Argentinos en el Cirque

02.09.2012 | 18.01 Comentar   |   FacebookTwitter
Cultura /  Cuatro compatriotas forman parte de las compañías del gran circo canadiense, que vuelve a Buenos Aires el 8 de septiembre con “Varekai”. 7 Días habló con estos artistas, que destacan el orgullo de pertenecer y comparten sus valiosas experiencias.
Por Melisa Miranda Castro - Fotos: Gentileza Cirque Du Soleil

Mercedes Hernández está nerviosa, o mejor dicho, ansiosa. No va a ser la primera vez que se enfrente al público porteño, pero sí la primera vez que lo haga como miembro del Cirque du Soleil. “La clown” porteña es una de los cuatro argentinos que andan dando vueltas por el mundo en shows de la compañía canadiense. Pero es la única que forma parte del staff de Varekai, que el 8 de septiembre debutará en Buenos Aires.

“Desde que me enteré que la gira iba a pasar por Buenos Aires esperé ansiosa este momento. Es muy emocionante poder compartir esta experiencia que viví estos últimos años y reencontrarme con el público argentino me llena de orgullo y alegría”, declara Hernández a 7 Días. La payasa interpreta a la asistente de un mago que pone todo su esfuerzo en cumplir su rol lo mejor posible, pero sólo logra destacarse por su torpeza, sensualidad y simpatía. “Esta fórmula le permite encantar al público de una forma diferente a la esperada, pero con mucha calidez y energía”, cuenta. Su llegada al Cirque du Soleil se convirtió en una gran anécdota para contar. Ella no estaba buscando formar parte, pero su compañero del dúo que hacía mandó un video, y a los directores los cautivó el desempeño de Mercedes, así que la llamaron para hacer un casting en Buenos Aires. “Me emocionó mucho y ya en ese momento implicó un gran aprendizaje para mí, ya que si el Cirque du Soleil se estaba fijando en mí, significaba que tenía que creer y confiar en mí”, asegura.

Compatriotas. Mercedes no es la única representante que tiene la Argentina en la compañía canadiense, el espectáculo Dralion conglomera tres artistas del país. El show fusiona tres mil años de tradición china, en una trama donde los cuatro elementos que gobiernan el orden natural adquieren forma humana. Cristian Zabala tiene un rol predominante, su personaje es “L’Ame Force” y es la fuerza que une a los cuatro elementos (agua, tierra, aire y fuego), es una especie de chamán que lo sabe todo y está en todos lados. Zabala hizo un largo camino para ingresar, pero ya lleva una década en la compañía. En 1999, mientras estudiaba canto como contratenor y hacía el musical My Fair Lady, un amigo le dijo que cantaba igual que un artista del Cirque du Soleil, así que lo filmó y le regaló el casete. Zabala mandó material año tras año, hasta que en 2002 lo convocaron, pero como acróbata y sólo por cuatro meses.

En 2003 tuvo su revancha y se incorporó a “Alegría” y estuvo ahí cuatro años, fue el primer hombre en cantar en ese espectáculo. Luego pasó a Dralion como teaser cantante y llegó a reemplazar a dos artistas. Después estuvo en Quidam como bailarín y con esa obra llegó a Buenos Aires, “la experiencia fue alucinante”, recuerda a 7 DÍAS. Dos años después volvió a Dralion, pero como cantante principal. “Hoy estoy en el show y muy contento luego de tanta idas y venidas”, dice. Facundo Giménez y Cachi Bratoz también integran este show con estética oriental. Ambos son clowns, Bratoz interpreta a Vicente, que es un tano bruto, mandamás pero de buen corazón, que dirige a los payasos. Giménez hace de “Giovanni”, un simpático y travieso clown, que se las ingenia para resolver problemas con las cosas que guarda en su gabardina.

Para Giménez, formar parte del Cirque du Soleil es un sueño cumplido, desde chico coleccionaba los videos, la música, los posters, todo lo relacionado a la compañía circense. Sus papás eran bailarines y a los 9 años se pintó por primera vez la cara de payaso. Pero recién en 2006, mientras estaba de gira en México accedió a las audiciones, donde compitió con más de 120 payasos, actores, mimos, comediantes, de los que sólo quedaron cinco. A los pocos días le ofrecieron un papel principal en el show Wintuk para hacer en el Madison Square Garden de Nueva York, ahí estuvo desde 2010 hasta el año pasado que ingresó a Dralion. “¿Qué gané al entrar al Cirque du Soleil? Reconocimiento y experiencia. Desde que pertenezco a la compañía siento que gané más reconocimiento profesional de la gente. También renuncié a estar con mis seres queridos. Por el hecho de que la agenda en una gira es muy apretada, no queda mucho tiempo para estar con la familia o amigos”, cuenta Giménez.

