¿Por qué dura el amor?
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En promedio, los matrimonios sobreviven casi la mitad que antes. El análisis de psicólogos y expertos en relaciones, y dos parejas de larga data que cuentan su fórmula para estar juntos y felices.
Por Denise Tempone Fotos: alejandro kaminetzky y archivo
Crecimos mirando y escuchando historias mágicas de enamoramientos fulminantes y repentinos. En algún lugar de nuestras mentes estamos convencidos de que el amor sólo llega y crece de la misma forma: mágicamente. Pero a medida que maduramos comenzamos a sospechar algo que Disney y Hollywood no nos avisaron. Que el amor se trabaja, que puede costar y que, a veces, no es nada divertido. Hoy, los expertos aseguran que la misma noción de "almas gemelas" tira por la borda la posibilidad de pensar los vínculos como un lugar de ensayo y error, de aprendizajes y prueba. Con las relaciones, entonces, sucede como con los trapecistas: parece que los seres que se aman se encuentran en el aire sin esfuerzos cuando, en realidad, miles de mecanismos se activan simultáneamente cada vez que algo, simplemente, fluye entre dos personas.
¿Existe el amor eterno? Para Raquel San Martín, autora del libro "¿Por qué dura el amor?", el flechazo de larga data existe y no tiene nada de extraño. "Sucede que cuando nos encontramos con casos de parejas de muy larga vida, preferimos creer que hay algo raro en ellos, que su felicidad es mentira, que ocultan algo o son conformistas". Según ella, lo hacemos porque eso nos obliga a lidiar con nuestro propio fracaso: el hecho de que existan parejas así significa que no es que no se puede lograr un amor a largo plazo, sino que nosotros no pudimos lograrlo. Omar Biscotti, médico psiquiatra egresado de la Universidad de Buenos Aires y autor del libro "Terapia de pareja, una mirada sistémica" coincide con San Martín. "No hay nada mágico en el desarrollo de las parejas. Si bien es cierto que existe un nivel no controlable en la elección, así como se puede ser capaz de construir vínculos completamente destructivos, también tenemos la capacidad de hacer lo opuesto, de crear vínculos que mejoren nuestra vida en cada aspecto. Cuando eso pasa, el amor dura y crece sanamente", afirma.
Buenas relaciones. La importancia de construir un mundo propio, una personalidad individual y de relaciones armoniosas separada de la pareja es, según Biscotti, un requisito fundamental para lograr una buena relación. "Nunca conocí una mala persona con una hermosa relación de pareja. La capacidad de desarrollar buenos sentimientos y buenas relaciones con nuestro entorno es algo que se nota en cada aspecto de la vida de una persona", advierte. Sin embargo, aunque Irene Meler, coordinadora de posgrado y del foro de psicoanálisis de género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires coincide, advierte un punto fundamental respecto de esta cuestión. "Actualmente tendemos a confundir individuación con individualismo. Está claro que es importante ser una persona independiente, sin embargo, muchas personas están entendiendo la independencia como egoísmo. Surge una molestia muy evidente ante cualquier cosa que nos desvíe de nuestros objetivos personales y lo cierto es que, para que una pareja funcione, muchas veces uno debe anteponer necesidades del otro a sus propios deseos", afirma.
Cambio generacional. Mientras el Registro Civil nacional muestra que el promedio de duración de los matrimonios se redujo a la mitad –antes la mayoría de las parejas se divorciaba tras veinte años de unión y ahora lo hacen cada diez– y que la franja más grande de demandantes acusa entre 36 y 50 años, una nueva generación está dispuesta a marcar la diferencia. Si bien es prematuro sacar conclusiones o llamar a este comportamiento "nueva tendencia", muchos especialistas se han atrevido a elaborar las primeras hipótesis del caso. Ellos señalan que puede que a estos jóvenes, a quienes probablemente les ha tocado vivir la peor cara del individualismo y las malas relaciones en el seno familiar, ahora estén buscando construir los lazos que nunca encontraron en sus hogares. "Muchos de los chicos de hoy son hijos de la generación de la separación. Ellos crecieron viendo la disolución de los vínculos de su alrededor con la angustia típica con la que los chicos viven esto. Para ellos la separación es un camino muy facilitado, está muy cerca y mientras los de treinta y pico lo usan como una salida bastante rápida, estos chicos podrían estar empezando a buscar otra alternativa para no repetir las historias de sus padres", señala Biscotti. La pregunta es: ¿podrán hacerlo?, ¿cómo lograrlo en un entorno que complota contra ese objetivo?
Amor estable. La seducción, el enamoramiento y la fascinación despiertan adrenalina. La inquietud ante lo diferente nos hace estar alerta frente a una nueva persona el primer tiempo que la conocemos. Pero luego, indefectiblemente, llega un momento de calma. La adrenalina cede lugar entonces a la oxitocina, la hormona del apego, que prioriza el vínculo por sobre el deseo. Sucede que la calma, el apego y la estabilidad no tienen la mejor prensa hoy en día. Como explica Silvina Valente, sexóloga y médica de planta del hospital Clínicas: "vivimos en un mundo que busca la novedad todo el tiempo y que se aburre fácilmente, por eso al explicar esto, muchos entienden a la oxitocina como el principio del fin. Lo ven como el comienzo del aburrimiento. Pocos reparan en el hecho de que es la misma hormona que une a la mamá con su bebé", advierte. Valente continúa: "es la hormona del bienestar, de la responsabilidad por el otro, del cuidado. Si la mujer no contara con esta hormona en su cuerpo luego de la gestación, su instinto maternal no afloraría como lo hace".
Si el amor duradero existe y es posible, la pregunta obligada es simple: ¿cómo se logra? "El amor no quiere quedar sólo en fantasía y pide contacto, encuentro y concreción. Convertirse en un vínculo. Y este paso es crucial en el destino del amor que empieza a hacerse real. Una cosa es el amor y otra cosa es el vínculo. En la realización vincular y sus dificultades se juega buena parte de la suerte del amor. Y el vínculo es trabajo", sostiene el psiquiatra Claudio Casas, autor del libro "Los caminos de la pareja". Este trabajo implica aprender a pedir, a dar, a respetar, a comunicarse, a integrar en vez de dirimir las diferencias, a expresar el amor y el reconocimiento al otro, a compartir proyectos y hasta la vida misma. "Aprender a afrontar dificultades y ser pilotos de tormentas, porque el amor es imprescindible pero no alcanza", sintetiza Casas.
Según el especialista, en la construcción conjunta de un vínculo, creamos una casa para el amor y así alcanza mayores posibilidades de estabilizarse y perdurar en el tiempo, o aún aunque no perdure, que nos acerque aunque sea a veces, a la soñada felicidad. En esta época de San Valentín donde los corazones rojos no hacen más que recordarnos, no sólo la costumbre copiadas de otros lares, sino que el amor es algo que todos buscamos, y como aconseja Casas, "son días de arremangarse y ponerse a trabajar de a dos y por los dos".
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