"El cine está entre el pochoclo más banal y el embole más absurdo"

06.05.2012 | 22.26 Comentar   |   FacebookTwitter
Cultura /  Juan José Campanella regresó a la pantalla chica con "El hombre de tu vida." Confiesa que trabaja rodeado de cada vez menos gente para evitar "envidias, egos y zancadillas." Hipercrítico de sus colegas, sentencia: "La gente se hartó de ver pajas mentales de cineastas."
Por Denise Tempone - Fotos: Margarita Fractman

Muchas veces pensé en renunciar, pero mi corazón no compra", eso dice, en pocas palabras, la canción favorita de Juan José Campanella, esa que escucha todos los días. Es algo así como su leitmotiv. Se trata de That´s life, un clásico que Frank Sinatra cantaba en 1966, una canción de resistencia frente a las usuales embestidas de la vida, con la que fácilmente podría identificarse cualquier persona común. ¿Pero, a qué pensaría en renunciar el director nacional más exitoso de las últimas décadas? ¿Por qué habría por darse por vencido el hombre que pasó a la historia por convertirse en el segundo director argentino en ganar un Oscar? En un momento de reencuentro con el gran público televisivo a través de la segunda temporada de El hombre de tu vida, el unitario que protagonizan Guillermo Francella y Mercedes Morán en Telefé, Campanella reflexiona con 7 DIAS sobre esos obstáculos que aún hoy, tras un largo recorrido, sigue encontrando en su camino.

–¿Qué es lo que su corazón no compra?

–Las ganas de dejar todo que me agarran a veces. Después de algunas caídas, todos los años me quiero ir, pero eso, mi corazón no compra...

–¿Dejar todo? ¿Por qué?

–Todo lo que me ocurre con el público es maravilloso pero, en este ambiente no es la mejor calidad de gente. Hay mucha envidia, hay egos, te dan zancadillas, mucha gente se dedica a poner trabas al otro en vez de dedicarse a lo suyo.

–¿Cómo soluciona eso?

–Yo trato de rodearme cada vez de menos de gente. No soy muy abierto a personas nuevas. Intento trabajar como protegido, por eso cada vez estoy más solo en este medio también. Igualmente no voy a renunciar nunca, no les voy a dar el gusto.

–Se lo nota muy decepcionado, ¿es por algo que sucedió recientemente?

–No, es algo que pasa constantemente. Hice de That´s life mi canción después de filmar Vientos de Agua en 2006 y desde entonces, siempre tengo una razón para volver a escucharla. Cada vez más, diría (risas). Más allá de eso, disfruto mucho hacer mi trabajo.

–¿Disfruta de mirar películas?

–El cine de ahora no me gusta mucho. Como tengo un nene de cuatro años, me la paso viendo cosas de cosas de Dreamworks o Pixar. Pero las películas adultas me decepcionan. No veo muy buenas historias. En mi experiencia, son los ejecutivos los que en definitiva van marcando barreras al reducir a un mínimo los riesgos creativos para asegurarse llegar a más gente. Ya no hay tiempo para eso que se hacía antes: encontrar tu público nicho. El boca en boca se eliminó porque en las salas reponen películas muy rápido. Hay una búsqueda de la pegada del fin de semana, sólo eso.

– ¿Es sólo un tema del cine comercial?

–Ojalá lo fuera. Los que tienen pretensiones artísticas son peores. El cine de artista, para mí, perdió todo contacto con la realidad, con los sentimientos, con la gente. Entonces, la industria se divide entre el pochoclo más banal y el embole más absurdo. Por lo tanto, yo ya no voy al cine. Me refugio en una pantalla grande a ver películas viejas que me encantan y que me vuelven a llenar de entusiamo. También me carga las pilas dar clases de guión para estar en contacto con gente que empieza y para poder mostrarles esas películas que a mí me hicieron querer estudiar. Pero en la actualidad, no hay un clima de grandes cosas ¿Cuál es El amor en los tiempos de cólera de los últimos diez años? Hay una crisis de creatividad o de posibilidad de lo creativo bastante evidente.

–Muchos críticos coinciden en que en esta época, donde hay más relatos que nunca, pocos son los que realmente conmueven, ¿piensa lo mismo?

–Sí, los veo a todos banales, se pinchan o se quedan a medio camino. No tienen vuelo. Uno que vi hace poco es Habemus papam que me pareció un comienzo genial, una historia súper interesante. Estaba entusiasmado cuando de repente veo que la película se desbarranca en una estupidez total, vuelca. Lo que pasa con esa película me parece muy gráfico de lo que pasa en general con el cine.

–¿Desde cuándo detecta esta crisis en el cine particularmente?

–Para mí el decaimiento en cine viene desde los ‘80. Me acuerdo que estaba estudiando en Nueva York en esa época y pasó algo crucial: todo lo que tuvo que ver con la emoción de pronto comenzó a ser considerado como cursi, cliché, melodramático. Entonces, este estado de distanciamiento empezó a ser el dogma para los que quieren hacer cine en serio; la manera de hacer las cosas aceptada: el distanciamiento. Y también, en ese momento, la aparición de MTV alteró todo. La velocidad y la dinámica de este nuevo género llamado el video clip afectó mucho a la pantalla grande. El cine quiso tomar esa velocidad y en esa velocidad perdió calidad y la gente se alejó. Creo que la gente se hartó de ver cosas frías, que no la representan, de ver pajas mentales de cineastas. 

–¿Y qué ve la gente ahora que se cansó del cine?

–Las series yanquis están funcionando muy bien. Lo que tienen de bueno es que por lo menos, no sabes qué va a pasar. Generalmente están mejor escritas, tienen personajes más reales, finales menos esperables y además son moralmente más ambiguas, lo cual las hace más interesantes. No son los grandes relatos pero al menos están contando una historia con gente más real y, fundamentalmente, lo mejor es que no hay un director atrás que diga "yo les voy a mostrar a todos que gran director que soy yo".

–Si no mira películas, ¿de dónde obtiene sus influencias?

–Soy un internetero total. Cuando me mandan un guión, lo primero que hago es entrar a ver qué dijo la gente. Siempre entro a Amazon y ahí engancho con todo lo que me empieza a recomendar el sitio. Puedo pasarme horas y horas en ese rumbo y la paso mucho mejor que en el cine.

–¿No es esa voracidad la que también perjudica a la pantalla grande?

–Yo creo que es cierto eso de que la gente constantemente quiere recibir información y estímulos nuevos y por eso busca cosas todo el tiempo, pero eso es porque la mayoría de las cosas que reciben son un embole. Si lo que ves no es apasionante, no te interesa, no estás recibiendo algo nuevo, sólo reciclado. Por ejemplo, con las comedias de Hollywood se ve claramente: no hacen reír a nadie.

–Pero eso de entusiasmarse cada vez más con las recomendaciones que nos da Google o Amazon, ¿no nos ponen en riesgo de aislarnos cada vez más en un estilo, de convertirnos cada vez más en nuestro target? 

–Es cierto eso, es un riesgo. Y es una macana porque a mí me encanta lo comunitario. Me encanta escuchar la carcajada colectiva en el cine, ver a gente de diferentes edades y clases sociales reírse de lo mismo. Es cierto que el multitarget está tendiendo a desaparecer pero cuando aparecen oportunidades como esta que me da Telefé, vuelvo a apostar por eso, por el poder de unir a la gente que tienen las buenas historias.
Twitter
43