La tentación re-re

07.09.2012 | 16.28 Comentar   |   FacebookTwitter
Política / 

En el coqueteo con la reforma constitucional se evidencia el gran déficit de la década kirchnerista: la falta de figuras alternativas de peso.

Por Andrés Fidanza

Los locutores de las radios informan que Cristina Fernández de Kirchner sonrió. Con el pip, pip, piiiiip de cada media hora, pero sin la posibilidad de un audio que certifique el dato, los informativos de las AM le dan rango político al gesto. Y así lo hacen porque no se trató de una sonrisa cualquiera, una de las que la presidenta regala en automático después de cada acto. Se la dedicó, esta vez y tras una cadena nacional desde Tecnópolis, a su movilero favorito de CQC, y fue su única respuesta a la pregunta del momento: "¿Presidenta, presidenta, reelección sí o reelección no?". Y con eso ya alcanzó para habilitar un análisis político algo grueso sobre el lenguaje corporal y las microexpresiones presidenciales, vinculadas a un supuesto deseo íntimo de reformar la constitución e ir por un histórico tercer mandato. Una idea que, aunque ni CFK ni su primera línea de voceros lo haya confirmado, flota inquietamente en el aire. Mientras los intelectuales de Carta Abierta envuelven el objetivo de la "rerre" en una necesidad de reforma más amplia y menos antipática para el humor social, en la vereda de la oposición, radicales, macristas y sociales se mezclan y unifican en un mantra pasivo agresivo: una especie de "no pasarán" principista que bien podría serle redituable en la parlamentaria de 2013, así como en 2009 capitalizó el descontento post pelea campestre. Y mientras sonríe, CFK avala por default este jugueteo público de gobernar hasta 2019. Y si bien expone su imagen a un desgaste prematuro (a cuatro años de la presidencial y ¡a sólo ocho meses de haber asumido!), la presidenta compensa ese riesgo emitiendo dos statements patronales y peronistas: deja bien en claro quién es la que manda en la coalición de gobierno, y subraya el concepto de que, en 2015, el candidato será ella o el que ella elija.

¿Se captó el mensaje de CFK? Por supuesto, para algo la política una disciplina cargada de tiempos muertos y con una vasta cultura de intriga y especulación. Y lo más importante, lo decodificó quien prácticamente inspiró el flirteo kirchnerista con la "rerre": Daniel Scioli, el dirigente que "está con nosotros pero no es de los nuestros", como decía Lenin sobre Trotsky, y hoy quizás podría repetir Gabriel Mariotto aludiendo al gobernador.

Porque superada la reciente y traumática cadena de eventos: declaración pública sciolista de ambiciones presidenciales propias-desencuentros contables con la Casa Rosada-problemas para pagar los aguinaldos bonaerenses, Scioli ajustó su discurso a la correlación de fuerzas real. "Soy claro y enfático en reiterar que en la eventualidad de que hubiera una reforma constitucional, la Presidenta, como siempre, contará con mi apoyo", enunció. Una estrategia de la moderación que de ninguna manera lo deja afuera de la carrera por el 2015: según una encuesta de Ipsos-Mora y Araujo, Scioli tiene un 54% de imagen positiva, sólo detrás del 61% de CFK, y muy por encima del 39% de Hermes Binner y el 33% de Mauricio Macri.

Y si hoy fueran las presidenciales, y no corriera el enorme asterisco de la prohibición constitucional, CFK obtendría más del 50% de los votos, según esa misma encuesta. Los demás aspirantes a la sucesión, los de probada lealtad ideológica cristinista, los ministros Juan Manuel Abal Medina, Florencio Randazzo y Amado Boudou, y hasta un recién llegado Axel Kicillof, miden poco y se los desconoce mucho. Un combo desolador que sólo entusiasma por vía del antecedente mítico de Dilma Rousseff: cuando Lula eligió como candidata a su ex ministra de Energía y ex jefa de Gabinete, la actual mandataria de Brasil medía poco más de 5%.

Pero el ascenso a lo Dilma no tiene garantía de equivalencia en la Argentina; y el cuadro actual no da para ilusionarse con una continuidad ordenada y de sesgo kirchnerista, ante la "amenaza" electoral de un Scioli a prueba de balas. Sobre todo, para el ala más izquierdista y académica del oficialismo; el que, con su mero apoyo, le pone un sello de calidad progresista a lo que vino desde 2003. Un subgrupo que, a diferencia de actores peronistas con mayor capacidad de adaptación, es incapaz de redireccionar su libido hacia el sciolismo y, por lo tanto, es el colectivo más explícito y autónomo en la promoción de la "rerre".

