El gordo que todos quieren

13.05.2012 | 23.33 Comentar   |   FacebookTwitter
Cultura /  Carlos Portaluppi estrenó película, trabaja con Mirtha en "La Dueña" y hace teatro. Los recuerdos de su Corrientes natal y su salto a la popularidad.
Por Mariana Merlo - Fotos: Euge Kais

Juan Ralde está sentado en la antesala de una oficina. Está buscando trabajo luego de que la fábrica en la que trabajó toda su vida, cerrara en medio de la crisis que afectó a la Argentina en 2001. El formulario que debe completar tiene muchos espacios en blanco. Lo típico en esas situaciones: nombre completo, lugar de nacimiento, estudios cursados. Y es en ese completar, en que Juan escribe "Mercedes" y el nombre de una escuela, es en esos 4 o 5 segundos en que se cuela la vida real de Carlos Portaluppi quien se viste de Juan Ralde para la película Industria Argentina. Porque ese lugar de Corrientes es donde nació el actor y esa escuela es la de su niñez. Algo que muchos considerarían un pecado: aparecer él en el personaje que está interpretando. Pero Portaluppi se puede dar ese gustito. Le sobra actuación, y de la buena, para dárselo. Será por eso, porque él lo sabe y el director también, que le permitió al personaje de Juan Ralde tener acento correntino, ser oriundo de Mercedes y haber ido a la misma escuela que el actor que lo interpreta. Un guiño que se le permitió al protagonista del filme. "Mis raíces están echadas en Mercedes. Siempre hablo de un níspero bajo el que dormía la siesta como metáfora de mis raíces, como algo que tiene que ver con mi infancia, están mis amigos, mi familia".

–Sin embargo, la mayor parte de tu vida la pasaste fuera de Corrientes.

–Pero uno no puede renegar de esas cosas. Los momentos de ilusión y de sueños estaban ahí. Allá soy uno más, un actor que quiere su tierra y cada vez que hablo de ella, me trae recuerdos muy lindos y me emociono. Allí empecé a actuar a los 16 o 17 años, sin antes haber visto una obra de teatro, con una obra de Florencio Sánchez. Pero no me animé a arrancar con eso porque tampoco había mucho incentivo.


"La Chiqui". La confusión vocacional lo llevó a estudiar arquitectura en La Plata. Y la necesidad económica, a tomar cuanto trabajo cayera en sus manos y le solventara los estudios. Actualmente Portaluppi está en todos los soportes actorales posibles. Estrenó Industria Argentina en cine, se sube a las tablas del Paseo La Plaza en Todos felices y encarna al chofer de Mirtha Legrand en La Dueña, por Telefe. "Donde haya una historia linda para contar, me siento cómodo", dice con una humildad creíble. "Con tanto trabajo se le quitan un poquito de horas al sueño no más, pero nada grave". Las grabaciones de la ficción televisiva aún lo tratan con suavidad. Sergio, el chofer en La Dueña "es un personaje muy lindo, es el que conoce muchos de los secretos de Sofía, la conoce cuando está sola".

–¿Cómo es trabajar con la Mirtha actriz?

–El primer día decía que estaba nerviosa, pero no se le notaba, la verdad. Sabía bien la letra, lo que había que ajustar lo ajustábamos en el momento, cosas del texto que siempre suceden. Desde el principio hubo una ida y vuelta, y eso está bueno.

–¿No la notaste oxidada? Ella siempre dijo que tenía miedo.

–Sí, la escuché decir eso, pero yo tengo miedo cada vez que salgo al escenario en el teatro. Cuando uno está por salir, sabe que sabe la letra, dónde se va a parar, pero una vez que entraste estás vos, tu partenaire y el público y tenés que contar la historia que siempre es la misma pero nunca se cuenta de la misma manera. Entonces, hay una adrenalina que una vez que entraste y pudiste conectar con todos los sentidos… (piensa). Es como yo siempre digo: cuando el carro anda, los zapallos se acomodan. El miedo está bueno. Si no tuviera un poquito de miedo antes de entrar a escena por ahí me empezaría a preocupar un poco, porque podría llegar a relajarme demasiado y no estoy tan canchero como para eso (risas).

