"Me obsesiona la búsqueda del amor"

06.05.2012 | 22.21 Comentar   |   FacebookTwitter
Entrevistas /  A los 40, Julieta Ortega se divide entre su papel de madre, hija y actriz. Protagonista en el prime time de Telefe, estrena esta semana una película. Cómo vive la política, las críticas y su romanticismo incurable.
Por Florencia Guerrero - Fotos: Euge Kais

Quien diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas", supo decir, entre divertido y lúcido, Groucho Marx. Él, gran investigador del género femenino, elegía esa frase para describir la aparente transparencia que, finalmente, esconde más de lo que muestra y tal vez, "el no sé qué" de Julieta Ortega concuerde con aquel enigma y tenga estrecha relación con la cautela de la que esta actriz se vale para masticar las respuestas antes de tirarlas al vacío.

Con 40 años de vida, más de la mitad dedicados a la actuación, la hija de Ramón Ortega y Evangelina Salazar aprendió que es mejor elegir bien las respuestas, pero esa elección resulta cálida, respetuosa, y seguramente esté relacionada con su propia experiencia. "Uno escucha muchas cosas. A veces me entero que un tercero, que no nos conoce, opina y daña a alguien cercano y me da mucha bronca, pero parece ser el precio de estar expuestos. Así que uno aprende a no prestar la misma atención a todo el mundo."

Mezcla de dama independiente y romántica empedernida, Julieta puede decir que en sus dos décadas de trabajo se dio el lujo de interpretar papeles tan diversos como audaces: una lesbiana (junto a Carolina Fal) en Son o se hacen, una enfermera de un hospital psiquiátrico en Sol negro, una prostituta en Disputas y la jefa malvada en Un año para recordar. Por estos días, divide sus jornadas entre los cuidados que le demanda Benito, el hijo que hace 6 años tuvo con su ex pareja Iván Noble, su papel en Graduados y la promoción de No te enamores de mí, una película en la que será la tercera en discordia entre los personajes de Pablo Rago y Violeta Urtizberea. "El papel en la peli no me pareció complicado ni lejano. Venía de trabajar en una tira. Me pareció que cualquiera puede ser una chica que se enamora de un hombre casado, por eso me interesó. Antes había hecho algunas películas un poco más jodidas, con personajes menos reales, así que me sirvió volver a este mundo con algo más cotidiano, con una propuesta menos pretenciosa."

– ¿Es poco pretencioso hablar de vínculos humanos como el amor?

– No, es verdad, pero primero la vi como una comedia romántica. Después me fui metiendo en las historias de estos chicos de mi generación que no se sienten cómodos en el lugar en que están, con amores irresueltos y tantas demandas, tantos mandatos del "deber ser".

– Hablando de deber ser, ¿pensaste que tu personaje de la tercera en discordia pudiera generar alguna antipatía en el público femenino?

– Para nada, en verdad uno siempre es protagonista de su propia historia, rara vez te sentís la tercera. Quiero decir, podés ser la tercera en ese trío que se forma cuando estás con un tipo casado, pero en realidad siempre te sentís protagonista y en el caso del personaje, ella está disconforme, desea lo que no tiene, una pareja que no es pareja. Es algo que pasa mucho en nuestra generación.

– ¿No saber cómo concretar los deseos, o conocer qué se desea?

– Ambas cosas. Creo que los deseos reales tienen que ver con cosas que uno vivió de chico, lo que ves en tu familia, el modelo que recibiste de tu madre. La gente de mi generación cree que ya superó todas las demandas sociales o culturales, pero ¿hasta qué punto realmente las dejamos atrás? A mí me pasa como a todos. Las mujeres creemos que somos muy liberales, pero en ese espíritu de postergar las cosas, un día te sentás con el médico y te dice que después de los 35 las posibilidades de quedar embarazada bajan notablemente, entonces comprendés que hay temores que son hechos. Discutir todo, todo el tiempo, no tiene sentido.

– ¿Tendrá que ver con que se evoluciona?

– Sí, no todos crecemos igual, pero tiene que ver con esa búsqueda. A cierta edad uno quiere cosas que luego, no son iguales. De todas formas, es gracioso, porque en cuestiones como el trabajo yo siempre supe lo que quería ser. Por ahí soy un embole, pero me doy cuenta de que mis deseos siempre fueron más o menos los que tengo hoy, un poco más sofisticados, psicoanalizados, pero básicamente lo mismo.

– ¿Volverías a hacer todo igual?

