Hoy es mi día

13.08.2012 | 00.53 Comentar   |   FacebookTwitter

Abril Dispenza
Sociedad /  Abril recibió un trasplante de corazón cuando tenía 16 meses. en 2004 Su caso conmocionó al país. hoy festeja el día del niño con la felicidad de su familia. Además, las historias de Lautaro y Luz Milagros, que siguen luchando en una fecha especial.
Por Denise Tempone – Fotos: Gustavo Pascaner

Abril se acomoda su larga melena castaña detrás de las orejas. Sus uñas lucen colores furiosos: fucsia y violeta, intercalados por dedos, que hacen perfecto juego con su campera rosa chicle algo brillante. Con voz suave dice que no se acuerda de nada de lo que le pasó cuando era chiquita, como si hoy fuera grande. Asegura que será grande en tres años, cuando comience el secundario: ahora tiene 10. Dice también que le gustaría tener un vivero, porque ama las plantas. Abril habla como una mujercita y aunque no se siente diferente a los otros, sabe que su primer tiempo de vida fue especial.

Ella es Abril Dispenza, la bebita de 16 meses que tuvo en vilo al país cuando entró en emergencia nacional a la espera de un transplante de corazón en 2004. Estaba afectada desde hacía cinco meses por un adenovirus que le provocó una lesión cardíaca y su vida pendía de un hilo. No son pocos los que recuerdan la desesperación con que su mamá Carolina y su papá Sergio, acudieron a los medios de comunicación. ¿Cómo ayudarlos? Eso mismo se preguntó el entonces presidente Néstor Kirchner cuando decidió dejar entrar en su despacho a Sergio, en ese momento un padre desesperado, que se había acercado espontáneamente a la Casa Rosada para preguntarle a la policía si lo dejaban hablar con el Presidente. El drama recién comenzaba. “Todavía no habíamos ido a los medios, recién empezábamos lo que sería revolver cielo y tierra para encontrar ese corazón”, explica aún con tristeza. “‘Lo que vos necesitás, yo no lo tengo’, me dijo él con sinceridad. Yo estaba desesperado, entonces le pedí que me ayudara como pudiera. No sé cómo me animé a hacer eso pero su ayuda fue fundamental para que el tema saliera en todos los medios del país, fue un impulso impagable”, resume hoy sobre su encuentro con Kirchner.

Pronto, Abril se convirtió en un tema nacional, y la cuestión del transplante se volvió parte de la agenda argentina. Es difícil medir lo que sirvió esa campaña para concientizar a las personas sobre la importancia de la donación de órganos, pero en lo concreto, fue esa difusión la que le permitió a Abril salvar su vida.

Donante. A punto de partir de viaje a Santiago del Estero junto con su mujer y sus dos hijas, Enrique, excombatiente de Malvinas, miró el noticiero y sintió una profunda tristeza por esa nena que necesitaba un corazón y que tenía la misma edad que su hija Ayelen. Jamás se imaginó que pocas horas después él mismo sería su salvador cuando aceptaría donar el corazón de Ayelen, recién fallecida junto a su hermanita y su mamá en un trágico accidente de tránsito que sufrieron en ese viaje a Santiago. Aunque el Incucai intentó evitar que el encuentro entre el donante y el receptor se diera (es parte del protocolo evitarlo, para que ambas partes puedan elaborar sus situaciones de manera individual), el caso de Abril fue tan resonante que finalmente Enrique conoció a la beba y pudo contarle esta historia a Sergio, quien hoy lo considera, además de un amigo, “un segundo padre de mi hija”.

Lo agridulce de la historia impregna el aire cada vez que Sergio o Abril hablan del tema, no se expresa alegría ante semejante dolor. “Todos festejan el día de su transplante como un cumpleaños -dice Abril-, pero yo no, porque es un día triste para Enrique”. Ella recibe la visita de Enrique con asiduidad y los Dispenza le agradecen cada día su increíble gesto de nobleza en medio de la tragedia. “Sé que él siente que una parte de su hija vive en Abril y me alivia pensar que a él le hace bien verla crecer feliz”, resume.

Y vaya que Abril crece. Y lo hace a pasos agigantados y como una nena absolutamente común que hoy puede festejar el Día del Niño. Lo único que ella lamenta es no poder hacer natación con sus amigas en la pileta climatizada, la cual de explicaron, crea un medio demasiado amigable para el desarrollo de gérmenes y bacterias. De todas formas, sí puede sumergirse en la Pelopincho de su casa y en las piletas de las casas quintas de amigos, puede pasar largas jornadas en la plaza, ir al colegio y jugar horas con sus hermanos. “Hago de todo”, dice pensativa, mientras repasa una lista de actividades en la que no encuentra limitación. “En el colegio estudio como todos y me tratan como cualquier otro, lo único que por ahí me veo diferente por esto” dice, y muestra la cicatriz que le quedó en el tórax y la boca del estomago. “Igual con el tiempo se va a ir borrando”, revela feliz, antes de partir junto a sus hermanos, el futuro futbolista Nicolás (12) y la beba Nila de paseo por el shopping del barrio.
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