Con ánimo de pelear

06.06.2012 | 15.52 Comentar   |   FacebookTwitter

El miércoles 30, en el aniversario de Página/12, Cristina Kirchner prometió seguir “dando la batalla”.
Política /  Fiel a su estilo, la narrativa del gobierno intenta enmarcar la puja por el dólar en el contexto de otras "batallas culturales" que ha librado desde 2003.
El rumbo de un país se juega primero en la mente de los políticos. Después pasa por conquistar la subjetividad de los votantes, hasta que el resultado grueso de esa batalla se refleja en los comicios, y se cristaliza en las decisiones políticas y económicas subsiguientes. ¿Puede, además de la acción burocrática del voto, operar la esperanza sobre ese circuito? Sí, claro que puede. Eso piensa la presidente Cristina Fernández de Kirchner, que durante la celebración por los 25 años de Página/12 dio su versión de ese ciclo que va de la idea al proselitismo, y de ahí a la acción de gobierno. Expuso CFK en el edificio que fue de la ESMA y ahora es un centro cultural: "Nos han podido muchas veces derrotar política y económicamente porque antes nos vencieron culturalmente. Por eso, lo de la batalla cultural no es una forma elegante, literaria, intelectual de abordar el verdadero problema de la Argentina. Hay una verdadera batalla cultural. Y nosotros vamos a seguir dándola en todos los campos".

Así, románticamente, pero sin renunciar al tono desafiante que tanto enorgullece al kirchnerismo, la presidente peronista habló de la "batalla cultural" que encabeza su Gobierno. Un concepto clásico de la etapa que va de 2003 a la fecha, más invocado por Cristina que por Néstor, y que sin falta fue impugnado desde la izquierda y la derecha. Los sectores conservadores, más dados a invisibilizar conflictos sociales, lo tacharon de ficcional o innecesario; y desde la izquierda se denunció su tibieza. Ahora, ya superadas otras batallas míticas, las libradas contra el "neoliberalismo", los "militares genocidas", la "oligarquía terrateniente", los "monopolios mediáticos" y hasta la "historiografía liberal", el kirchnerismo va por la pelea mental más material de todas: desactivar, desde arriba, el reflejo social que nos empuja a cambiar pesos por dólares. Que los argentinos, en tiempos de crisis o incertidumbre, dejemos de pensar automáticamente en verde.

El resultado de esta nueva pero vieja batalla ("¿Acaso alguien vio alguna vez un dólar?", preguntaba el general Perón a las masas en 1953 ) se mantiene con pronostico abiertísimo. En comparación con las pulseadas que forjaron la mística y la identidad kirchnerista (el contraste con "los noventa" o con el Grupo Clarín), las dadas contra los grupos más reaccionarios de la sociedad (los violadores de los Derechos Humanos en los ‘70 y la ultraderecha católica, por ejemplo), o incluso las más nacionalistas (contra el "vaciamiento" de YPF por parte de Repsol), la disputa por la valoración simbólica de la moneda es la más compleja y audaz; al margen de los controles y las trabas ya implementadas. Y esta vez, la altisonancia de la retórica kirchnerista puede derivar en un exceso de voluntarismo político; o simplemente resultar ineficaz, en términos de una comunicación llana e ideal del Gobierno con la sociedad.

"Yo no lo aplicaría al caso del dólar porque no hay que abusar de conceptos que se forjaron en el marco de otros problemas", dice a Newsweek el sociólogo y director de la Biblioteca Nacional Horacio González. Es que si bien el término "batalla cultural" preexiste largamente al kirchnerismo, fue el grupo de intelectuales de Carta Abierta, en el que González es la figura más notoria, el que lo repatentó y lo difundió durante los días furiosos de la llamada Resolución 125.

González, entonces, opina que aunque el dólar sea una monedad asociada a procesos simbólicos y al inconsciente monetario de la población, la economía tiene un núcleo irreductible de variables objetivas. Así, la conclusión "gonzaliana" es que la batalla cultural contra el dólar "no debe eximir de tomar medidas concretas, que tienen un alto nivel de especificidad técnica". Porque las batallas culturales no son transitivas, y el argumento que fue útil en una pelea quizás no lo sea en una posterior.

