No tengo nada

16.05.2012 | 22.35 Comentar   |   FacebookTwitter

Whitney Houston
Cultura /  Una familia que abusaba de las drogas y disfunción desgarradora. Por qué nadie pudo salvar a Whitney Houston de sí misma.
Por Allison Samuels

En su último vuelo de vuelta a casa, la cantante Whitney Houston debió estar rodeada por quienes la amaron y se preocuparon por ella. Pocos a bordo del avión privado que llevaba su cuerpo estuvieron con Houston en las buenas y las malas. Su mánager y cuñada, Pat Houston, estuvo con ella en este último viaje, y su prima amada, la cantante Dionne Warwick.

También en ese viaje estuvo Raffles van Exel, un consultor de entretenimiento que conoció a Houston años antes y que se las ingenió para entrar al círculo íntimo de ella. Van Exel era un socio de la cuñada de Houston, Pat, en un nuevo negocio de velas decorativas, y la cantante tenía programado grabar un comercial para dicha línea el 11 de febrero, el día en que murió. Van Exel nunca tuvo su comercial, pero se las arregló para tomar una foto de la cantante en su ataúd y venderla al National Enquirer por millones de dólares. "Tenían en el avión a la persona que tomó su fotografía en el ataúd. Eso te dice mucho sobre la vida que ella llevaba", dice una de sus amigas íntimas.

Houston batalló con los demonios, las drogas y las traiciones que continuaron acechándola incluso después de que su cuerpo fue descubierto bocabajo en una bañera en el Beverly Hilton, en la víspera de los Grammy. Los resultados de la autopsia revelaron cuánto daño se había hecho Houston a sí misma en sus 48 años. El agua hirviente del baño le quemó la cara, y había moretones en su frente, pecho y labio superior, y numerosas cicatrices en su cuerpo. Los años de usar cocaína habían quemado un agujero en su tabique, tenía una afección cardiaca, y las pruebas toxicológicas mostraron residuos de marihuana, Xanax y Benadryl.

"Me sorprende que haya durado tanto como lo hizo", dice una ex asistente de la cantante que no quiso ser identificada. "Ella fue de mal en peor por mucho tiempo, y su cuerpo simplemente se rindió. Sé que ella estaba cansada de todo".

En esa cuesta abajo, el uso de drogas por Houston la llevó a olvidar las letras de sus canciones, cancelar conciertos sin aviso, perder su fortuna, arruinar su voz e, incluso, a veces ignorar las necesidades básicas de su hija. "Planeaba su día alrededor de las drogas y nada más importaba", dice una de sus amigas más cercanas, quien pidió el anonimato porque salía de fiesta con Houston. "Los vendedores de drogas la amaban porque pagaba en efectivo. Gastaba miles de dólares por semana y las almacenaba en la casa para que no se le agotasen. La casa era un desastre, pero no quería que nadie la limpiara porque no quería que la gente viese cuán mal estaba todo".

El trágico final de Houston, dicen sus amigos, fue el resultado de muchos factores y la culpa de muchas personas, con la misma Houston arriba en la lista. La adolescente creció en East Orange, Nueva Jersey, donde su familia se mudó después de vivir en Newark durante los motines de 1967. Sus padres hicieron lo que pudieron para proveer bien a Whitney y sus hermanos mayores, Gary y Michael. Pero en un momento sus hermanos cayeron víctimas de las drogas, y su hermana no tardó en seguirlos.

"No fue Bobby Brown quien la introdujo a las drogas", dice Monique Houston, quien se casó con Gary Houston cuando comenzaba la carrera de Whitney y se divorció a finales de la década de 1990. "Las drogas estuvieron alrededor de ella por años antes de que conociera a Bobby".

Brown, a quien Houston conoció en los Soul Train Music Awards de 1989 y se casó con él tres años después, desde hace mucho ha sido culpado por la desgracia de ella. Pero quienes conocieron a ambos dicen que Houston no era una persona a la que se pudiera convencer de hacer algo que no quisiera.

Houston solo se aventuraba con drogas ligeras durante las etapas iniciales de su carrera. Pero conforme su fama creció igual lo hizo la presión por tener éxito y su necesidad de escaparse. "Fue difícil, dado que sus dos hermanos consumían drogas", dice Monique Houston.

Para cuando Houston alcanzó el superestrellato —cantando el himno nacional de EE. UU. en el Súper Tazón en 1991 y estelarizando El guardaespaldas, en 1992—, la fachada que su disquera había elaborado empezaba a resquebrajarse. "Empezó a irle mal después de casarse con Bobby", dice su ex asistente. "Se esforzaba por ser ese tipo de muchacha remilgada y femenina que la gente quería que ella fuese".

Las presiones de Houston incluyeron complacer tanto a su madre, Cissy -cantante de soul que, con 78 años, acaba de editar su primer disco en más de una década-, como a su mentor Clive Davis, quien tenía un interés personal en mantener la música de ella tan comercial como fuera posible. Davis desalentó a Houston de que escribiese sus propias letras y despreció el deseo de ella de ser menos "pop". Algunos afroestadounidenses sentían que Houston carecía de alma y la apodaron "Whitey (Blanquita) Houston" y la abuchearon en los Soul Train Music Awards de 1989, el evento donde conoció a Brown. "No creo que la gente supiese cuánto le dolió eso y le hizo tener dudas de sí misma", dice Monique, quien recuerda haber visto a Houston al borde de las lágrimas en el espectáculo. "Ella creció en la zona marginal, y quería ser amada por su gente". La verdadera Houston, despojada de sus vestidos de noche, maquillaje y tacones, era una muchacha típica de Jersey, tradicional y recalcitrante, a la que nada le gustaba más que beber, fumar marihuana y pasarla bien.

