Es un propósito firme, no una estrategia

07.09.2012 | 16.18 Comentar   |   FacebookTwitter
Política / 

Las Legislativas del año próximo dirimirán la viabilidad del proyecto de reforma.

Por Rosendo Fraga

Hay dos visiones respecto a la intención del oficialismo en la búsqueda de la Reforma de la Constitución Nacional para permitir un tercer mandato consecutivo de Cristina Kirchner.

La primera, es que se trata sólo de una estrategia para evitar que la discusión de la sucesión antes de cumplirse un año de gobierno –como inició meses atrás el gobernador bonaerense Daniel Scioli– licue el poder de la Presidenta antes de tiempo.

La segunda, es que la iniciativa apunta no sólo a permitir la permanencia en el gobierno durante décadas del kirchnerismo -cada vez más derivado en cristinismo-, sino también a modificar el modelo tradicional establecido en la Constitución Nacional de 1853.

El escenario probable es que será la elección legislativa de octubre del año próximo la que hará viable o no el propósito de reformar la Constitución, del mismo modo que la de 1993 fue la llave que permitió a Carlos Menem hacerlo dos décadas atrás.

Si bien nada es imposible en política, hoy no parece probable que se adelanten las elecciones como en 2009, porque la economía de 2013 posiblemente será mejor que la del año en curso, sobre todo respecto a la de este segundo semestre.

Que se obtengan los dos tercios en las dos cámaras del Congreso de la Nación para convocar la reforma antes de esa elección, de manera de hacer en forma conjunta la elección legislativa y la de constituyentes, es posible pero no parece fácil por ahora.

En consecuencia, lo más probable es que será la elección legislativa de 2013, la que hará posible o no la reforma de la Constitución. En mi opinión, se trata más de un propósito firme del cristinismo que de una mera estrategia para ganar tiempo.

La elección legislativa de octubre del año próximo debería ser políticamente casi irrelevante: se renueva el tercio del Senado electo en 2007, cuando el oficialismo ganó claramente, y la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación electa en 2009, en la cual fue derrotado. Así que el año próximo, aún en un escenario de derrota, el oficialismo no perdería bancas.

Sin embargo, esa elección se transforma en el hecho político que hará viable o no la reforma de la Constitución. Además de permitir un tercer mandato consecutivo de la Presidenta, se esperanzan voces del kirchnerismo, se modificarán sus lineamientos para hacer "irreversibles" los cambios que se están implementando.

Los postulados del Movimiento para la Nueva Constitución Emancipadora –una coalición que integran desde el líder piquetero Luis D´Elía hasta el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni– así como el último documento de Carta Abierta muestran la definida intención de realizar una reforma profunda, que vaya más allá de permitir un mandato más de la Presidenta.

Dos décadas atrás, la Constitución fue reformada para hacer posible un segundo mandato consecutivo de Menem. La elección previa a la presidencial, en 1993, fue la llave política que la permitió. Entonces el oficialismo obtuvo el 43% de los votos y con esa victoria clara, el entonces Presidente logró negociar con un sector de la oposición, liderado por Raúl Alfonsín, los dos tercios de ambas cámaras requeridos para convocar la reforma.

Con este antecedente, puede conjeturarse que si bien el kirchnerismo necesitaría acercarse al 50% en la elección del año próximo para lograr los dos tercios, si alcanza un porcentaje que ronde el 43% probablemente podría negociar los legisladores que le falten, siempre que la oposición se mantenga dividida y desarticulada.

Puesto en esta perspectiva, la elección del año próximo no sólo puede definir si Cristina Kirchner podrá o no presentarse para un tercer mandato consecutivo en 2015, sino también un cambio del modelo constitucional, que perdurará por décadas y ello sin dudas es más trascendente.

Un Código Civil, como el que se está reformando ahora, mañana puede ser modificado por el Congreso por mayoría simple. En cambio, para cambiar la Constitución, además de contar con dos tercios de ambas cámaras del Congreso de la Nación, se requiere ganar luego la elección de constituyentes y lograr que la asamblea que integren apruebe las reformas pretendidas.

A lo largo del siglo XX, la Constitución sólo fue modificada en tres oportunidades a las que puede agregarse una enmienda realizada por un gobierno de facto.

Si bien en despachos oficiales no se descarta ninguna alternativa, como negociar los dos tercios antes de la elección y realizarla adelantada en forma conjunta con la de constituyentes, la elección legislativa de 2013 parece ser la prueba de fuego de la viabilidad de esta reforma.


Fraga es Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

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