"Me considero un buen besador"

08.07.2012 | 23.22 Comentar   |   FacebookTwitter
Entrevistas /  Diego Ramos protagoniza una nueva serie de Disney y este año deja de lado el teatro. Sus ganas de dirigir y sus proyectos personales: "Creo que sería un buen padre, pero no es algo urgente".
Por Melisa Miranda Castro

Nelly y Haydeé son un poco las responsables del camino que alcanzó. Cuando Diego Ramos era todavía un chico, sus tías por parte de padre, lo llevaban muy seguido al teatro, y no sólo a ver obras infantiles, sino también teatro para adultos. Ellas fueron las que lo hicieron ir descubriendo el mundo de la actuación y las que, sin quererlo, le fueron formando la vocación. "Yo siempre supe que quería ser actor", declara Ramos. A los 15 empezó a estudiar teatro y a los 18, cuando terminó el secundario empezó a trabajar para pagarse los estudios y de a poco fue encontrando su camino en el espectáculo.

"Obviamente, no era lo que más le gustaba a mis viejos, porque es como raro. Yo ahora lo veo de más grande y pensar que un chico de 18 años entra en un destino incierto, con tantas subidas y bajadas como es el mundo de lo artístico, da como miedo. Pero gracias a Dios, mis padres no es que estuvieron chochos de la vida, pero tampoco me pusieron trabas ni impedimentos. En el fondo querían que fuera feliz. Tenían el miedo lógico de qué va a hacer mi hijo, cómo se va a mantener, con qué va a formarse en la vida con algo tan poco concreto como la carrera actoral", cuenta el protagonista de la nueva serie de Disney, "Violetta", en la que interpreta a un padre que no quiere que su hija sea artista. "El personaje es sobreprotector porque es la forma que encuentra para cuidar a su hija", explica sobre su rol.

–¿En alguna situación de la vida real te descubriste sobreprotector?

–Yo soy re sobreprotector en la vida. Analicé algunas situaciones y sí, soy muy sobreprotector. Algunas veces es insoportable estar así encima de la gente. Me gusta mucho estar cuidando y pendiente de la gente, algunas veces es como obsesivo. Tengo muchas cosas de mi personaje, me he reconocido en otros aspectos también.

–¿Cómo en cuales?

–Con la cuestión de los límites también, sin llegar a ser tan riguroso. Lo que me doy cuenta es que tengo varias cosas de mi padre cuando yo era chico. Eso me sirve para la tira. Muchas de las cosas que yo hoy le digo en la ficción a Violetta, me las decían a mí cuando era chico. Eso me sirvió bastante, aunque no escapa a lo que cualquier padre le dice a sus hijos. En muchas escenas que tengo con Martina (Stoessel), ella se empieza a tentar o se pone colorada y yo le digo "¿Qué pasa? Te hago acordar a tus papás ¿no?", y me dice que sí.

–¿Cómo eras de adolescente?

–Me chocaba con todo el mundo, hasta contra las paredes me chocaba. Era muy de contestar, muy de pensarme que tenía la verdad y de expresarme así. A lo mejor tenía la verdad, pero no era ésa la manera de expresarme. Uno cuando quiere encontrar su camino o despegarse un poco de la casta paterna, necesita un poco un choque porque cuesta sino. Yo me metí en un mundo que era todo muy distinto, en la escuela yo estaba bárbaro con todos y me encantaba ir, aunque no charlaban nada de lo que a mí me interesaba. Hasta que apareció una profesora y me enseñó teatro. Era un pibe medio rebeldón. A comparación de lo que son ahora yo te diría que era un tarado, pero para mi época era "qué rebelde que soy".

–En la tira te toca el rol de padre, ¿te gustaría serlo en la realidad?

–No sé. Yo con mi vida como estoy, estoy muy bien. Creo que sería un buen padre, aunque suene a frase hecha. La verdad es que no estoy pensando en eso todo el tiempo, por momentos me gustaría, por momentos no es que no me gustaría pero no tengo una necesidad, porque si no ya lo sería. Lo cubro con mis sobrinos, los hijos de mis amigos, pero, ser padre no es algo urgente para mí. Sí me gustaría y me re veo con un hijo o una hija. Pero en este momento no.

–¿Tiene su perro para entretenerse mientras tanto?

–¡No!, tampoco estoy tan loco como para pensar que el perro es mi hijo. A mí me encanta el perro, me llena de alegría que me espere, pero nunca lo compararía con un humano. No podría vivir sin mi perro pero tampoco sin los humanos.

–Fuiste a ver "Evita" en Nueva York, ¿viajaste especialmente para ver la obra?

–¡Justo se me ocurrió ir ese día que estaba Susana Giménez y revolucionó todo! Lo que pasó fue que un día me cruzó con Marley y le dije "voy a ir a Nueva York y la voy a ir a ver a Elena (Roger)", que la conozco desde hace mil años. Entonces él me dijo que iba también. Lo que no sabía era que Marley iba a ir con Susana y fue un bardo todo, pero todo bien. Igual fui otro día, porque para mí era importante ir a ver a una compañera trabajando allá. No sólo me encanta su laburo y su arte, sino que también es una emoción bárbara ver que gente que se lo merece llegue a esos lugares. Pero no fui a ver solo la obra, tampoco soy tan regio. Yo voy cada tanto a ver obras, porque me gusta mucho ir a ver obras y adoro los musicales, así que cada tanto voy a ver lo que se estrena. Aprovecho también para comprar y para visitar amigos.

–¿Tenés planes de hacer algún musical?

–El año pasado hice mucho teatro, pero ahora paré un poco porque tanto teatro y tira era mucho. Igual, me tiraría más para el lado de la producción o la dirección. Yo me meto mucho en todo, soy el típico que les dice algo a los directores o productores. Me cubro diciendo: "perdoname, yo me meto en todo, pero…". Algunas veces me funciona y algunas veces no me ha ido tan bien. Yo trato de respetar al director que es el que tiene la última palabra. Tengo una obra pero tengo que averiguar un poco más. Yo soy muy vago para algunas cosas, y para que me hagan mi propio proyecto soy extremadamente vago. Son ganas, tampoco es que lo voy a hacer ya.

–En el verano diste clases de besos a los chicos de "Soñando por bailar", ¿en la vida real, te considerás un buen besador?

–(Risas.) La verdad es que hasta ahora no hay quejas. Yo creo que beso bien. Ahora lo de las clases fue como una humorada, una vez que me pidieron un favor y yo fui, pero me empezaron a llamar de otros programas para hablar como si yo supiera una barbaridad y tuviera la fórmula o lo que fuera. En la vida real me considero bueno, pero no puedo dar cátedra, para la tele sí porque hice de galán.
Twitter
60