Cuando uno entra en la cárcel se da cuenta de todo lo que tiene en la vida y valora lo que tiene. Aprendí a ser agradecido. A disfrutar desde poder tomar en un vaso de vidrio, a tomarse una ducha de agua caliente, jugar con tus hijos, salir a donde quieras. Las visitas me sirvieron mucho, no sólo para transitar todo lo que te genera estar en un penal, la angustia que te da, sino también para valorar todo lo que tengo en mi vida. Fue y es una experiencia de la cual estoy aprendiendo mucho.
Twitter
79