jueves, 20.06.2013

Circuito Camps: Puesto Vasco bajo la lupa

Alberto Líberman, ministro del gobernador Calabró, estuvo secuestrado durante más de un año. Contó un simulacro de fusilamiento y recordó el día que los represores lo llevaron al velorio de su padre. Declara Lidia Papaleo de Graiver.
29.05.2012 | 19.29 Comentar   |   FacebookTwitter

Alberto Líberman durante la declaración de este martes, en el juicio por el Circuito Camps (Matías Adhemar)
Pablo Roesler
proesler@gmail.com

Con el testimonio del ex ministro de obras públicas de Victorino Calabro, Alberto Líberman, detenido el 14 de mayo de 1977 en su casa, comenzaron este martes los testimonios por el Centro Clandestino de Detención Puesto Vasco, en el juicio por el Circuito Camps, donde fueron mantenidos en cautiverio la familia Graiver y Jacobo Timerman, entre otros. Para esta jornada está prevista la declaración de Lidia Papaleo, viuda del empresario David Graiver, y de Rafael Ianover.

El ex funcionario, que ocupo el ministerio entre enero de 1974 y el 26 de marzo de 1976, contó que compartió cautiverio con Timerman y con otros integrantes del gabinete de Calabró, secuestrados tras el golpe militar.

Líberman relató que fue detenido el 14 de mayo del 77 en su casa y fue llevado al Centro Clandestino de Detención de COTI Martínez, donde fue interrogado y torturado. Luego fue trasladado a Puesto Vasco, desde donde lo llevaron a Arana. Según su relato, en ese centro sufrió dos simulacros de fusilamiento.

"Me bajaron de un auto, me hicieron correr por un campo arado e hicieron disparos al aire", contó el testigo, y recordó que durante todo su cautiverio permaneció con los ojos vendados.
Tras ser devuelto a Puesto vasco, contó que permaneció allí hasta octubre -"me acuerdo porque se comentó que se había incendiado el Teatro Argentino y coincide con la fecha", recordó el testigo-, luego fue trasladado a la comisaría de Monte Grande desde donde lo liberaron el 23 de agosto de 1978.

Liberman contó que en Puesto Vasco le informaron que su padre había muerto y que fue llevado por sus secuestradores al velorio y al cementerio, donde estuvo en contacto con sus familiares. El testigo contó que no se animó a decirles donde estaba porque estaba muy amenazado por el jefe del centro clandestino, a quien identifico con el apodo de "Darío".

También recordó que en Arana "el comentario era que había olor a gomas quemadas y que lo que se comentó era que las gomas se quemaban junto con cuerpos humanos".
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