. Por Alfredo Silletta
@alfredosilletta
La década del sesenta fue revolucionaria en todo el mundo. Los jóvenes enfrentaron al sistema mundial de diversas formas: con la música, la ropa, el color, las drogas y la lucha política. En California fue el hippismo y en París el Mayo francés con ‘la imaginación al poder’. En América Latina, los jóvenes soñaron con el rock nacional, la revolución cubana, Camilo Torres, el ‘Che’ Guevara en Bolivia o el regreso de Perón.
Allen Ginsberg, el mayor poeta de la generación beat norteamericana afirmó el día que Bill Clinton ganó las elecciones de Estados Unidos que “es bello ver en la Casa Blanca a alguien que alguna vez fumó marihuana”.
Fue sin lugar a dudas la gran década. Eran los años en que slogans como “prohibido prohibir”, “hagamos el amor y no la guerra” aparecían en los graffitis de las paredes de París y Nueva York.
Los jóvenes le decían “no” al Sistema.
Las mujeres comenzaron a defender sus derechos y fueron los grandes momentos de la liberación femenina. Se manifestaban en contra del maquillaje, de las revistas de moda y, especialmente, en contra del corpiño al que consideraban una invención absurda. El 7 de septiembre de 1968 cientos de mujeres, aprovechando la elección de Miss América, en Atlantic City, decidieron hacer una gran fogata con lo que ellas llamaban los “instrumentos de tortura” como ruleros, zapatos de tacón alto y los corpiños.
En mis viajes a Río de Janeiro, a principios de los ochenta, me llamaba la atención la liberación de ese pueblo: su música, su alegría, travestis por las calles –algo impensado en esos años de Buenos Aires- y casi todas las mujeres, jóvenes y mayores en bikini sin la parte de arriba. Los hombres, por su parte, usaban unas diminutas sungas.
Veinticinco años después me sorprende el nuevo Río. Uno percibe que las políticas neoliberales y conservadoras implementadas en Occidente hicieron carne también en Brasil. Ya expliqué en las crónicas anteriores la llamada política de Choque de Orden que expulsó literalmente a los humildes de una parte de Río, especialmente la zona turística de Copacabana, Ipanema y Leblon.
Lo segundo que me llamó la atención es que Río se considera una ciudad libre de humo. Ya no solo no se puede fumar en hoteles, restaurantes sino que exageradamente se prohíbe fumar en las cientos de mesas que hay en las veredas de Río. Queda la calle y en algunos puestos instalados en la playa. Quien esto escribe hace más de una década que dejó el cigarrillo, pero prohibir que una persona fume en la mesa de un bar sobre la vereda es una más de las políticas represivas de Occidente.
Finalmente me llamó poderosamente la atención que las mujeres y los hombres de Río, tan libres con su música y su cuerpo, hayan decidido aceptar las políticas conservadoras. Hoy las mujeres volvieron a usar las dos partes de la bikini en la playa y en su vestimentas han vuelto a usar el sostén, pese a las altas temperaturas de Río. No sólo eso, los hombres han abandonado la famosa sunga para usar una especie de malla más cercana a un short.
En fin, las políticas conservadoras han triunfado ampliamente y cada día parece más a un recuerdo la figura del Che, la revolución, el prohibido prohibir y el ver hermosas mujeres caminar por las calles libremente en jean, con una simple remera, sexys y sin sostén.