María Rosa “La Negra” Bonati es una taxista platense
Cecilia Toledo
mariactoledo@hotmail.com
María Rosa “La Negra” Bonati, maneja el 1414 y habla con conocimiento de causa: “Hace 3 años que trabajo como taxista. Cuando empecé había alrededor de 15 mujeres, y hoy somos más de 120”. La tendencia se ve en las calles de la ciudad, pero también la reflejan los números: La Asociación de Empleados Conductores de Taxi tiene 2.050 afiliados, de los cuales entre un 15% y un 20% son mujeres.
De acuerdo al análisis del Secretario General de la Asociación, José Luis Zecchele, el aumento en la cantidad de mujeres que manejan coches de traslado se debe a que la actividad está pasando “por un momento muy bueno y faltan chóferes. Quedan muchos puestos de trabajo sin cubrir”. Las chicas tienen entre 25 y 30 años y, según sus propios compañeros, “son muy bonitas”.
A pesar de las desventajas que puede ocasionar para muchas de ellas trabajar en un ámbito mayoritariamente masculino, las taxistas consultadas aseguraron que los pasajeros las prefieren. “La gran mayoría de los hombres son muy correctos y prefieren que nosotras los traslademos a destino, porque dicen que manejamos mejor. Es más, dicen que yo soy la mejor taxista de la ciudad”, alardea La Negra.
Mariela Mársico también opinó sobre las habilidades femeninas a la hora del volante. “Las mujeres nos movemos con más precaución, y muchos pasajeros dicen que se sienten más cómodos cuando son las mujeres las que manejan”. Mársico es técnica de laboratorio y desarrolla, durante la mañana, tareas en la Facultad de Medicina de la UNLP, mientras que por las tardes sale con el coche –que también maneja su padre- por la ciudad.
EL COMIENZO. El incremento en la cantidad de mujeres que conducen unidades móviles tiene un costo. Como sucedió con todos los espacios que se fueron conquistando, la resistencia estuvo presente. Aunque las que se incorporaron en los últimos tiempos no sintieron con tanta fuerza los efectos de un universo laboral minado de hombres.
“El hecho de que la mayoría de los taxistas sean hombres no es un problema. No hay maltrato por parte de ellos. Yo fui muy bien aceptada. Aunque al principio tenía algunos miedos. Sobre todo por el machismo, pero trabajando lo he visto en casos excepcionales” relató a
Diagonales.com Mársico, quien trabaja arriba de una unidad de transporte desde hace siete meses.
El grato recibimiento que tuvo Mariela al incorporarse a las filas de taxis de la ciudad, no fue el mismo al se vio expuesta “La Negra” Bonati, una de las pioneras en el rubro. “Al principio fue un poco chocante para el resto. Como no hablaba con nadie, me enteré que pensaban que era lesbiana. Con el tiempo comencé a relacionarme con algunos compañeros, y ahí empezaron a decir que era una atorranta. Un día me agarraron cruzada, y adelante de 60 chóferes les dije de todo. Desde ese momento, para mis compañeros soy La Negra”.
En palabras de la propia Mársico, la actividad del taxi resulta un trabajo rentable. De hecho, ella comenzó a trabajar con el vehículo para poder lograr un proyecto concreto y aunque ya está próxima a alcanzarlo, piensa en seguir trabajando con la unidad móvil.
Como sucede en cualquier ámbito laboral, entre ellas y ellos hay algunas diferencias. “Es común ver a los choferes hombres conversando en las paradas, o tomando unos mates. En cambio ellas, todavía, no se bajan de los coches en las paradas. Es una cuestión de tiempo”, analizó Zecchelede. Y Rosa Bonati sumó un argumento contundente: “aunque a las mujeres nos tildan de chusmas, no nos relacionamos mucho con el resto de los compañeros. Yo, cuando trabajo, estoy en el auto”, comentó.