La fábrica de universos
“Viaje a las Estrellas” hace un abordaje “cuántico” de los universos paralelos. Sociedad /
En la ciencia-ficción, los multiversos permiten escenificar realidades que pudieron haber sido y no fueron.
Por Alejandro Alonso
¿Qué pasaría si…? Esa pregunta es la madre de la gran mayoría de los escenarios donde se desarrollan las historias de ciencia-ficción. La mera posibilidad del multiverso es una carta blanca para llevar esa pregunta hasta el límite, y después pasarlo de largo. Al igual que en el Big Bang, toda la potencialidad de un universo literario está encerrada en el espacio infinitesimal de esta especulación. No se necesita mucho más.
En el caso de Los propios dioses, de Isaac Asimov, bastó con que Robert Silverberg —también escritor de CF, pero con menos formación científica— citara a modo de ejemplo un isótopo cualquiera. "Plutonio 186", dijo. Asimov lo corrigió: "Ese isótopo no existe y, de hecho, no podría existir". Cuando el buen doctor pensó bajo qué condiciones podría darse dicho isótopo, se dio cuenta de que sólo podía existir en otro universo, con leyes físicas distintas de las que regulan el nuestro. La novela resultante de estas consideraciones, ganadora de los premios Hugo y Nebula, gira en torno a los peligros de una transferencia de energía entre los terrestres y los habitantes del parauniverso.
Con todo, el abordaje cosmológico de los múltiples universos es el menos frecuentado. Desde el punto de vista literario resulta mucho más jugoso el abordaje cuántico. Expresado en términos simples, indica que todo lo que tiene alguna probabilidad de existir, existe en alguna realidad paralela (inaccesible para el común de los humanos, claro). La consecuencia es una pasmosa cantidad de universos paralelos que divergen del nuestro. Ésta es, con sus variantes interpretativas, la piedra angular sobre la que están construidas varias series de televisión —como Fringe y Sliders, o el universo espejo de Viaje a las estrellas— y películas como El único (2001), donde el personaje encarnado por Jet Li debe recorrer universos alternativos y matar a sus otros yo para absorber sus energías vitales.
Ya en 1949 Fredric Brown tomaba esta idea de los universos paralelos parecidos al nuestro en clave de humor, con Universo de locos. Tres años después se publicaría Un anillo alrededor del Sol, de Clifford Simak, donde se asume la existencia de una sucesión infinita de Tierras alternativas. Asimov también jugó con esta posibilidad (Espacio vital, de 1956). La idea sería tomada también por el cómic, como en la saga Crisis en Tierras Infinitas, de la editorial DC (1985). El concepto cuántico de multiverso también fogonea el argumento de la novela Rescate en el tiempo (1999) de Michael Crichton —que luego sería llevada al cine por el director Richard Donner—,
y la saga del Paralaje Neandertal, del canadiense Robert J. Sawyer. En esta última, los científicos descubren una Tierra paralela, donde el Homo sapiens se extinguió.
El abanico cuántico de universos es atractivo desde el punto de vista literario porque permite poner en escena todas aquellas realidades que pudieron haber sido y no fueron: amores frustrados, amigos que ya no están, proyectos abortados, historias contrafácticas y bizarras… El multiverso siempre da revancha. Esta posibilidad está en el centro de ucronías como Pavana, de Keith Roberts; El hombre del castillo, de Philip Dick; o El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon —que bien podrían ocurrir en universos paralelos—,
y en otros relatos donde los parauniversos dialogan con nuestra realidad. En esta última línea, resulta ejemplar dentro de la literatura argentina el cuento La trama celeste (1948), del maestro Adolfo Bioy Casares.
En el cine, los universos alternativos y sus derivados pueden venir en variedad de formatos: desde universos confinados en canicas (como en la imagen final de Hombres de Negro, de 1997) a dimensiones encerradas en planos que vagan por el espacio, como la Zona Fantasma de la serie de películas de Superman. Resulta también atractiva la idea de poder viajar libremente entre estos universos, como nos propone Ursula Le Guin en Planos paralelos (2003). En la vereda de enfrente, todavía me conmueve el triste destino de Juan Salvo (El Eternauta de Oesterheld), quien aún debe estar buscando en los infinitos "continuum" a Elena y Martita.
Alonso es periodista científico y escritor de ciencia ficción.
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