Los doce mandamientos sciolistas
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Sus críticos señalan que sólo "hace la plancha". Pero Daniel Scioli ha adoptado una serie de estrategias, desde no confrontar hasta "ser y no ser" al mismo tiempo, que explican su protagonismo político.
Por Andrés Fidanza
Hay una metáfora despectiva que dice que Daniel Scioli simplemente flota. La frase empalma su pasado como motonauta con su tendencia al statu quo, su suerte anti bala con su vacuidad de discurso. Por la vía del rebaje se intenta justificar la vigencia política del actual gobernador. Pero no alcanza ya, a 15 años de su salto de la venta de electrodomésticos al arte de la representación pública. No sirve para explicar el fenómeno Scioli y su carácter de presidenciable con enormes chances para el 2015. Y ahora, cuando Scioli admite sus sueños presidenciales, se tensa la convivencia con el gobierno nacional y Cristina Kirchner lo reta en público, ahora que él se junta con Hugo Moyano, los medios le ponen la lupa encima y sus consejeros lo enloquecen, la metáfora náutica alcanza mucho menos. Aquí, entonces, enumeramos las doce verdades sciolistas, una rama interna de las verdades peronistas. La lista, además, facilitará la comprensión de la larga presencia de Scioli en los primeros planos de la política, y ayudará a anticipar sus próximas movidas.
1. No pelearás con tu prójimo (ni con nadie más)
Es el primer mandamiento sciolista. Una política del optimismo y las buenas ondas que, de tan remanida, se volvió un lugar común hasta entre los imitadores radiales del gobernador. Scioli sencillamente no discute en público con la oposición, con los poderes fácticos (medios, empresas, capital financiero e Iglesia), y mucho menos con CFK. En el marco de la actual guerra fría entre kirchnerismo y sciolismo, el diputado del GEN Gerardo Milman define a DOS como un "optimista negador". Los sciolistas, en cambio, calculan que no habría ganancia política (ni para la complicada contabilidad bonaerense) en una pelea directa con el gobierno nacional. Así, el famoso "orgullo herido", histórico móvil de tramas psicológicas, policiales y literarias, influye poco en el sistema de decisiones políticas de Scioli.
2. Test de lealtad
"No tengo que sobreactuar mi lealtad a la presidenta", declaró Scioli hace un par de meses. Y en privado se jacta de haber acompañado a "Néstor" hasta en la aventura antipática de las candidaturas testimoniales. Antes, también acató los liderazgos de Menem y Eduardo Duhalde, sin negarlos ni defenestrarlos una vez finalizados sus capítulos en la historia peronista. Porque a pesar de una breve insubordinación allá por 2003 (que le costó la furia y la reacción de Néstor Kirchner), Scioli nunca se autonomizó del kirchnerismo. Y si bien su reciente reunión con Hugo Moyano, más la anterior foto futbolera con Mauricio Macri, reflotaron los viejos fantasmas de la traición en ciernes, Scioli puede seguir exhibiendo un currículum en el que no se desoyen las jerarquías.
3. Ambigüedad ideológica
Maneja como nadie el arte de pertenecer al equipo A, sin distinguirse ni desechar la posibilidad de, en algún momento, quizás, integrar el equipo B. Hasta en los días rabiosos de la llamada 125, donde tomó partido por la jugada fiscal kirchnerista, evitó confrontar con la dirigencia rural. También avanzó pasivamente, con un disimulo opuesto al gesto desafiante clásico del kirchnerismo, durante el reciente revalúo de todas las tierras bonaerenses. "Sabe ser y no ser al mismo tiempo", sintetiza Rosendo Fraga, Director de Nueva Mayoría. Una estrategia que, aplicada a su vínculo con CFK, según Fraga se traduce en "diferenciarse de Cristina, y por esa razón, ganar imagen positiva en parte de la oposición". El contraste de estilos también se manifiesta en una arena virtual pero ultrapolitizada: twitter. Ahí, mientras CFK sigue a 45 personas (con un criterio principal de afinidad ideológica), DOS sigue a 43.665, bajo la premisa del catch all.
4. Imagen ganadora
Scioli proyectó convincentemente una autobiografía de empresario, deportista y político siempre exitoso. En tal proceso de construcción, fue y sigue siendo clave su esposa, Karina Rabolini, una ex modelo elegante, simpática e instruida, que se mantiene bellísima a los 45. Lejos, muy lejos de la percepción de arribismo y vulgaridad que cargan las actuales botineras, Rabolini despliega su veta solidaria desde la presidencia de la Fundación del Banco Provincia. Con actos, donaciones y shows asistenciales, se vuelve funcional a la carrera electoral de su marido (sin que esto anule las consecuencias positivas que sus "Jornadas Solidarias" tienen sobre el conurbano bonaerense).
