La nueva escala de Allen
Alec Baldwin y Jesse Eisenberg (¿alter egos?) en una escena de A Roma con amor.Cultura /
Londres, Barcelona, París, ahora Roma y luego... ¿Buenos Aires?
Por Cristian H. Savio
"Woody Allen, quiero verte en Buenos Aires, / ruso piola y atorrante de Manhattan, / con tu cara de gilastro, / y tu corazón en llamas, / te veo por Corrientes palpitando / nostalgias que hacen mal, pero son lindas: / Buenos Aires, viejo Woody, es una mina / de la que ya never more escaparás". Lo dice Horacio Ferrer en Woody Allen, un tango de su autoría, con música de Rubén Garello, grabado en 2006. El presidente de la Academia Nacional del Tango no es el único que quisiera tener al director neoyorquino filmando por estas latitudes, y posiblemente se cumpla ese deseo pronto, tal como el propio Allen deslizó en una reciente entrevista con Clarín. Sería una nueva escala del "Woody Allen Tour", como lo bautizó Marcelo Stiletano en La Nación. Una gira que tras pasar por Londres, Barcelona y París, llegó a la capital italiana con la última película del creador de Hannah y sus hermanas, que llega este 28 de junio a los cines argentinos.
En A Roma con amor, Allen narra cuatro historias que en ningún momento se cruzan y que solo tienen en común el escenario: la ciudad eterna, con sus infaltables íconos arquitectónicos –desde el inicio mismo con una escena en la Fontana di Trevi- y personajes –los locales- que encarnan el arquetipo del italiano. Para la visión del director, claro. Galante y seductor, amante de la ópera y políticamente de izquierda. Pero no es para soslayar esa mirada, no hay que leerla como la visión parcializada, etnocéntrica y hollywoodense que algunos críticos quisieron ver en las anteriores experiencias europeas de Allen. Al exacerbar esas características y llevarlas al grotesco –un hombre que canta de manera maravillosa pero solo cuando se baña, y entonces se monta un espectáculo lírico con él dentro de una ducha- el director se ríe de esos mismos clichés que algunos creen ver en él.
Por supuesto que A Roma con amor tiene esa mirada turística sobre la ciudad. Como ocurrió con la Londres de Match Point, con Vicky Cristina Barcelona y con sus dos obras en la capital francesa. "Todos dicen te quiero fue su primera aproximación a París y a su cualidad romántica de la Ciudad Luz. Pero la consagración como ‘ciudad set’ llegaría con Medianoche en París", señala Alicia de Arteaga en La Nación. Lo mismo ocurre aquí. Roma, sus cafés y sus calles, esa "ciudad increíble sólo para caminar" que "en sí es una obra de arte", según palabras del propio director, es aquí el escenario de historias que bien podrían haberse desarrollado en cualquier otra metrópolis del globo.
Las cuatro historias tratan, principalmente, del amor y el sexo. De sus posibilidades de surgimiento y de concreción, de los discursos que condicionan los deseos. Y Allen se decanta por una posición bien clara al respecto. "El adulterio es una cuestión semántica", dice, por ejemplo.
Su personaje, el primero que hace desde Scoop (2006), es el más disfrutable. Sobre todo por los guiños autobiográficos. Es un productor de espectáculos recientemente jubilado que se rehúsa a retirarse, le teme a las turbulencias de los aviones y mucho más a la muerte.
A Roma con amor llega precedida por el mayor éxito de taquilla de Allen. Pero entre los argentinos, ese no es un detalle importante, pues el hombrecito de Brooklyn siempre fue popular aquí, por "el humor, la reflexión, la neurosis urbana, y esa cosa tan característica con nosotros, los de Buenos Aires, esa música que nos resuena tanto", le dice a Newsweek el actor Manuel Vicente, antes de ingresar a la avant premiere del film. "Esa intelectualidad entre artística y analizada".
No sería raro tenerlo por estas tierras, finalmente, la próxima vez que encare una película fuera de Estados Unidos –habrá que esperar, pues su próximo film se rodará entre Nueva York y San Francisco. Tal vez después, su cámara venga a rodar panorámicas de la arquitectura porteña, y pueda él ver, como le escribió Ferrer, "a las mellizas New York y Buenos Aires, / bellísimas y neuras como niñas inmortales, / cambiando amor por sexo y a los cafés por bancos, / bailar el tango al ritmo de tu rubio bandoneón".
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