"Mis cuadros son tragicómicos, como la vida"

06.05.2012 | 22.16 Comentar   |   FacebookTwitter
Sociedad /  Apadrinado por el marchant Ignacio Gutiérrez Zaldivar, Agustín Viñas desembarcó en el mundo del arte con su propuesta de hiperrealismo pop. "Ya se ha hecho todo. La novedad es producir algo diferente en quien lo ve", sentencia.
Por Daniela Rossi - Fotos: Gustavo Pascaner

De pequeño miraba las ilustraciones de los libros y las representaba en sus dibujos a su manera. Sus padres lo llevaron a un taller de expresión, pero no le gustaba. Comenzó a pintar, continuó dibujando, a los 11 años ganó un premio en un concurso de pintura infantil, pero al momento de elegir una carrera para estudiar, se inclinó por la Biología orientada a la ecología (ocupación que aún hoy ejerce). Como hobby, la actividad artística siempre estuvo presente. "Me movía en ámbitos distintos, pero guardaba el espacio para hacer esto, lo que me apasiona", cuenta Agustín Viñas entre sus cuadros que cuelgan en la galería Zurbarán. Mientras se sumergía en los libros, dibujaba dinosaurios para publicaciones enciclopédicas extranjeras. En aquella época de estudiante en la Universidad de La Plata, su obra era completamente diferente: cercano al realismo, retrataba objetos iluminados de manera uniforme, más natural. Ahora, de sus cuadros sobresalen los colores, la estridencia, la exageración de los detalles. "Buscaba dejar la marca de este tiempo, que la obra tuviera contemporaneidad", explica. Juguetes, dibujos animados, útiles escolares, materiales como el plástico y la hojalata, envases de alimentos y bebidas, se entrometieron en sus lienzos. "Lo que ahora hago, si lo queremos encasillar, tiene algo de hiperrealismo, un poco de cultura pop y otro, de arte conceptual", define.

– Varios cuadros proponen un juego de palabras, una ironía. ¿Desde dónde surge lo que pintás?

– De la realidad. No es que busco ideas todo el tiempo, sino que cuando algo me llama la atención, me moviliza, queda dando vueltas en la cabeza hasta que se plasma. Que la obra surja en el proceso es lo más interesante. Por otro lado, creo que estos cuadros son como la vida, tragicómica. Tiene un costado de humor y otro más dramático. En algunas planteo una idea más pesada, en otras más irónicas, en chiste. Muchos artistas le escapan, pero para mí es fundamental el aspecto narrativo de la obra. No es una imagen, un muñeco y nada más. Quiero que diga algo.

– ¿Siempre buscás que se genere un pensamiento?

– Busco que la obra, desde la imagen, el título o la relación entre los objetos dispare al menos una reflexión sobre un tema. No pretendo cambiar el mundo. Está bueno que según la visión cambie la interpretación, tampoco pinto para que la gente piense.

– Participaste del Salón Nacional, tuviste exposiciones individuales. ¿Te interesa la visibilidad que vas logrando con tu trabajo?

– No sé, pero eso de decir que no me importa nada es mentira. A mí me interesa mostrar lo que hago. De alguna manera es un poco egoísta, pero yo pinto para mí, porque me hace feliz hacerlo. Si se da hacer una exposición, que se venda, mejor. Tampoco soy un aferrado a la obra, que no quiero que se venda. Al contrario, quiero que circule, que alguien decida colgarlo en su casa.

– Te formaste como autodidacta, ¿quién sirvió de guía?

– Vivía sumergido en mi mundo, no tenía contacto con el ambiente artístico. Hace unos años lo conocí a José Marchi y me abrió un poco la cabeza en lo que está más allá de la técnica. Esa parte la aprendí de quien era amigo de mi papá, Juan Lascano. Después se avanza con entusiasmo, prueba y error, no hay ningún secreto. Está en vos cómo mirás las cosas, porque es difícil buscar un tema original. Ya se ha hecho de todo. Lo importante es cómo uno aborda esos temas, desde dónde lo mira. Sino nadie pintaría más retratos ni paisajes. La novedad es producir algo diferente en quien lo ve.
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