Texto: Mariana Merlo - Fotos: Gustavo Pascaner
Valentina Bassi tiene armada su vida en base a Lisandro, su hijo de 4 años. La entrevista está pautada en San Telmo, cerca de su casa. Otro indicio de su vida de madre dedicada se desprende de la cantidad de veces que dice "no puedo" en relación a hacer teatro y televisión al mismo tiempo. "Siempre me costó hacer las dos cosas al mismo tiempo. Me estreso con mucha facilidad, tengo otros ritmos, creo que algo conservo de la vida provinciana. Estoy súper aporteñada, pero no puedo despertarme y decir ‘tengo todo el día ocupado’ hasta que me voy a dormir. Necesito estar tranquila por un momento. Ahora que tengo un hijo, ¡mucho más! Porque antes hacía el esfuerzo y me moría. No la pasaba bien, pero a veces pensaba que es un trabajo medio raro el nuestro, con eso de que te salen muchas cosas lindas juntas y otras veces no te sale nada. Ahora, no sólo lo necesito sino que quiero tener tiempo para estar con Lisandro, ir a buscarlo al jardín, ir a las reuniones de padres, llevarlo a los cumpleaños. Quiero vivirlo".
–¿Tomás todas tus decisiones en base a pasar tiempo con tu hijo?
–Es lo primero que tengo en cuenta. Me gusta muchísimo mi profesión, no me imagino no actuando, pero mi familia es recontra importante en mi vida. Entonces las decisiones siempre están muy relacionadas. Por ahí, si la obra que estoy haciendo ahora me caía en diciembre, antes de irme de vacaciones, decía que no. Necesitaba las vacaciones como nada, estar en familia, que mi hijo no esté todo el tiempo en Buenos Aires.
–¿Y a dónde lo llevaste?
–A Tigre (risas). Y después a la playa. Qué trabajo hago depende mucho de mi familia. Quizás cuando era chica tenía más ese trauma de que no me llamen, ahora estoy mucho más tranquila. Trabajaré un poco menos o un poco más pero no me saca el sueño.
Valentina dice que siempre fue así de flaca. Y cuando se dice "así de flaca", se quiere indicar que su delgadez es sumamente notable. Desde arriba del escenario del Konex cuando participa en Mujeres en el Aire, la última obra de Mariela Asensio, se ven sus delgadísimas piernas enfundadas en unas calzas que no dejan margen al engaño. "Lo que hace Mariela es power, y apenas leí esta obra me pareció súper controvertida, que iba a generar un debate al instante, aunque no es eso lo que me hace decidir por sí o por no; a mí si me gusta el guión, el personaje y el grupo de gente: a la cancha". Asensio usa a Bassi, a
José María Muscari y al resto del elenco, para montar en escena un show que más que una pieza teatral parece la interpretación circense de un manifiesto femenino: el rol de la mujer en el mundo de hoy, las exigencias desde lo estético, el show business como una máquina de picar carne y una infaltable crítica a los productos tinellescos sin ningún pudor a la obviedad.
–¿Hay alguno de estos puntos en los que te sientas particularmente identificada?
–Creo que en diferentes partes uno se va a sentir identificado, no te es ajeno. La exigencia es una de ellas. Hay un planteo muy frontal sobre el negocio de la belleza, la promesa de la eterna juventud y eso uno lo vive, es cultural absolutamente. Hoy te dicen "vos podés ser 10 años más joven si querés". Y una a veces piensa "¿dónde hay que firmar?" (risas).
–En algún punto el mundo te está pidiendo que firmes...
–¡Absolutamente! Más allá de la profesión que una tiene, es cultural, es algo que está sucediendo ahora. Es muy fácil tentarte y muy difícil poner el freno y decir "¿por qué?", "¿hasta dónde?". Eso me pasa, es una decisión tomada la de poner el freno y decir "no me voy a meter en esta" porque sé que si me meto vaya a saber dónde termino… ¡Hecha un monstruo! Pero por qué, es la pregunta. ¿Por qué se instauró eso horrible en la sociedad? Si el paso de los años te da más experiencia. Pero parece que eso no cuenta. Que yo sea mejor actriz que hace diez años, no interesa. Yo nunca me había hecho cargo de eso, no lo había tomado reflexivamente el tema. Y ahora me pregunto por qué está sucediendo esto. Te dicen que cuenta el crecimiento interno, pero es mentira. Lo que importa es que te pinches con bótox y estés divina.