5. Baño popular
Scioli consume, se socializa, promueve, contrata y termina por identificar a su gobierno con artistas populares del tipo Pimpinela, Juan Alberto Mateyko o Valeria Lynch. Nuevamente, una opción que lo aleja del perfil más ideologizado -y minoritario- de la política cultural kirchnerista, más cercano a la línea que encarnan León Gieco, Quilapayún y Teresa Parodi. Y a esa inclinación hacia lo masivo, hay que sumarle los importantes gastos en propaganda y publicidad de su administración, que en 2011 superaron los 700 mil pesos diarios.
6. El fondo
Aunque ahora el kirchnerismo cuestiona sus dotes de administrador (lo que se suma a las críticas clásicas hacia sus "políticas represivas"), Scioli lleva cinco años de gobierno con crecimiento económico nacional y mejorías bonaerenses –Asignación Universal mediante- en los indicadores de empleo, pobreza e indigencia. Según cifras sciolistas, desde 2007 a la fecha la pobraza bajó casi un 18%, y la indigencia más de un 5. Mérito propio o simple contexto favorable, se trata de un capital político más estructural que el ganado en sus rondas con Carlitos Tévez y el dúo Pimpinela.
7. Marca PJ
A pesar de la crisis de los partidos y el desprestigio de la política, el peronismo sigue siendo un sello ganador en los domingos de elecciones. Y Scioli tuvo la habilidad para declararle al mundo su fe justicialista, sin que semejante manifestación se prestara a dudas o risa, como ocurre con Francisco de Narváez o Mauricio Macri, en cada una de sus intentos por aproximarse al PJ.
8. Trabajo, trabajo, trabajo
Es uno de los eslógans favoritos del gobernador; y además es cierto. Sábados, domingos y feriados, Scioli no le baja intensidad a su tour de reuniones, recorridas y eventos proselitistas. Una mezcla de compulsión al trabajo y apego a la máxima dickmorrisiana de la campaña permanente. Desde que Carlos Menem lo invitara a integrar una lista de diputados, a fines de los noventa, Scioli no dilapidó la oportunidad: supo rodearse y educarse en plena práctica; y nunca se cansó ni perdió el interés. Después, desde el ministerio de Turismo y la vicepresidencia, construyó con paciencia algo así como un polo de poder sciolista. Está por verse si de Amado Boudou, por citar un ejemplo de ascenso parecido, se podrá decir lo mismo.
9. Poder desde el poder
En un contexto de "desestructuración profunda", como define el sociólogo Ricardo Sidicaro, contar con un cargo o una banca es la mejor manera de multiplicar el propio poder y ascender en el organigrama estatal. La gobernación bonaerense, a pesar de los inmensos riesgos de la gestión, le facilita recursos y le garantiza visibilidad. Una ventaja comparativa respecto a quienes intentan –Hermes Binner, por caso- levantar cabeza desde el llano y armar una alternativa política con potencialidad electoral.
10. Esperanza blanca
"Que Scioli quiera ser presidente en 2015 es parte del plan del establishment", afirma el diputado kirchnerista Martín Sabbatella, en una acusación que se volvió un clásico anti Scioli: su carácter de presidenciable favorito del grupo Clarín, del sector financiero, la Iglesia, las grandes empresas y los banqueros. "El poder siempre tiene relación con el poder", minimiza un asesor sciolista, y a la pasada le espeja esa misma imputación al kirchnerismo. Con casi 30 años de vida democrática a cuestas, ya quedó claro que el establishment (ese sector del poder que no se somete a elecciones) se adapta, dialoga y sobrevive con el gobierno que le toque. Pero en estos años también se evidenció que no todos los candidatos le dan lo mismo.
11. Timing perfecto
Como buen y exitoso exponente de quienes aterrizaron en la política desde otro ámbito, Scioli es un envidiable intuitivo de los humores sociales. "Él entiende a la gente y la gente lo entiende a él", afirma Julio Bárbaro, peronista mítico y actual consejero del gobernador. Se trata de una sensibilidad que, jura Bárbaro, no abunda entre los políticos con trayectorias más tradicionales.
12. Lo que hay
Pensando en las elecciones de 2015, es su atributo más básico y su hándicap principal: la falta de candidatos alternativos. Con CFK imposibilitada de una nueva relección (y sin otros aspirantes kirchneristas a la vista), con Macri encerrado y reducido a líder municipal, ante una UCR empequeñecida y sin candidatos de peso, Scioli encabeza la lista de los presidenciables peronistas. ¿Existen hombres más formados e interesantes, más audaces y carismáticos? Seguro. Pero también es probable que esos hombres no se presenten a elecciones.
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