lunes, 21.05.2012

Con descendientes así...

Espectáculos /  George Clooney encabeza un film tan intenso como dramático, y que permite distintas capas de lectura.
16.02.2012 | 18.00 Comentar   |   FacebookTwitter

Una escena del film dirigido por Alexander Payne (Entre copas y Las confesiones del Sr. Schmidt).
Por Flavio Mogetta
@flaviomog

Ante todo es necesario apuntar que se está ante una buena película. ¿Lo suficientemente buena como para alzarse con el Oscar a Mejor film? Nunca se sabe, aunque sí se sabe que no siempre las buenas películas resultan las galardonadas en la mega fiesta que organiza la industria cinematográfica norteamericana, que sí muchas veces reconoce el peso de la taquilla.

Los descendientes, protagonizada por George Clooney y dirigida por Alexander Payne (Entre copas y Las confesiones del Sr. Schmidt) es un drama con todas las de la ley. A las almas sensibles se les aconseja llevar un arsenal importante de pañuelos descartables.
La historia es simple y cuenta la historia del abogado Matt King (George Clooney), dueño podríamos decirlo de medio Hawaii. Descendiente de una familia tradicional, tan atareado y sumergido en sus expedientes no se da cuenta que la vida surfea de manera vertiginosa a su lado. Pasa. Hasta que su esposa sufre en severo accidente que la deja en coma. Él, entonces, anhela que se recupere para recuperar el tiempo perdido. Pero nada vuelve y recibe otra noticia: no hay mejoría posible. Sólo es cuestión de horas. Es el momento en que Matt debe ser padre (casi por primera vez) y lidiar/convivir con sus dos hijas.
 
Pero paralelamente Payne construye otra historia que tiene que ver con el pasado, con nuestras raíces, con la tierra, con nuestra identidad. Vender o no vender, ser descendientes dignos de nuestros antepasados.
Y aunque en apariencia distante las dos historias hablan de lo mismo, por eso no resulta extraño que al momento del desenlace las entrecruce.

Tanto drama invita a esperar el milagro, lo fortuito, aunque esto solo sea para darnos un respiro. Claro que todos sabemos que este no llegará si pensamos a futuro, pero sí quizás permita el reencuentro con el pasado.


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