Para el filósofo Santiago Kovadloff, una especie de contracara intelectual de González y de todos los integrantes de Carta Abierta, a partir de la partición de aguas académicas que generó el kirchnerismo, la disputa actual es apenas un nuevo caso de coyunturalismo febril disfrazado de discurso inaugural: "No hay transformación estructural donde las respuestas compulsivas impiden ver el mediano y el largo plazo".

A la izquierda de González y a la izquierdísima de Kovadloff, el histórico dirigente del PTS Cristian "Chipi" Castillo señala a Newsweek que ahora el Gobierno retoma con hipocresía la nominación de batalla cultural. ¿Por qué hipocresía? Dos motivos. Primero: "Porque lo que en realidad está en juego es la necesidad de pagar los vencimientos de deuda por 12.000 millones de dólares". Número dos: "¡Los miembros del Gobierno tienen sus ahorros en dólares!", denuncia Castillo con vehemencia intelectual. Desde su programa de radio Continental, y atento a la contradicción que señala Castillo, Víctor Hugo Morales sugiere predicar con la ejemplaridad, y propone a "empresarios, funcionarios y colegas que pasemos nuestros ahorros de dólares a pesos". Pero hasta ahora la movida no generó resultados cuantificables.

La pedagogía del kirchnerismo ya acumula casi una década, y su lista de grandes éxitos culturales incluye: consolidar la condena social al terrorismo de Estado; expandir un sentido común antineoliberal; y cuestionar la pretensión de independencia, pureza o ajenitud que sostuvieron los medios de comunicación desde la vuelta de la democracia.

La pugna actual por la percepción sobre el dólar, que no siempre coincide con la conveniencia personal, evidencia su costado ideológico en el documento "El dólar, ¿la mejor opción para el ahorrista?", elaborado por los economistas Estanislao Malic y Andrés Asiain. El informe compara el resultado de tres opciones de ahorro de 10.000 pesos, desde 2003 a hoy: la de haber invertido en un plazo fijo en pesos, haber comprado dólares (a cotización oficial y también paralela) o haber apostado por la Bolsa local, vía cualquier fondo de inversión estándar. El ganador hubiera sido… el que compró acciones: 43.000 pesos, contra los 21.4000 del que optó por el plazo fijo, y los 13.100 o 17.000 (en la versión blue) del que eligió dólares.

Pero la vida comunitaria está cruzada por prejuicios, propaganda y paranoia, además de un sostenido nivel de inflación. Y es por eso que CFK machaca con la batalla cultural. Desde una vereda intelectual afín al Gobierno, la codirectora de la Maestría en Sociología Económica del Idaes-Unsam, Ana Castellani, afirma que la pelea debe darse aunque no se la gane de inmediato, y a pesar de que responda a un comportamiento muy arraigado (y visto en perspectiva histórica, también entendible) en las capas medias y de ingresos más altos. Castellani opina que "hay que dar la batalla por las consecuencias negativas que tiene la fuga de capitales, y porque no hay proyecto de desarrollo posible si la riqueza que se genera internamente se va del circuito económico".

Un triunfo pesificador sería un hito contante y sonante en un contexto de crisis, y en un año condicionado por el pago de deudas en dólares. Pero ¿qué significaría, en términos bien concretos, ganar la batalla cultural por el dólar? El economista Ricardo Aronskind, director del Programa para el Seguimiento de la Crisis del Orden Económico Mundial de la Universidad General Sarmiento, afirma que un éxito hipotético sería que la gente ahorrara en pesos, que se abandonara el dólar como unidad de diversas transacciones, y que los ingresos de los sectores más altos se desindexaran del dólar.

Pero esta vez, a diferencia de rounds culturales previos del kirchnerismo, la ausencia de un "ellos" y un "nosotros" definido no ayuda a popularizar la causa antidólar. Y la saturación épica quizás no sea suficiente para ganar esta batalla.
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