– No, miento si digo que volvería a hacer todo igual. Hay cosas que hubiera cambiado, me hubiera gustado empezar a trabajar más tarde, en otras cosas. Pero sí es verdad que cuando era chica veía a la gente a la que me quería parecer, los actores que admiré, y creo que hay un devenir coherente en mi camino. No sé si es una buena noticia, pero me convertí en lo que quería ser.

– Pero esos deseos no parecen tan diferentes a tu entorno, rodeada de artistas.

– No creas, mi mamá era ama de casa cuando empecé a pensar lo que quería para mí como profesional. Mi papá no nos involucraba en sus espectáculos, parece mentira pero, ¡para que nos llevara a un set teníamos que pedirle por favor! Para mí, todo ese mundo de artistas lo aportaba mi madrina, Ana María Picchio, que estaba re loca. Todos sus amigos: Doria, Miguel Ángel Solá, Susú Pecoraro; no se parecían a nadie que yo conociera hasta ese momento y a la vez los veía y sabía que quería hacer eso.

– Y, paralelamente, ¿en tu casa lo cotidiano era otra cosa?

– ¡Mi casa era cualquiera! Nos cambiaban de colegio todo el tiempo, eran cambios ridículos; por ejemplo pasábamos de estudiar con monjas alemanas, a colegios muy progres. Creo que mis padres no sabían bien para dónde nos querían orientar, así que fueron tanteando y experimentando, esto es lo que salió. Igual, para mí hicieron bien porque de todo eso, cada uno tomó realmente lo que quería y nadie puede decir que no hicimos nuestro propio camino con búsquedas nobles.

– ¿A esta altura seguís peleando contra el prejuicio de ser "la hija de"?

– Para nada, pero cada tanto aparece alguno que dice "pero con el padre que tiene…". A todos nos despierta cierto morbo ver un programa en el que está el hijo de alguien conocido. Igual, yo conozco muchos hijos de ídolos populares menos polémicos que mi viejo, que no pudieron sostener una carrera. Es verdad que tu padre te puede armar una reunión para conseguir tu primer trabajo, pero no todos esos chicos logran quedarse. Lo veo mucho con mi hermano Sebastián, algunos actores llaman para pedirle un bolo para sus hijos y él se los da porque aprecia a esas personas, pero de ahí a que tu padre te compre la carrera es imposible. De todas formas, yo puedo llegar a entender que la gente descrea, aunque en el fondo te duele.

– Verónica, tu personaje de "Graduados" es una soltera empedernida, independiente y peleadora, ¿qué tanto se te parece?

– Más allá de la cosa independiente que tiene el personaje, creo que es el papel más diferente a mí que he hecho en mi vida. Es una chica de casi 40 años que usa piercing, rastas y dice que no cree en el amor. Yo jamás diría eso, tengo una visión más romántica de la vida. Para mí, uno crece, está bien pensar así a los 15, pero uno evoluciona a los 40.

– ¿Qué cambia a los 40?

– Y… es un número más pesado. Los 30 son los nuevos 20, pero a los 40 tenés más esa idea de no perder tiempo, de ser un poco más fiel a lo que uno quiere ser. Pasa por decisiones, por dejar de pretender que no sabes lo que sabes. "Uno sabe mucho más de lo que cree que sabe", dice un cuadro que me compré el año pasado cuando cumplí 40. Es como cuando conocés a alguien y dos años después te separás por lo que sabías que andaba mal desde el minuto cero.

– Decís que crees en el amor, ¿el no tener hoy una pareja tiene que ver con una elección o aún no ha llegado el hombre adecuado?

– No sé si es una cuestión de suerte. No sé qué pasa ahí. Es raro porque desde muy chica fue casi una obsesión con quién iba a compartir mi vida, la búsqueda de un compañero real. No desde el tema romántico de casarme por iglesia, que no lo hice, es más ni pensaba en casarme. De hecho, nos casamos porque Iván (Noble) decía que él quería una fiesta para poder festejar eso con los amigos. Igual, ya de chica, sospechaba que esto de buscar compañero no sería nada fácil. Aunque aún no lo logré, sigo con la misma preocupación que cuando era una niña, me obsesiona mucho la búsqueda del amor.

– ¿Es tu talón de Aquiles hoy?

– Me interesa el tema, pero no lo vivo mal. Pienso mucho en las parejas que comparten años y años. Esa mujer encontró algo que yo no, la miro con mucha admiración, de hecho, es lo único que me produce real envidia. No envidio la belleza, ni el talento de la gente, no me creo tan ambiciosa. Pero cuando me encuentro con una mujer en una pareja honesta, buena, me emociona.

