martes, 21.05.2013
Por Flavio Mogetta

La televisión nuestra de cada día

28.05.2012 | 15.33 Comentar   |   FacebookTwitter

Flavio Mogetta, editor de Cultura
Desde su nacimiento se ha señalado que la función de la televisión es informar, educar y entretener. Sin embargo, lejos parece andar ella por estos días de esa tríada. Educa poco, por momentos desinforma y cuando se dedica a entretener lo hace apelando al mal gusto, a lo chabacano o denigrando a la condición humana, apenas un ejemplo debe resultar la cosificación que se realiza de la mujer.

Por eso, así anda, casi a los tumbos, con poco y nada para rescatarse, apenas la flamante En terapia, si se desea Graduados, y no mucho más.

Pero tan mal anda que hay un programa que se jacta de ser el “más sano” de la TV, y claramente por muchas razones está muy lejos de serlo. Se trata del envío de Canal 13 que conduce Claribel Medina: Cuestión de peso. Para todos aquellos que no saben de qué se trata, habrá que decir que es una suerte de reality show en la que jóvenes con notorio sobrepeso se someten a una carrera para bajar de peso. Se supone que los cambios de hábitos alimentarios y físicos, que el programa fomenta, redundarían en un mejor estado de salud de los participantes. Un jurado de notables especialistas entre los que suena el apellido Cormillot. Desde su existencia el programa apoyó algunas causas nobles como la “ley de talles” pero su modelo 2012, cada vez más “show”, atenta contra la hombría de bien. ¿Qué sentido tiene exponer a jóvenes que superan largamente los 100 kilos no a sólo a sus miserias, debilidades y necesidades, sino también a otras situaciones como vestirlos como luchadores de sumo y que jueguen a serlo? Es realmente necesario, esa representación ¿para quién es sana? A ese tipo de juegos a los que son sometidos los participantes hay que sumarle el maltrato psicológico al que son sometidos de manera reiterada.

¿Esta es la televisión que realmente queremos? Intuimos desde este espacio que no, pero los “errores” se suceden, o qué decir de las pruebas osadas/eróticas/arriesgadas a las que debían prestarse los adolescentes de Todo o nada (también por el 13) en pos de tener chances de viajar a Bariloche. Entre tanto abatimiento siempre hay esperanza, la irrupción de una ficción que alumbra tenuemente un camino por estos días demasiado oscuro. Y mientras esperamos tenemos a los libros, por suerte aún los tenemos a ellos.
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