“Somos mejores, más fuertes y más rápidos”
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EE. UU. quiere recobrar su autoestima perdida.
Por Daniel Gross
El 5 de agosto de 2011, cuando Standard & Poor’s retiró a Estados Unidos su calificación AAA, fue la más reciente de una serie de humillaciones económicas para el país después de la caída de Lehman Brothers, en 2008; el antiguo líder económico mundial sufría su más profunda contracción económica en 80 años. Sus mercados fueron cortados por la mitad y la parálisis política de Washington asustó a los inversores. Aún peores eran las cifras: déficits anuales de más de US$ 1 billón, 8,75 millones de empleos perdidos, gasolina a US$ 4 por galón.
La derecha y la izquierda, intelectuales y legos, ideólogos y pragmáticos, historiadores y futuristas, estaban de acuerdo: Estados Unidos tenía una esperanza muy remota de recuperarse de los golpes autoinfligidos. El león se había vuelto un cordero manso y cansado, incapaz de competir con rivales como China. En una forma muy semejante a Japón, que ha tolerado dos décadas de estancamiento y miseria desde el estallido de su burbuja de bienes raíces a fines de los ‘80, EE. UU. no se podía levantar.
Sin embargo, como ocurre con frecuencia, la opinión de la mayoría puede estar equivocada. La economía estadounidense sufrió una enorme caída en la gran recesión de 2008-2009. Pero como el astronauta que se estrellaba en la Tierra en la serie El hombre nuclear y luego podía ser reconstruido "mejor que como era antes. Mejor, más fuerte, más rápido", la economía estadounidense se ha vuelto mejor, más fuerte y más rápida que lo que esperaba la mayoría de los analistas y la mayoría de sus semejantes.
De hecho, los bajos niveles de marzo de 2009 marcaron el inicio de una recuperación —inesperada— y no el principio de un estancamiento irreversible. La economía estadounidense pasó de disminuir a un índice anual de 6,7 por ciento en el primer trimestre de 2009 a crecer a un índice anual de 3,8 por ciento en el último trimestre de aquel año —un cambio total sin precedentes en la historia moderna—. El mercado de valores se duplicó desde marzo de 2009, mientras que las ganancias corporativas y exportaciones se dispararon a cifras record. La economía estadounidense recuperó su pico de 2007 y hoy crece al 3 por ciento anual —más rápido que cualquier otra economía desarrollada—. El crisol de la recesión forjó una estructura económica más resistente a las conmociones que en 2008. Mientras tanto, Europa continúa lidiando con una banca insolvente y las crisis de deuda soberana, mientras que las titánicas economías en desarrollo como China y Brasil dan señales de resquebrajamiento.
Está claro que la historia de la recuperación de Estados Unidos no es una historia de Hollywood. En lugar de ello, se basa en una comprensión de sus principales capacidades y ventajas competitivas: actitudes y capacidades que, incluso en esta era globalizada, siguen siendo únicas. A EE. UU. le tomó solo 18 meses llevar a cabo las agresivas acciones fiscales y monetarias que Japón esperó 12 años en realizar tras el estallido de su burbuja de crédito. Pero la recuperación desde entonces se alimentó por un resistente y ágil sector privado. En lugar de holgazanear y esperar la salvación, las compañías estadounidenses actuaron rápido para reestructurar las operaciones y la deuda. Las declaraciones de quiebra pasaron de 28.322 en 2007 a 60.837 en 2009, un aumento de 115 por ciento en dos años. En 2009, un record de 191 compañías, con una deuda combinada de US$ 516.000 millones, incumplieron sus obligaciones.
Pero el fracaso financiero en Estados Unidos fue resuelto mucho más rápido que en otras partes. GM y Chrysler pasaron cada una apenas 40 días acogiéndose a la Ley de Quiebras tras declararse en bancarrota en la primavera de 2009. En estas breves temporadas rompieron contratos, escamotearon beneficios, eliminaron US$ 109.000 millones en deudas y establecieron nuevos y rentables modelos de negocios. Ford fue aún más impresionante y ejemplar: salió a los mercados extranjeros, recortó agresivamente sus costos, invirtió para el crecimiento y pagó miles de millones de dólares en deudas. Tras llegar a su punto más bajo de US$ 1,59, en febrero de 2009, sus acciones treparon 11 veces a US$ 18 en enero de 2011. Para fines de 2011, Ford había restituido sus dividendos y estaba en vías de recuperar una clasificación de grado de inversión.