A esta altura de la charla, uno presiente que Julieta Ortega, la buena amiga de Leticia Bredice, la compañera de la que todos sus colegas hablan con afecto y respeto, la mamá de Benito ha comenzado a volverse translúcida. Entonces Groucho parece estar en un error. La actriz va y viene, de la romántica empedernida a la mujer que confiesa que no soñó con repetir el gesto de sus padres que se casaron por televisión en 1967 y tuvieron seis hijos: Martín, Sebastián, ella, Emanuel, Luis y Rosario. "Todos somos tan diferentes, pero nos necesitamos, nos cuidamos mucho. Cada uno a su manera, con tiempos distintos, pero siempre juntos como una familia grande donde hay amor."

– Tu hermano Luis tiene una mirada muy particular de los productos comerciales, ¿las reuniones familiares son especialmente moviditas?

– (Risas) ¡Para nada! Luis es un tipo muy noble con lo que cree. Realmente hace sus películas solo, no acepta nada de nadie aunque no tenga un peso partido por la mitad, no le importa. Él cree que la televisión es horrible, no ve lo que Sebastián produce o yo hago en televisión. Cada uno pudo elegir, eso es lo bueno.

– Sumando la experiencia familiar y la propia, ¿qué tanto le crees al mundo del espectáculo?

– La verdad es que esto es como la relación con la prensa. Un año sos la estrella de la temporada y el que sigue la peor de todas. Aprendí que es mejor no tomar en cuenta las críticas ni las situaciones particulares que tienen que ver con la gente que las hace. Ya llevo más de veinte años trabajando, hice programas de muchos puntos de rating y otros en los que no nos iba tan bien, así que he visto todo y aprendí que a veces, que un producto funcione es como el amor, un misterio.

– Hablando de gente crítica, ¿qué opina tu hijo Benito de tu trabajo?

– Él hace todo, es un poco como el tío Luis también. La verdad, me ve desde el año pasado, no sé mucho qué piensa, pero no creo que se complique demasiado. Benito tiene 6 años y nació en una casa donde la mamá es actriz, el papá es músico y Charly García duerme en la casa de los abuelos. Estimo que para él, todo esto es normal.

– Hiciste tapas hot, personajes jugados, ¿hay cosas que hoy siendo madre no aceptarías hacer?

– En general, no sólo en ese aspecto, siempre pienso en él. A los tres meses del nacimiento de Benito, yo ya estaba trabajando. Recuerdo que en ese momento consulté al analista y me contestó: "Mire Julieta, siempre es mejor tener una mamá con culpa, que una mamá frustrada." Es un poco lo que el protagonista de Perdidos en Tokio le dice a su compañera de viaje, cuando se es padre, eso que conocías como vida deja de serlo y cambia a otras cosas. Igual, valoro mucho lo que viví antes, no soy como las madres que creen que la vida inicia cuando nace un hijo.

– ¿Te interesa la política?

– ¡El diario me cuesta! Tengo amigos periodistas y los escucho a todos, después me quedo pensando en quién tendrá razón. Creo que lo que más estudié en un momento de mi vida es el peronismo, y no fue sin una razón ya que es sin duda un proceso que cambió profundamente el país, y lo respeto, de hecho siempre que tenga que votar creo que votaré a un gobierno peronista. En lo conceptual, me engancho más con la parte más romántica, me conmueve la lucha por un país mejor.

– Cuando supiste que Florencia Peña firmaba con Tinelli dijiste que te parecía raro que un actor quisiera ir a "Bailando por un sueño", ¿te arrepentís?

– Sí, porque ella y su marido son amigos de mi familia y son buenas personas. La verdad, lo dije porque yo no iría a Showmatch. No entiendo cómo alguien puede querer exponerse a eso, de verdad. Bailo mal, no tengo culo para mostrar y no hay nada de lo que ofrece ese programa que me resulte atractivo. Me dolería que me ataquen. Ojo, estuve en programas a los que no volvería, hay revistas que no volvería a hacer y que hice porque tal vez era muy chica y buscaba por el lugar equivocado. Igualmente, hoy puedo entender la diferencia entre contener el ego y el crecimiento profesional.

– ¿Por dónde pasa el ego en la elección laboral?

– Todos tenemos ego, pero los actores lo tenemos muy desarrollado. Ir a un programa de alta exposición te pega por algún lado, porque significa que ese año la gente te va a parar más, vas a estar en las tapas de revistas. No es una pavada y hay que estar muy atento para que no te haga mal. Yo no tengo twitter, pero me entero de gente que se enoja porque hay quienes los critican sin conocerlos. La respuesta inteligente ante eso es decir "qué me importa", pero el ego hace que quieras ir a explicar a esas personas que están equivocadas. A mí me pasa hasta que pienso que no puedo gustarle a todo el mundo y la verdad, a mí todo el mundo no me gusta.
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