–¿Entrar y salir de tantos personajes al mismo tiempo no te hace sentir que tenés personalidades múltiples?

–Pero los actores somos así, esquizofrénicos. Igual uno divide entre la grabación a la mañana, el ensayo a la tarde y el teatro a la noche. Y en el medio hay un tiempito de relajación y eso a mí me sirve para ir entrando en otra frecuencia. Encuentro la manera. Todo el mundo la encuentra. Hay algunos que quieren dedicarse sólo a una cosa y está bien. Yo siento que tengo ganas de hacer otras cosas y que me queda una energía para poder hacerlas, no me quedo con las ganas. Algunos podrán decir que uno lo encara con mayor o menor profundidad. Problema de ellos. No me importa tanto el resultado. Lo que me importa es contar la historia, el resultado en cuanto a la devolución del otro, ya es una opinión con la que podés estar de acuerdo o no.


Quince minutos de fama. Su salto a la fama fue gracias a Dominici, un farmacéutico controvertido por sus escenas de tono sexual en Vulnerables, el unitario de Pol-ka que fue éxito a fines de los ‘90. Meses antes, nada más, Carlos estaba haciendo una obra en El Vitral, un teatro de esos que mezcla el off y lo comercial en su programación y ubicación, Rodríguez Peña a media cuadra de avenida Corrientes. Portaluppi en ese momento estaba como el teatro, tenía un pie en las cooperativas teatrales y otro en la productora de Adrián Suar. "Fue una experiencia muy fuerte para mí. Pasar de un plano en el que sos anónimo a ser famoso por un día. Es fuerte porque cuando se empezó a hablar del Vulnerables, encontrarme con el comentario de la gente en la calle estuvo buenísimo, en la tele no tenés esa posibilidad; en el teatro tenés una respuesta más inmediata del público".

–¿No te asustó la exposición?

–No. Tuve momentos en los que uno sentía una mirada ajena y quizás quería ese momentito de intimidad. Uno se pregunta qué está pasando, pero se aprende a convivir con eso. Tampoco tengo la popularidad de Pablo Echarri, él tiene más problemas que yo cuando sale a tomar algo por ahí (risas).

–Tu personaje en "Industria Argentina" sufre porque no sabe hacer otra cosa en la vida más que trabajar en esa fábrica que cierra. ¿Qué pasaría si no te llamaran para trabajar?

–Primero, yo no espero que me llamen para trabajar. Por suerte soy de generar cosas. En este momento estoy preparando una obra de Patrick Süskind, un escritor alemán, que se llama La historia del señor Sommer, con Guillermo Guido como director, con quien vengo trabajando hace muchísimos años en cooperativa. Cuando estaba haciendo la obra en El Vitral me cayó el casting de Pol-ka. Vaya si no fue suerte, que habían salido a buscar gente nueva y mandaron a todo el equipo de producción y una de las chicas que tenía que ir a ver obras no podía y la mandó a la madre, que no tenía nada que ver. Fue ella la que me vio actuar y le habló a la hija de mí. Pero creo que nada es casual. Uno estaba ahí porque tenía que estar ahí y lo que yo estaba haciendo era en función de lo que necesitaba hacer y sabía hacia dónde apuntaba. Para mí el teatro es la madre de los actores. Si bien el amor por el oficio se siente en cada uno de los trabajos que hago, ya sea cine, teatro o televisión.

–Hubo mucho de cooperativa en tu vida real y ficticia…

–A mí, trabajar así me enseñó a estar más seguro en el escenario porque cada tabla que pisaba la había clavado yo con alguien más y cada parte de la escenografía la habíamos serruchado y la habíamos pintado juntos. Un poco eso creo que es lo que le pasa a mi personaje en Industria Argentina. Es un hombre que creció, desde muy chico, trabajando a lo mejor como cadete en ese lugar, hasta llegar a operar una máquina. Todas esas cosas tienen que ver con los orígenes de uno, con el aprendizaje, con la experiencia de vida.
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