–¿Creés que la tele es la mayor transmisora de este valor?
–Me parece que la tele es reflejo de la cultura que estamos viviendo. Es verdad que tiene la responsabilidad de revertirlo porque tiene la posibilidad. Pero lo que sucede está metido en nosotros, en nuestra sociedad de hoy, la estética como lo más importante.
–¿Y vos cómo te llevás con eso?
–No me hago mucho cargo. Me encanta estar linda, pero nada extremo. El tema no es belleza o fealdad, podés tener 48 arrugas y ser linda igual. Pero es difícil porque es toda una sociedad la que se está sumando al "uy, qué arruinada que está". No, no es "qué arruinada", es que pasaron los años.
–Pensaba preguntarte cómo te pega que se acerquen tus 40...
–¡Es que es lógico que me lo preguntes! A todas nosotras, ensayando la obra, nos pasó de plantearnos que teníamos que ir al gimnasio porque íbamos a estar en malla en el escenario. Y es inevitable, estamos todos adentro de esto. ¿Vos te pensás que no me pesa cumplir 40? ¡Me quiero pegar un tiro! (risas). Después me doy cuenta, racionalmente, de un montón de cosas. No estamos tan adentro como otros, no participé de Bailando por un sueño, mi carrera fue por otro lado. Pero la realidad es que no estoy exenta a que estas cosas me afecten. Me parece bueno tomar conciencia y en base a eso tomar decisiones. No he tenido esa carrera ultra mediática por decisión, no hice de mi vida privada un show.
–La relación entre la juventud eterna y el éxito también está planteada, ¿te afecta?
–Exacto. La mía es una profesión súper narcisista, tenés que tener el ego bien alto. Cuando era más chica y hacía castings, me pasaba que si me elegían era porque me querían y si no me elegían, no me querían. Y ni te quieren ni no te quieren, no entra eso en este negocio. Tardé bastante en entender que si no me convocaban no era porque no me querían.
–¿Cómo manejaste ese sentimiento luego de semejante debut a los 19 años con una película tan resonante como la del caso María Soledad?
–Fue mi primer trabajo profesional en Buenos Aires, pero yo ni me enteré. De grande me di cuenta de que había empezado con un protagónico en cine. En ese momento para mí fue "obvio" (risas). Hubo un período de frustración después, porque estuve un tiempo sin trabajar, y finalmente empecé a hacer bolitos en tele como si no hubiese hecho ninguna película. Fue un poco raro, pero aprendí que no es lineal el trabajo del actor. Y hacer esa película más que un compromiso actoral fue social y humano.
–Te comprometiste varias veces en cuestiones sociales, como con la fundación de "Teatro por la identidad" y con las clases de teatro que dictaste en el Instituto San Martín para menores. ¿Volverías a hacerlo?
–Sí, tengo muchas ganas. Quizás ahora que ya estrenamos y voy a tener un poco más de tiempo, retome. Es muy fuerte, movilizador, por momentos muy angustiante y por momentos divertidísimo. Había días que salía reconfortada con la profesión, hay algo muy liberador en hacer teatro. Y cuando se lograba transmitir esa liberación, esa catarsis, era genial. Nuestro objetivo era lograr un espacio de juego. La mayoría no había ido nunca a un teatro. Me ayudaba Oski Guzmán, y los chicos lo amaban. Fue una experiencia genial, aunque por momentos fuera un poco angustiante, pero la vida es así, hay que hacerse cargo. Entrás en un mundo donde te cuestionás un montón de cosas: qué hacen esos chicos ahí, por qué reinciden, cuántos talleres más habría que haber, qué pasa cuando salen a la calle. Se te abre un mundo. Te preguntás por qué sos actriz y no hacés cosas más importantes. Te moviliza todo, porque lo que hay para hacer ahí es muchísimo.