sábado, 25.05.2013

Masacre de Avellaneda: la impunidad contada desde adentro

Sociedad /  Un funcionario que perteneció a Asuntos Internos de la Bonaerense cuenta cómo derribó la coartada del ex comisario Fanchiotti y revela un dato inédito: Carlos Leiva, condenado por las muertes de Kosteki y Santillán es hijo de un represor que participó en la Masacre de Fátima.
24.06.2012 | 09.26 Comentar   |   FacebookTwitter

Te puedo decir que cuando mataron a los chicos, llegó Juampi Cafiero al Ministerio y salió eyectado Genoud, luego premiado con un lugar en la Corte”, empieza el relato una fuente que conoció, desde adentro, algunos de los manejos de la Bonaerense sobre el crimen del Puente Avellaneda. Para situarse: el gobernador era Felipe Solá y el ministro de Justicia y Seguridad saliente Luis Genoud. En cuanto a la designación de Juan Pablo Cafiero por parte de Solá fue una medida valiente que, por supuesto, no contaba con el aval del entonces presidente Eduardo Duhalde ni mucho menos de la Bonaerense. Quien conversó con este cronista pasó a jugar un rol de confianza del nuevo ministro en la división Asuntos Internos.

“De movida, (el ex comisario Alfredo) Fanchiotti pretendía decir que había disparado con cartuchos con postas de goma porque el cartucho era rojo. Como si todos los cartuchos rojos contuvieran postas de goma. Hubo un informe de la propia policía que lo avalaba y había fotos de los efectivos con cartuchos rojos en la cartuchera. Yo me fui al arsenal (subsuelo del Ministerio) y pedí un ejemplar de cada cartucho de escopeta Itaka que tuvieran, sin importar el color: de explosión, postas de goma y postas de plomo. Le llevé a Juampi 10 cartuchos. Como resultado, concluimos que había cartuchos de cualquier color con cualquier contenido. Ante la evidencia, volví al arsenal y uno de los jefes, ya medio cagado porque se le venía la noche, me dijo que las municiones eran brasileñas y que el color nada tenía que ver con el contenido: había cartuchos de explosión (usados en las canchas de fútbol habitualmente) de todos los colores, postas de goma de todos los colores y postas de plomo de todos los colores. El color dependía de la partida que venía, se compraban en Brasil, y, salvo que se encargara un color para un contenido en particular con mucha antelación, los brasileños le ponían el color que les pintaba (en el doble sentido) a los cartuchos”, relata quien, diez años atrás tuvo que meterse en el laberinto de los Asuntos Internos de la Bonaerense.

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