En lugar de caer más profundamente en un laberinto financiero, el sector privado estadounidense surgió en mejor forma: mejor equipado para cumplir con sus obligaciones, ahorrar, invertir, gastar y, en última instancia, crecer. Las ganancias corporativas aumentaron de US$ 1,25 billones en 2008 a US$ 1,8 billones en 2010 y a US$ 1,94 billones en 2011. Y en lugar de tirar la toalla y rendirse ante sus rivales chinos, las compañías de Estados Unidos se las arreglaron para producir más con sus recursos existentes.
Estados Unidos, además, sigue siendo el mercado más grande, más rico y más seguro del mundo. A eso se debe que continúa siendo el líder mundial en inversión directa extranjera (FDI). En el año 2010, la FDI se incrementó a US$ 194.500 millones si se compara con los US$ 135.000 millones de 2009 y se mantuvo en US$ 155.000 millones durante los primeros tres trimestres de 2011. En octubre de 2011 la empresa minorista japonesa Uniqlo abrió su tienda modelo de tres niveles y 27 kilómetros cuadrados en la esquina de la Quinta Avenida y la calle 53, en Manhattan. El contrato de alquiler que firmó —US$ 300 millones durante 15 años— es el más costoso en la historia de Nueva York. En diciembre de 2011, cuando se dio a conocer la noticia de que el antiguo director ejecutivo de Citigroup Sandy Weill había vendido su departamento en 15 Central Park West por el precio récord de US$ 88 millones, los expertos se preguntaban qué oligarca ruso estaría detrás de la compra. Fue el magnate de los fertilizantes Dmitri Rybolovlev, quien lo compró para su hija de 22 años.
El país también exporta todos los meses US$ 180.000 millones en bienes y servicios. Fuera de Estados Unidos, hay miles de millones de personas con un mejor nivel de vida que están dispuestas y deseosas de comprar lo que los estadounidenses venden. En 2010, cuando la economía añadió un millón de nuevos empleos, el número de empleos apoyados por las exportaciones aumentó en 500.000, de 8,7 millones a 9,2 millones. Las exportaciones agrícolas alcanzaron una cifra record de US$ 115.800 millones en 2010 y en 2011 aumentó hasta US$ 136.000 millones, casi el doble de todo 2007. Estados Unidos envía carne de vaca a Brasil, arroz a Japón y porotos de soja a China. Las exportaciones a China subieron de US$ 41.200 millones en 2005 a US$ 104.000 millones en 2011.
"Cada una de las unidades que se fabrican en este sitio este año será exportada", dijo Jeff Immelt, CEO de General Electric, a los empleados en la planta de gas-turbina en Greenville, Carolina del Sur, en la primavera de 2011. Acompañé a Immelt mientras recorría la inmaculada fábrica. El programa de producción de 2011 pronosticó 90 unidades de generación de electricidad, a US$ 25 millones cada una. Las compañías pequeñas también se volvieron potencias exportadoras. La proporción de las exportaciones de Wallquest, una empresa familiar que produce papel tapiz de lujo en las afueras de Filadelfia creció del 35 al 65 por ciento de las ventas entre 2009 y 2010, cuando recibió gran cantidad de pedidos de Rusia, Arabia Saudita y China.
Los extranjeros no solo compran las cosas que los estadounidenses fabrican: también experiencias, como la educación superior. Desde 1972, el número de estudiantes extranjeros ha aumentado todos los años, con excepción de los tres años después del 11/9. Una cifra récord de 690.923 estudiantes extranjeros se inscribió en el año académico de 2009-2010, de acuerdo con el Instituto de Educación Internacional. "En los países florecientes hay cada vez más familias que quieren tener acceso al sistema de educación superior estadounidense y están en posibilidades de pagar por ello", afirma Stephen Schutt, presidente de la Universidad de Lake Forest, cerca de Chicago (matrícula: US$ 38.320). Schutt pasó sus vacaciones de 2011 en China visitando escuelas secundarias. De los 410 estudiantes que se matricularon en el otoño de 2011, 63 (o 15 por ciento) provenían de 33 países. Cada dólar de matrícula es un producto de exportación.