Cachi Bratoz coincide en que trabajar en el Cirque da experiencia. Además de estabilidad económica y la posibilidad de conocer el mundo. “A lo que tuve que renunciar a estar en ‘mi lugar en el mundo’ que es mi casa en Vicente López. Y un poco también a los afectos locales; aunque, con esfuerzo, he podido mantenerlos bastante vivos. Por suerte logré que Tamara, mi mujer, pueda acompañarme gran parte del camino. Eso me ayudó muchísimo”, relata Bratoz que en 2000 la gente del Cirque lo vio en un espectáculo que estaba haciendo en Buenos Aires e ingresó en la categoría de “artistas potenciales”, hasta 2004 cuando lo llamaron para ofrecerle trabajo. “Pasé cuatro años sentado al lado del teléfono”, dice.

Intercambio. Una parte de integrar esta compañía es compartir con culturas muy diferentes. “Toma tiempo adaptarse pero hoy puedo decir que soy yo mismo, sin ningún problema. Al final del día somos todos iguales, chinos, rusos, canadienses, americanos, australianos, brasileños, todos queremos ser felices, hacer lo que nos gusta, darle duro e ir a descansar al final del día”, afirma Cristian Zabala. Eso sí, logró aunque sea contagiar una costumbre del teatro argentino a sus compañeros que es dar una palmada en la cola ante de salir a escena. De los demás aprendió un poco de ruso y de francés. “Aprendí a beber vino bueno con mi pareja que es australiano, Sean McKeown, y él prefiere el vino argentino ¡mirá que loco!”, comenta Zabala.

Mercedes Hernández de Varekai también logró “argentinizar” a sus compañeros en algunas formas de hablar, en la manera de hacer chistes, en la amistad, el intercambio de música y en el fútbol. “Muchos admiran a nuestros jugadores”, dice. Facundo Giménez coincide con que el fútbol y la música son puntos en común para compartir. También les inculcó el mate a sus compañeros y el “Che”, que describe como una costumbre difícil de despegarse y fácil de compartir. “Ellos me han contagiado muchas cosas como: el sushi, la música funk o su idioma. Creo que después de tanto tiempo de no estar en tu país, tus gustos se hacen más amplios e internacionales”, asegura. Cachi Bratoz, en cambio, aprendió a insultar y a pedir cerveza en un bar en 20 idiomas diferentes. También les enseñó a los rusos a insultar en porteño. “El trabajar en un elenco cosmopolita es parte de lo que gané al entrar a la compañía, ya que aprendí mucho de las diferentes culturas. Disfruto mucho el aprender cachitos de otros idiomas y formas de trabajar de cada uno. Y también aprendí mucho de nuestra idiosincrasia, al ver nuestra cultura a la distancia y verla a través de los ojos de mis compañeros”, concluye Mercedes.

Hay algo en lo que todos coinciden y es que lo que más se extraña es la familia, los afectos y la amistad a la argentina y la energía de la gente. Los tres artistas de Dralion han logrado hacer una relación muy estrecha, estando lejos del país. Pero todo lo que tuvieron que dejar, valió la pena para formar parte de esta compañía y cumplir sus sueños. “Estoy muy orgulloso de haber tomado este riesgo que es súper grande, dejar el país, la familia, los afectos, por mi sueño. Y de haber aprendido que es posible ser yo mismo donde quiera que vaya”, confiesa Cristian Zabala. Su compañero Cachi Bratoz también siente orgullo y felicidad por estar haciendo el trabajo ideal. “Es muy gratificante el saber que el Cirque du Soleil ha girado la cabeza hacia el sur, para ver qué es lo que nosotros estamos haciendo, y que les guste”, reconoce. Facundo Giménez también se siente honrado con el lugar que ocupa: “Es un orgullo muy grande el representar a mi país en el mejor circo del mundo. Significa una responsabilidad y esfuerzo de mantener tu nivel al máximo día a día y dar el ejemplo a otros argentinos de que si eres constante y peleas por algo lo puedes conseguir”, declara. Mientras tanto, Mercedes Hernández tendrá un poco del calor de hogar durante las próximas semanas, cuando juegue de local en las funciones de Varekai. Los dos primeros ítems a cumplir son ver una obra de teatro independiente y pedir un helado de dulce de leche granizado.
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