Era la pareja perfecta para Brown, un chico malo del R&B que se metía en problemas con la ley y tenía varios hijos con mujeres diferentes. "Fueron pobres a edad temprana, tenían mucha familia de la que se sentían responsables, y tuvieron éxito a una edad joven", dice Monique. "Bobby no era un mal tipo".

Él tampoco era la persona que Houston necesitaba para ayudarla a encaminar su vida y salirse de las drogas que tomaba con cada vez mayor frecuencia. "Este negocio es brutal, y es muy fácil verse atrapado en cosas que uno no debería hacer", dice la cantante Chaka Khan, quien luchó por años contra la cocaína y admite haberse drogado con Brown y Houston.

Antes de que Brown apareciera en la escena, Houston había sido amiga y socia de Robyn Crawford y muchos pensaban que entre las dos había una relación romántica. "Ellas eran muy cercanas. Se conocían desde la preparatoria", dice la ex asistente. Pero conforme persistieron los rumores lésbicos, incluso después de su matrimonio —rumores que Houston negó—, Crawford desapareció de la vida de Houston a mediados de la década de 1990. "Cuando ella se fue, Whitney se sintió perdida", dice la ex conocida. "Ella la necesitaba".

Houston y Brown se hundieron más en sus adicciones. "Bobby podía conseguir las drogas con mayor facilidad que ella, porque él podía ir por las calles", dice la amiga de Whitney. Sus vidas desordenadas fueron ventajosas para la familia de Brown, quienes vendían fotos a los diarios por miles de dólares.

Mucha gente intentó que la familia de Houston interviniese, pero se negó, según varios amigos y conocidos de Houston. "La familia le temía a la vergüenza en cierto grado, y no la confrontó a tiempo", dice Monique Houston. "Su madre siempre decía: ‘No entiendo esta cosa de las drogas’. Y no lo entendía. Dejaron que se pusiera demasiado mal antes de que entendiesen que ella necesitaba de una ayuda seria, y entonces fue demasiado tarde".

"Muchas veces la familia no es capaz de acercarse a quien ama", dice el cantante Jermaine Jackson, quien entiende demasiado bien la lucha de la familia Houston. "Vi eso con Michael por años. No podíamos acercarnos a él porque a quienes solo querían que él trabajase e hiciera dinero no les importaba que él estuviese enfermo o drogado".

"Uno no podía hacer que Whitney hiciera algo que no quería", dice su ex asistente. "La gente sí trató de conseguirle ayuda, y su madre quiso ayudar a su hija. Pero no sabían qué hacer. Whitney era el sostén de la familia y quien estaba a cargo".

Sus ex empleados dicen que enfrentarse a Houston por su uso de drogas era una manera segura de terminar desempleado. "Yo renuncié porque me cansé de mirar a otro lado y me cansé de fingir que esto no iba a resultar de la manera que al final resultó", dice un exguardia de seguridad.

El uso de drogas por Houston empeoró después del nacimiento de Bobbi Kristina, quien llegó después de varios abortos previos. "Ella amaba a esa pequeña con todo su corazón, pero estaba demasiado enferma por la época en que llegó su bebé como para ser el tipo de madre que debía ser", dice un amigo de la familia. "A veces Whitney estaba tan pasada que a la bebé no la cambiaban por días. Eso es lo que te hacen las drogas, y no importa cuán rico seas".

Aunque Brown batalló por años para limpiarse, el combo Bobby-Whitney era demasiado tóxico para que uno y otra se mantuvieran sobrios. "A Bobby le gustaba beber, y cuando estaba borracho era malo y desagradable. Él la escupía y le tiraba cosas, todo delante de Bobby Kristina", dice la amiga cercana de Houston. Durante uno de los intentos de Brown por mantenerse sobrio, a finales de la década de 1990, Houston decidió seguirlo en su gira, con la bebé detrás, para apoyarlo. Brown acababa de regresar de una temporada en rehabilitación, pero Houston siguió usando cocaína enfrente de él. Brown estaba tan furioso que les ordenó que se bajasen del autobús a la mitad del camino.

Por años, Houston pagó los gastos legales de Brown por sus numerosos roces con la ley, así como la pensión alimenticia debida a sus ex mujeres, todo en nombre del amor. Al final, nada podía salvar el matrimonio que, a decir de muchos, estaba condenado desde el principio. En 2007, Houston se divorció de Brown, aunque algunos en su círculo íntimo sostienen que ella no quería hacerlo. Con el divorcio, Houston se acercó más a Bobbi Kristina. Pero dado que las drogas le imposibilitaban ser una madre, las dos se volvieron más como hermanas, saliendo juntas a clubes nocturnos y fiestas. Aun cuando madre e hija podían ser las mejores amigas en el mundo de los clubes, tras bambalinas peleaban a menudo, y a veces físicamente, según una amiga de Houston. La adicción ha sido descrita como una enfermedad familiar que no solo infecta a los adictos, sino a los más cercanos a ellos, y no parece que haya perdonado a Bobbi Kristina, de 19 años. Ella desapareció después del funeral de su madre, para ser encontrada luego en una habitación de hotel usando drogas, según dos personas familiarizadas con el incidente".

La hija de Houston busca apoyo emocional en Nick Gordon, un joven a quien su madre adoptó no oficialmente. Bobbi Kristina y su padre han tenido una relación inestable por años y han estado separados desde el funeral. Al final, Brown no estuvo allí cuando Houston hizo su salida final de la iglesia de su Newark natal.
Twitter
26