Claudia Vázquez Haro La llamada “maratón gay” que se realizó hace dos semanas en el programa Showmatch, donde Marcelo Tinelli hacía una competencia con otros participantes de de su programa disfrazados con tacos y pelucas, trajo críticas propositivas y pedidos de reflexión.
La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), mediante una carta abierta, sostenía que ese tipo de performances “refuerzan estereotipos, lesionan la dignidad y promueven prácticas discriminatorias”. En el programa del pasado martes la palabra “gay” desapareció y el productor de Ideas del Sur lo presentó solo como “maratón con tacos”.
Para tratar de entender la puesta en escena de Tinelli respecto a la “maratón gay” hay que dividirlo en dos partes. Por un lado situarlo en un contexto, donde se ha conseguido ampliación de derechos como el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género, observamos cómo opera la industria cultural mediante una lógica de mercado, donde se trivializa y banaliza estas conquistas de derechos, convirtiéndolos en un producto listo para ser vendido a la audiencia. Así asistimos desde los medios de comunicación a una especie de barbarie mediática y de desconocimiento de las luchas reivindicatorias que el colectivo LGBT lleva adelante durante años de olvido, discriminación y violencia sistemática de sus derechos humanos. Es decir los medios minimizan la cuestión profundamente política, reduciéndolo al humor, la burla, la ridiculización y el chiste fácil. Queda claro, en este caso, que al dueño de la productora Ideas del Sur no le interesa reivindicar los derechos de las personas más vulneradas de sociedad civil como lo son Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, sino que lo único que le interesa es el famoso rating.
Por otro lado es la muestra clara de seguir potenciando un discurso hegemónico, no olvidemos que en su mayoría los medios de comunicación respecto a las temáticas de géneros y sexualidades reproducen ideologías dominantes, basadas en la heteronormatividad. Es decir la enseñanza que tenemos desde chicos de cómo ser hombres y mujeres en términos de genitalidad.
Es por eso que darle una explicación simplista de la puesta en escena de Tinelli, sobre su llamada “maratón gay” aludiendo que solo pasa por una cuestión lúdica es dejar de lado la producción de sentido que este “jueguito” esconde, que va desde reforzar los “estereotipos válidos” de nuestra sociedad, perpetuando el status quo heterosexual, hasta la reproducción de la discriminación.
En ese sentido “el humor” ha sido una herramienta que ha contribuido con las prácticas discriminatorias, Sin ánimos de ser extremistas, sino todo lo contrario, hay que acompañar estos avances jurídicos, con la llamada batalla cultural que lleva más tiempo transformar, es decir revisar nuestras viejas prácticas, que lo encontramos desde lo más simple como en “el humor” hasta situaciones más complejas.
El semiólogo Eliseo Verón sostiene que todos los discursos están cargados de ideología, desde una revista femenina hasta un discurso político. Una pregunta qué subyace sería: ¿Por qué no existen chistes donde se los ridiculice a los heterosexuales? La respuesta es clara: nuestras sociedades han sido creadas por y para heterosexuales. Entonces la otredad ocupa el lugar de la desvalorización, lo que se puede ridiculizar y ser objeto de constantes burlas. Entonces la puesta en escena de Tinelli no es nada azarosa, si no que tiene un profundo sentido ideológico –político.
Si analizamos el título “maratón gay” observamos que en la puesta en escena el conductor y los participantes se visten con pelucas y tacos. En este sentido se desconoce la existencia de la diversidad sexo-genérica, porque no es lo mismo ser gay, que una persona trans, es decir da por sentado que todo es lo mismo. Desconoce por un lado los diferentes tipos de masculinidades y por el otro confunde a las trans como una versión ampliada de ser gay. Es decir, refuerza el estereotipo que ronda en el imaginario social de asociar a los gays con la hiperfeminidad y por el otro que las feminidades trans, son hombres vestidos de mujeres. Así se desconoce la construcción de las identidades, como el resultado de las prácticas cotidianas que los sujetos llevan adelante mediante el Habitus en un determinado contexto histórico social y cultural.
La carta abierta de la FALGBT sobre las críticas a la “Maratón gay” fue tildada por algunos periodistas de exagerada, mientras que para el observatorio de Comunicación Genero y Diversidad con Perspectiva en Derechos Humanos de la facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP no fue desmesurada, sino todo lo contrario: era una crítica propositiva donde le hacían saber al conductor el sentido que produce esta performance donde había actitudes que no hacen más que reforzar estereotipos arraigados en la sociedad y lo invitaban a ser protagonista del cambio cultural necesario para hacer realidad la igualdad lograda en la legislación.
Es decir cuando hablamos de cuestiones basadas en derechos humanos no es válida la teoría de las dos campanas la que pretende mediante el imperativo de obtener una información más ecuánime posible contraponer y darle el mismo valor a un enunciado discriminatorio con uno que este reclamando derechos. Es decir no podemos poner al mismo nivel de la balanza, por ejemplo, por un lado a una Madre de Plaza de Mayo y en el otro el discurso de un represor. En las cuestiones de las identidades y las sexualidades pasaría lo mismo.
En conclusión tanto el programa de Tinelli, como en los otros donde se ridiculiza a las personas LGBT lo que buscan además del rating, es precisamente fortalecer los estereotipos dominantes, independientemente del juego o del divertimento, porque va justamente a lo más profundo de las ideas de una la sociedad que sienta sus raíces en una concepción de mundo reduccionista y conservadora.
(*) Directora del Observatorio de Comunicación Género y Diversidad con Perspectiva en Derechos Humanos de La Facultad de Periodismo y Comunicación Social-UNLP