“Me gusta tomar los sentimientos de la gente”

05.08.2012 | 22.06 Comentar   |   FacebookTwitter

Sara Facio
Entrevistas / 

Sara Facio captó la esencia de personalidades de diferentes ámbitos. Su presente lejos de la cámara y el recuerdo de su compañera María Elena Walsh. Las anécdotas de sus mejores fotografías, que se podrán ver hasta fines de agosto en el Centro Cultural Recoleta.

Por Mariana Merlo Fotos: Gustavo Correa y Sara Facio 

"Sara Facio. Fotografías”. No necesita otro título más que ése. Su nombre y una sola palabra que resuma su trabajo, su vida. Así se llama la muestra que se apropió de la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, que se podrá visitar hasta el 26 de agosto. No hace falta más que evocar su nombre para saber que el recorrido incluirá fotos de Cortázar, García Márquez, Tita Merello, Sabato, María Luisa Bemberg, las figuras más importantes de la cultura de las décadas del ’60 y ’70, principalmente, muchas de ellas con las que mantuvo entrañables amistades y vivió anécdotas que seguramente nunca contará.

Sara nació en 1932 en San Isidro en el seno de una familia bastante liberal para una época en la que era raro que una chica anduviera sola en bicicleta por la calle. “Se veía con mal ojo que una nena fuera tan varonera”, explica entre risas como quien dice algo absurdo. “Era otra forma de vida, y que algunos criticaban. Incluso la propia familia criticó a mis padres por haberme dejado ir a Europa sola a los 22 años. Pero yo le agradezco a mis padres esa libertad”. Fue justamente durante ese viaje en el que decidió cambiar la pintura por la fotografía. “Vi la fotografía como un medio de expresión. Vi una exposición de fotografías como nunca había visto antes, retratos que no solamente mostraban un personaje, un escritor con la biblioteca atrás o un pintor con el pincel en la mano. Esas reflexiones para una chica joven, a la que le gustaba la vida, la calle, el contacto con la gente, como era yo, me atrajeron mucho más que estar en un atelier sola, horas, tratando de buscar una línea perfecta”.

–La mayoría de los grandes escritores de una época posaron frente a su lente…

–(Interrumpe.) Por lo menos los que a mí me gustan (risas).

–Cuál es el encanto que le encontró a fotografiar escritores?

–Mucha gente en ese momento me preguntaba: “Vos que sabés pintura y conocés a todos los pintores, ¿por qué no hacés fotos de pintores?”, y mi respuesta era: “Porque es más fácil”. Tenés toda la escenografía hecha, todo lo que rodea a un pintor es estético, por más mal fotógrafa que seas vas a sacar una buena foto. Como mínimo, correcta. En cambio con un escritor, ¿cómo hacés? Con Borges, por ejemplo, que ni te ve, ni te mira, ni le importa. ¿Cómo hacés una foto de Borges?

–Entonces fue una búsqueda de desafío, como todo en su vida.

–Claro. Era diferente. Lo mismo cuando hice la muerte de Perón. Yo que no era peronista. Fui a hacerlo para ver qué pasaba, para ver si era verdad que la gente lo quería tanto. Y ahí lo vi, y creo que lo transmití.

– ¿Y qué cree que transmiten sus fotografías hoy, 30 y 40 años después de haberlas hecho?

–Mi idea es que las fotos no sean solamente unas hermosas imágenes, o que den una idea de una realidad embellecida. Me interesa que tengan un contenido mucho más sentimental, más humano. Que trascienda algo –si es un retrato– de lo que es ese personaje. Me gusta sacar la inteligencia, sacar el dolor, me interesa eso. Tomar, más que la realidad palpable, los sentimientos de la gente. Hay muchos fotógrafos que tienen la intención que yo te digo, de volcar su “yo” a lo que está haciendo. No solamente el fotógrafo. Cualquier artista: un pintor, un músico, siempre quiere transmitir su más íntimo sentimiento y su obra.

–Siempre dice que tiene muchas cosas para hacer y poco tiempo. Ya no hace fotos, ¿en qué proyectos invierte su tiempo entonces?

–Por suerte estoy muy requerida para libros, curaciones, conferencias. Hay algunos ofrecimientos muy tentadores. Algunos haré, pero primero está lo mío, tengo mis prioridades, y después lo de los otros. Basta de los otros. Pienso que tengo poco tiempo.

–Lo dice con tranquilidad…

–Es que veo que de mi generación me estoy quedando sola. Y los que están, están medio idos. Empezamos a hablar y se dan esas charlas de “¿te acordás esa película? ¿cómo se llamaba? Es con ese actor que trabajaba en esa otra…”. Yo siempre luché contra eso. En mi casa, vos sabrás que vivía con María Elena (Walsh), cualquier laguna de ésas terminaba en el diccionario (risas). Eso te hace estar ágil. Es no dejarte caer en las lagunas que hacen la edad.

Compañía perfecta. Sara no hace más fotos desde 2005. Como consecuencia de un tropezón, se cayó y se quebró ambas muñecas. Fue durante un viaje junto con María Elena Walsh, su pareja por más de 30 años, quien la definió en su libro “Fantasmas en el parque” como “santa Sarita”. “Sara no tiene nada de hermana. Es mi gran amor que no se desgasta, sino que se convierte en compañía perfecta”, escribió Walsh.

Sara y María Elena se habían conocido a mediados de la década del ’50 pero su relación no había pasado de una charla de café. Fue diez años después que se reencontraron cuando la autora de “El reino del revés” iba a debutar en el teatro Regina. “La gente del teatro me pidió que le hiciera unas fotos. Ahí, en seguida, nos hicimos muy amigas porque recordamos que nos habíamos conocido en París años atrás –recuerda Facio-. Y seguimos una amistad muy grande, muy profunda, hasta que se fue. Es una persona compleja, irremplazable. Todo lo que decía, era como si lo tocara con una varita mágica y vos lo veías de otra forma”. No lo dice con nostalgia, ni con congoja contenida, pero luego de responder qué es lo que más extraña de ella, incentivará al fotógrafo a que comience con su tarea para, así, terminar la nota. “Todo extraño”. Y sonríe.
Twitter
30