En un paralelo con la interpretación canónica de la revolución francesa, los intelectuales de Carta Abierta explican que para encarar los cambios económicos y sociales que se vienen es imprescindible un "tuneo" de las instituciones. El kirchnerismo, que hasta ahora fue un proceso avant la lettre, necesita una constitución que esté a su altura transformadora. En concreto, que contemple nuevas formas de propiedad, la diversidad lingüística, el cuidado del ambiente, la salud como derecho inalienable, el dominio estatal de los recursos naturales y hasta formas más directas de representación pública. Y de paso, que habilite un nuevo mandato para Cristina Kirchner, única o máxima garante de la profundización del modelo.

"Cualquier proceso de transformación de la relación de fuerzas no puede verificarse sin una reforma en las instituciones", explica el filósofo Ernesto Laclau, quien ya había afirmado a Newsweek que "el régimen democrático no se pone en riesgo con la reelección indefinida". Para Laclau, el valor de la democracia pasa por la ampliación de derechos antes que por un ejercicio abstracto de la alternancia.

En la última reunión de Carta Abierta, cuyo apoteótico concepto central se tituló "La Diferencia", la socióloga y docente de la UBA María Pía López fue más explícita con los nombres propios: "Porque este proyecto político no puede ser continuado por personas como Scioli y porque hasta el momento no ha surgido un candidato alternativo, podemos discutir todo lo que queramos acerca de la necesidad de las reformas legales, las transformaciones sociales, etcétera, pero creo que hay que ser muy claro en la necesaria defensa de la cláusula reeleccionista".

Así, en el speech reformista más sincero se evidencia el gran déficit de la década kirchnerista: a pesar de haber sido un movimiento sorprendente y audaz, no promovió cuadros de peso o referencias políticas con perfil propio. Y al contrario, con un estilo híperconcentrado, por momentos desactivó los liderazgos alternativos al de Néstor y de Cristina.

"Siempre es mejor que los procesos se sostengan en cuerpos colegiados y no en una sola persona", concede el diputado kirchnerista Carlos Raimundi, pero aclara que "no es fácil formar liderazgos en procesos conflictivos, ni es sencillo ignorar un liderazgo como el de Cristina".

Si pretende las mayorías necesarias para modificar la Constitución (dos tercios del Congreso), el kirchnerismo necesita ganar las parlamentarias del 2013 por más del 40%. Y que, además, ese 40% se componga de diputados y senadores que, llegada la hora incómoda de votar la reelección indefinida, no defeccionen o se asocien a otra rama del PJ. Un objetivo difícil pero no imposible. El probable mejoramiento en la economía macro puede beneficiar al gobierno: la recuperación de Brasil y la menor necesidad de acumular dólares para pagar deuda, calculan en el oficialismo, redituará el domingo electoral de 2013.

Y si bien la argumentación a favor de la reelección indefinida es naturalmente antipática, se consiguen ejemplos históricos para envalentonar a los kirchneristas: Francia, Alemania, Italia, España, Suiza y Dinamarca, entre otros, la permiten, aunque se trata de democracias largamente constituidas y sistemas parlamentaristas que relativizan el poder del Ejecutivo. En cambio, la oposición sacará a relucir otros dos ejemplos: Cuba y Venezuela.

Pero para comparaciones espinosas, es un clásico la del PJ kirchnerista con la del PRI mexicano, que gobernó 70 años consecutivos. Para el politólogo Vicente Palermo, "en ambos casos se intenta controlar el gobierno y además el acceso al gobierno", explica. ¿Consecuencias? Una alta propensión a la corrupción de parte del presidente y la casta que lo rodea, según este intelectual liberal y súper crítico del gobierno.

Para 2015, de todas formas, falta demasiado incluso para la vívida imaginación de los políticos. Y si bien CFK nunca rechazó la posibilidad (y que se sepa, tampoco en privado), y más bien sonrió para la cámara cuando se lo sugirieron, toda su retórica de segundo mandato estuvo cruzada por el concepto del trasvasamiento generacional. Una promesa que acompañó materialmente con cargos y bancas para los militantes de La Cámpora y demás out siders al elenco estable del PJ.

En un exceso de psicologismo, su vocación institucionalista y hasta cierta mayor permeabilidad a las críticas de los otros (a menudo, Néstor ni siquiera se molestaba en contestarlas) también refutan la hipótesis de que vaya por la "rerre". El año que viene, en la mitad de su segundo mandato, las legislativas marcarán la viabilidad política del intento de reforma. Mientras, ya sea verdad o leyenda el proyecto de reforma, el dejar decir de CFK tiene un doble efecto real: descentra a los adversarios externos (Macri) e internos (Scioli), y refuerza su propio poder y liderazgo. Así, de mínima, la presidenta intentará llegar a 2015 con el título de gran electora nacional.

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