Roberto "Tito" Cossa En la madrugada del 6 de agosto de 1981 un atentado destruyó parcialmente el Teatro del Picadero, una sala de teatro independiente ubicada en el ex pasaje Rauch (hoy Enrique Santos Discépolo) a una cuadra de Corrientes y Callao. Había sido inaugurada hacía menos de un año, con un diseño moderno, para unos 300 espectadores y equipada al mejor nivel. La sala había sido construida por Guadalupe Noble, hija del conocido creador del diario Clarín, para dedicarla al teatro de arte. En poco tiempo había logrado un reconocido prestigio.
No era la primera vez que se atentaba contra un teatro. Ya en la época de la colonia una bengala incendió La Ranchería, el único teatro que funcionaba en Buenos Aires y que no era bien visto por la Iglesia. Descendientes de aquellos fundamentalistas destruyeron el Teatro Argentino, una hermosa sala que nunca se recuperó en la calle Bartolomé Mitre. En ese teatro se estrenaba Jesucristo Superstar, una ingenua mirada sobre el hijo de Dios apoyada en música de rock. Un sacrilegio para aquellos años.
Pero, ¿cuál era el motivo para atacar al Teatro del Picadero? Una semana antes se había iniciado en esa sala el ciclo Teatro Abierto, un proyecto nacido de los dramaturgos cansados de la censura y el aislamiento. Uno de ellos, Osvaldo Dragún, dijo "salgamos todos juntos para demostrar que existimos".
Así fue como se escribieron 21 obras breves para que, de a tres por jornada, se repitieran durante ocho semanas. Un ciclo con escasas perspectivas de reunir mucho público: el horario de las funciones era el de las 6 de la tarde, en una sala de la periferia.
Nadie previó lo que iba a ocurrir. Los más importantes directores, uno para cada obra, aceptaron ser de la partida. Y más de 100 actores se sumaron con entusiasmo, desde figuras populares a estudiantes de teatro. Y cuando se dijo "hagamos ensayos generales para un grupo de amigos", desde el primer momento la sala estuvo repleta y quedaba gente en la calle.
Ahí nos dimos cuenta de que no estábamos ante un hecho artístico sino ante un acto de resistencia política. Todos se dieron cuenta del sentido que tenía el ciclo. Y quienes más lo detectaron fueron los militares. Y golpearon.
Lo que no esperaba la jauría era la reacción que provocaría el atentado. En principio, la nuestra. La decisión de seguir con el ciclo. Y la del medio cultural. Más de 20 empresarios y administradores nos ofrecieron sus salas para continuar con Teatro Abierto. Elegimos la más imprevisible, el Tabarís, la catedral del teatro frívolo. Y un homenaje a su empresario Carlos A. Petit, que aceptó el riesgo.
El ciclo, escondido en una sala periférica se proyectó a plena calle Corrientes, en un espacio con el doble de espectadores. Más de 100 pintores nos donaron obras para que pudiéramos recuperar los gastos que había ocasionado el atentado. En poco tiempo se creó Danza Abierta, Poesía Abierta, Cine Abierto.
Las colas que desde el mediodía se formaban frente al Teatro Tabarís dimensionaron el fenómeno que llegó a la gente de todos los niveles. Y Teatro Abierto se proyectó hacia los dos años subsiguientes, hasta el regreso de la democracia.
Con el tiempo, Teatro Abierto fue considerado como el mayor acto de resistencia cultural colectiva a la dictadura. No fue el único. Reconozco otros dos frentes: los recitales de rock y las revistas de humor. Pero Teatro Abierto, por la fuerza y el nivel de sus integrantes, por sus buenos espectáculos adquirió mayor resonancia. Y el atentado lo convirtió en un hecho épico.
Aún hoy, más de 30 años después, Teatro Abierto sigue despertando el interés de estudiosos e investigadores, argentinos y extranjeros. Sólo este año recibí personalmente, por separado, a cuatro investigadoras, dos de Francia, una de Italia y una de España, jóvenes universitarias que ni habían nacido cuando se realizó Teatro Abierto. Es más, nacieron muchos años después y a 10 mil kilómetros de distancia. Todas ellas preparaban sus tesis sobre ese fenómeno que ocurrió en Buenos Aires.
Y como dijo una de ellas "los indignados europeos de hoy deberían copiar la experiencia".