El turismo también tuvo un auge durante el declive. En 2010, un record de 59,8 millones de visitantes extranjeros viajaron a EE. UU., un 8,7 por ciento de aumento con respecto a 2009. Ese año, el turismo fue una industria de exportación de US$ 134.500 millones.
Cada vez más las compañías estadounidenses llegan a los consumidores globales en sus lugares de origen, ya sea Starbucks en Turquía, Mary Kay en China, Taco Bell en India o una Facultad estadounidense en el Golfo Pérsico. En 2010, para las empresas que forman parte del índice S&P500, 46,3 por ciento de sus ingresos provino de fuera de EE. UU., por encima de 43,5 por ciento en 2006.
La compañía de investigación de mercados J. D. Power proyecta que, para 2015, los conductores del mundo comprarán 103 millones de vehículos ligeros por año, y 84 por ciento de esas ventas tendrán lugar más allá de las fronteras de Estados Unidos. En noviembre pasado fui a Shanghái a visitar la fábrica de automóviles GM Shangai, en la que se asocian General Motors y la automotriz china SAIC. La empresa está reviviendo una marca, Buick, que en China tiene una resonancia afectiva: el último emperador poseía uno. Cada año se fabrican 200.000 unidades del Buick Excelle, un vehículo pequeño modelado a partir del Cruze de Chevrolet. "Estamos trabajando a full", dijo el director de la planta, David Gibbons. En el tercer trimestre de 2011 GM vendió 620.000 vehículos en China, en comparación con 555.000 en Estados Unidos.
En lo alto de los Alpes, en el Foro Económico Mundial en Davos, las presencias más importantes fueron las de compañías estadounidenses. Apple y Google son la segunda y la novena compañías más grandes del país según su valor de mercado del capital emitido, con un valor combinado de casi US$ 600.000 millones. Facebook ha sido valuado en más de US$ 100.000 millones. Sin embargo, en 2002 ninguna existía en su forma actual. Su capitalización de mercado combinada era de unos cuantos miles de millones de dólares: Apple era una más entre las varias empresas fabricantes de computadoras personales de la época; Google no era más que un código matemático; Mark Zuckerberg acababa de ingresar en Harvard.
Las tres empresas adquirieron masa y escala durante la larga expansión los primeros años del siglo XXI, pero se desarrollaron aún más en los años posteriores a la caída de Lehman. Actualmente son imanes icónicos de capital humano. Representan el dinamismo económico estadounidense de la misma forma en que Chevrolet y McDonald’s lo hicieron alguna vez. Por supuesto, dan trabajo a cantidades relativamente moderadas de personas. Pero su trascendencia económica se encuentra en el hecho de que han creado plataformas para que otras empresas, industrias y empresarios creen nuevos arreglos económicos. Piense en lo que iTunes ha hecho por la industria editorial, musical y del entretenimiento.
Estados Unidos está perdiendo primacía en el ámbito geopolítico, pero sigue siendo la nación económica indispensable. Los activistas a favor de la democracia de Egipto se organizaron a través de Facebook. Los disidentes sirios graban videos de las luchas con el Ejército en iPhones y los cargan en YouTube para que todo el mundo los vea. Los agricultores estadounidenses altamente productivos alimentan a todo el mundo. Los aviones fabricados por Boeing proporcionan movilidad a las personas en África.
Es fácil caer en la desesperación. Estados Unidos tiene aún un largo camino que recorrer para compensar el terreno perdido en vivienda y, especialmente, en empleos. El resurgimiento corporativo, por caso, no se tradujo en nuevos puestos para las legiones de desempleados. Pero aquí también hay noticias positivas. Desde febrero de 2010, el sector privado, responsable del 83 por ciento de todos los empleos, añadió unos 160.000 por mes: una señal clara de que la máquina de empleos está funcionando otra vez. El sector público, en cambio, recortó un millón de empleos desde 2010. Pero las bruscas reducciones se han detenido.
A pesar de todos los vientos en contra, no hay ninguna razón para que la expansión de Esatdos Unidos que se inició en julio de 2009 no pueda combinar tanto como las tres anteriores, que duraron 73 meses, 120 meses y 92 meses, respectivamente. Cuando se escriba la historia definitiva de este período, es posible —más bien, es probable— que esta época posterior a la burbuja no sea conocida como una época del declive económico, sino como una época de regeneración.
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